

La cómplice mirada los delata,
aunque no aclare si en tiempos pasados
fueron amantes, novios o casados.
Poco importa ya si nada los ata.
Son el pausado amor que vence al tiempo,
el que no atiende ni a chismes ni a muros,
el que rehúye los sermones puros,
y el que nunca lleva el paso a destiempo.
¿Quién ha de entrar en esa fortaleza
única que ambos construyeron hecha
de penumbra, de caricias y besos?
¿Quién se atreverá a juzgar con bajeza
que eran un amor de cama deshecha,
de pared ciega e instantes inconfesos?
David Galán Parro
17 de julio de 2026