Algunas reflexiones sobre Los Mimos de Herondas (1)

Los Mimos del poeta griego Herondas eran pequeñas obras teatrales en las que mediante un diálogo en tono cómico se recreaban historias de carácter realista para representar la vida cotidiana de la Antigua Grecia. Sus personajes eran todos hombres y mujeres y no aparecían mezclados con ellos, los dioses como agentes activos de la trama —si se me permite la broma: ocupados en sus asuntos divinos y sin interferir para nada en la vida terrenal—. Esto parece reflejar que los autores que debieron asumir este género, en parte transgresor, trasladaron el foco de interés desde lo divino hacia lo humano sin descreer de los dioses y porque les interesaban más los conflictos terrenales de hombres y mujeres que los divinos. Preconizaban quizás sin saberlo una literatura más humanista, en tanto que el elemento divino quedaba reducido a la creencia o al acervo en la mente de sus personajes y el ser humano, convertido en el centro de interés. En este sentido, el mimo representa quizás la primera incursión de la literatura en lo mundano, en los asuntos cotidianos de la sociedad; la búsqueda en ese ámbito de los temas y las contradicciones humanos universales; y por ello también, el arranque de la literatura más apegada al ser social del individuo.

En el plano de la psicología individual, los personajes de los Mimos —generalmente hombres y mujeres libres— se debaten entre su entereza o debilidad moral, defienden sus intereses, manifiestan sus preocupaciones, sus alegrías y sus expectativas frente al futuro, y hacen gala sin avergonzarse mucho de sus limitaciones y sus miedos. 

En el plano de la psicología social, los Mimos documentan indirectamente cómo las diferencias de clase de la época eran determinantes en el modo de relacionarse. 

En El mercader de doncellas un extranjero pobre que regenta un burdel debe hacer valer sus derechos ante el tribunal de la ciudad, contra otro extranjero, rico y comerciante, que lo ha perjudicado agrediendo a una de sus doncellas. En este mimo se dota al protagonista de un fuerte carácter y se le representa luchando por su dignidad y reputación. En cambio en Las mujeres en el templo de Asklepios, en Las dos amigas y en La celosa la condición de esclavo —condición por debajo de la extranjería— se representa en su realidad más vejatoria y sufrida.

Y en este mismo plano, también nos presentan la situación de la mujer de entonces —de hecho la mayoría de los personajes centrales de los mimos son mujeres que se desenvuelven junto con sus esclavos en el ámbito exclusivamente doméstico— y de cómo esta situación determinaba también su comportamiento privado y público. En Las dos amigas se explícita las limitaciones de la época para con la mujer en cuanto a la represión sexual a la que estaban sometidas: una mujer va a visitar a una amiga porque quiere saber qué artesano zapatero le ha elaborado el juguete sexual —denominado boubon— para hacerse ella con uno. El juguete en cuestión tiene forma de falo y suponemos que es de madera, revestido de cuero suave como lana, lo cual hace la delicia de la amiga visitada que habla así en detrimento de los hombres: «Los hombres, aquí entre nosotras, no alcanzan nunca una rigidez así». Pese al tono cómico, no deja de traslucir la insatisfacción que había entre las mujeres casadas: la infidelidad de la mujer era un asunto duramente castigado y el mercado negro superaba con el boubon las insatisfacciones que procuraba la prohibición. 

En todo momento hay algo que no aparece reflejado en los Mimos sobre la psicología social de la época y que indica el estado incipiente de las contradicciones: la autoconciencia de sufrir una desventaja en derechos no como miembro de clase o género, sino como individuo. En ese sentido, todos los comportamientos que aparecen en las historias enfrentan y resuelven la injusticia social en el plano individual, dado que dicha injusticia se presenta como una fuerza superior que doblega al individuo.

Leer estos clásicos siempre es instructivo: nos da la perspectiva histórica con la que valorar a qué distancia nos encontramos de la emancipación humana plena.

David Galán Parro

21 de junio de 2026

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