Despedida

Odres y sacos van en la almadía.

El viento apremia al timón y a la vela.

Es hora de trazar la nueva estela;

de abandonarse a donde marche el día.

La patria añorada no ha concedido

que el amor por ella anide en su pecho;

llora ella con piedad y sin despecho,

llora él —aún cautivo— agradecido.

En el abrazo sellan la renuncia:

el hombre decidió ser aún hombre;

la ninfa, no atarlo al tálamo oscuro.

Él habrá de perdonarla en el duro

viaje que le dará el brío y ya anuncia

el hijo, la esposa, el hogar y el nombre.

David Galán Parro

19 de agosto de 2026

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