
El fuego nos descubrió Prometeo
robándolo a Zeus con sagaz justicia;
y una hermosa mujer y su malicia
nos trajo luego, ingenuo, Epimeteo.
Es tiempo de revisar cuenta ahora,
de reparar tal castigo divino:
no es la infamia nuestro eterno destino,
ni sufrir por la jarra de Pandora.
Fuimos para ustedes, un servil juego;
una fecha incierta para el alivio;
los hijos de la atrapada Esperanza;
un caminar torpe a palo de ciego.
No diremos: «¡Hora de la venganza!»
¡No! Pero ya sí, la de no ser tibio.
David Galán Parro
16 de mayo de 2026