
Madre, ya pronto vuelve a por mí el perro
de la noche. Aquel perro que Guayota
liberó de Echeyde que brama y brota.
Vuelve con su aliento de frío hierro.
Oh madre, canta y haz de tu voz serena,
un cálido nudo en mi breve pecho.
No me dejes sola, madre, en el lecho
cuando en el sueño venga el Tibicena.
No temeré su aullido en la espesura,
ni en las cuevas, la brasa de sus ojos,
si tu firme arrullo el odio conjura,
haciendo del Tibicena despojos.
Vayamos así, madre, mano a mano,
sin que aprese el perro el tiempo lejano.
David Galán Parro
27 de mayo de 2026