Una ardilla construía su madriguera porque se avecinaba el invierno. Un cuervo que estaba subido a la rama de un árbol le dijo:
-He oído decir que eres una excelente constructora de hogares ¿Por qué no me ayudas a construir mi nido aquí en lo alto? Quiero que sea el nido más espacioso y cómodo del bosque, y creo que sólo contigo puedo hacerlo. Muchas ramas secas necesitaré para ello. Luego podrás decir que fuiste parte creadora de esta construcción única en todo el lugar.
Oyó estos elogios la ardilla y sintiéndose complacida se prestó a subir y a bajar por el tronco para acercarle al cuervo ramitas secas con las que hacer el nido.
Así estuvo varios días ayudándole sin descansar de manera que cuando llegó el invierno aquel nido único quedó a tiempo terminado, no así su propia madriguera.
Entonces la ardilla viendo que iba a ser mucho el frío, le pidió al cuervo refugiarse en el nido construido por ambos; el cuervo le dijo:
-Muy abnegadamente me has ayudado, amiga, y muy agradecido te estoy por ello. No obstante este nido no es adecuado para un animal tan pesado como tú, y aunque cabríamos los dos en él, no puedo por dicho motivo acogerte. Lo siento.
A los pocos días de estar sin refugio la ardilla murió de frío.
No te ciegues con los elogios que te dediquen los demás hasta el punto de perder de vista tus propios intereses.
David Galán Parro
12 de diciembre de 2023