Abre la puerta, mujer

Abre la puerta, mujer, y haz que nada

sea extraño a tu viaje. Escucha caras,

paladea el aire y observa las raras

lenguas: marida así el mundo, embargada.

Olvida tu nombre y los cuentos muertos

que te clavaron a la prisa o al tedio;

escapa de ese prefijado asedio

que es el hogar con sus lugares ciertos.

No fuiste concebida para planes

de otros, ni para darles cuenta de ello

¿Qué exigen entonces de ti en la espera

si eres carne, quemazón y destello?

Vuela, no te demoren sus desmanes;

vuela, que el sol te pertenece aunque hiera.

David Galán Parro

30 de agosto de 2026

Despedida

Odres y sacos van en la almadía.

El viento apremia al timón y a la vela.

Es hora de trazar la nueva estela;

de abandonarse a donde marche el día.

La patria añorada no ha concedido

que el amor por ella anide en su pecho;

llora ella con piedad y sin despecho,

llora él —aún cautivo— agradecido.

En el abrazo sellan la renuncia:

el hombre decidió ser aún hombre;

la ninfa, no atarlo al tálamo oscuro.

Él habrá de perdonarla en el duro

viaje que le dará el brío y le anuncia

el hijo, la esposa, el hogar y el nombre.

David Galán Parro

19 de agosto de 2026

El Hado

Urde la lana y teje y desteje hilo

demorando en sus manos el sudario

¿qué guarda en el pecho la hija de Icario

que hará de la tela implacable filo?

Habita en esa trama rencorosa,

la memoria, la espera y la esperanza,

¿sabrá que en ella ya asoma la lanza

de la mano que le busca amorosa?

Rigen la rueca sus hábiles manos…

¿o también la suerte del extraviado?

¿Acaso son sus motivos arcanos

ese algo libre de dioses, el Hado?

Creo que sí: el odio, la fe y el deseo

dictan el nombre fatal: Odiseo.

David Galán Parro

10 de agosto de 2026

El otro río

a Arnón López Marrero

No eres ya ese río del Griego Oscuro

que hallé en los versos de un poeta ciego;

no eres vano humo en mi espíritu lego,

ni huella sin pie, ni sombra al sol sin muro.

Vuelvo de sentir tus aguas heladas,

de caminar tu lecho claro o incierto;

te he visto en el remanso hacerte el muerto

y en los meandros, un fragor de espadas.

Los trillados artificios de mi arte

han mancillado tu sencillo nombre;

anhelo ser al vivirte ya ese otro hombre

más real que te busque y pueda amarte.

Así ha de fluir al fin todo en mi entraña.

No quiero ser remedo, voz que engaña.

David Galán Parro

6 de agosto de 2026

Del lodo, estas rimas

Apártate de mí, negra carroña,

no me vengas a ensuciar el camino;

no hables sobre cuál será mi destino

si bajo tu lengua escondes la roña.

Ahora ando ingobernable y salvaje

como una riada en estrecha quebrada;

soy el dueño de mi agua liberada;  

soy el caudal y el cauce en maridaje.

Viniste a mí creyéndote montaña,

creyéndote dique contra mi fuerza,

olvidando que las antiguas cimas

yacen bajo el pescador y su caña.

Nada queda ya que me arredre y tuerza.

Nada que impida del lodo, estas rimas.

David Galán Parro

5 de julio de 2026

El pozo

Durante años, secas rodando en mi cara

y adentro, manando como en un pozo,

así eran mis lágrimas, muerto el gozo,

así al fondo iban por que yo te amara.

Mi pecho empozado lento crecía,

ahogando al corazón resignado,

pues solo de ti era necesitado…

¡Fue duro no tenerte cada día!

Te reclamé a gritos en el desierto

más tu voz acudía sin tu presencia:

eras el fantasma de mi impaciencia

arrastrándose en un camino muerto.

No volverás. Oigo el goteo incesante.

Queda la noche, el insomnio, el instante.

David Galán Parro

30 de junio de 2026

Poesía urgente

(El siguiente soneto fue creado a partir del poema en verso libre «El mundo que te sobreviviría». Tuve que mantener dentro de los límites formales que impone el soneto el contenido temático de dicho poema. Se perdieron algunos matices en favor de ese ajuste, pero el ejercicio me llevó a la creación de otro poema que se siente independiente del que sirve de punto de partida.)

Confieso, amor: tuve que preparar

minuciosamente la despedida;

a ello me obligué dando por perdida

toda esperanza cual náufrago en mar.

Me di a la conversación distraída;

pedí la llegada de otras mujeres;

me abandoné a tristes atardeceres

y mendigué en cada niño, la vida.

Así quería fabricarme el mundo

que en silencio te sobreviviría,

devastando todo dolor profundo,

sepultándote tenaz cada día.

Me equivoqué. Me creí un dios ingente:

dueles hoy como poesía urgente.

David Galán Parro

13 de julio de 2026

El mundo que te sobreviviría

Confieso, amor, que estuve preparando 

minuciosamente la despedida.

Me obligaba para ello

a pensar en otras mujeres;

a escuchar en las conversaciones casuales otras historias;

a contemplar la pureza de los niños en la calle;

a abandonarme en el mar muy lejos de la orilla y de las multitudes;

y luego a reducirlo todo 

al número del día que avistaba la pérdida irremediable. 

Así quise fabricar el mundo que te sobreviviría,

con la precipitación de un dios primerizo que improvisa;

un mundo en el que ahogar sin piedad mi dolor postrero;

un mundo con el que sepultarte sin remisión.

Pero me equivoqué: nada de lo que llegó sirvió para aliviarme.

Ahora sólo tengo tardes pobladas de urgentes poemas.

David Galán Parro

12 de julio de 2026

Los cómplices

Fotografías: Marina García Cáceres

La cómplice mirada los delata,

aunque no aclare si en tiempos pasados

fueron amantes, novios o casados.

Poco importa ya si nada los ata.

Son el pausado amor que vence al tiempo,

el que no atiende ni a chismes ni a muros,

el que rehúye los sermones puros,

y el que nunca lleva el paso a destiempo.

¿Quién ha de entrar en esa fortaleza

única que ambos construyeron hecha

de penumbra, de caricias y besos?

¿Quién se atreverá a juzgar con bajeza

que eran un amor de cama deshecha,

de pared ciega e instantes inconfesos?

David Galán Parro

17 de julio de 2026

Lo sé

Lo sé. He jugado al amor y he perdido.

Fui manantial y ahora soy desierto.

Me pesa en el pecho un pájaro muerto.

Dí más de lo que me fue concedido.

Lo sé: quería así ser digno y noble,

y que el postigo diera primaveras;

más solo acudieron aguas austeras…

lo sé: la lluvia aviva o mata al roble.

¿Quién me hace creer ahora que el cielo

se volverá generoso algún día?

¿Quién que este ardor caminará entre el hielo

y que esta esperanza será porfía?

Lo sé: soy esa ruda cosa nacida

del prodigio de la carne, la vida.

David Galán Parro

29 de junio de 2026