
Urde la lana y teje y desteje hilo
demorando en sus manos el sudario
¿qué guarda en el pecho la hija de Icario
que hará de la tela implacable filo?
Habita en esa trama rencorosa,
la memoria, la espera y la esperanza,
¿sabrá que en ella ya asoma la lanza
de la mano que le busca amorosa?
Rigen la rueca sus hábiles manos…
¿o también la suerte del extraviado?
¿Acaso son sus motivos arcanos
ese algo libre de dioses, el Hado?
Creo que sí: el odio, la fe y el deseo
dictan el nombre fatal: Odiseo.
David Galán Parro
10 de agosto de 2026