
¿A dónde fue la vida que no tuve,
la que se hartó de su escondida espera,
la que intentó mi dicha verdadera
la que era aguacero, no mansa nube?
¿A dónde la mujer única e intensa,
la que hace germinar de un beso todo
—la luz, la sangre, el fuego, el cielo, el lodo—,
la que ha de golpearme cuando piensa?
¿A dónde el hijo que tuve con ella?
¿Habrá ido a Pilos o Esparta en mi busca
o quizá el terror aún lo reduzca
a ser el niño que me hace querella?
Lo que no fue exige su despedida:
es la renuncia dura ley de vida.
David Galán Parro
5 de julio de 2026