Los ojos que verán

¡Al fin quien me empequeñece y me aplasta para acogerme en el regazo de su amor universal!

¡Al fin quien arroja mi dolor, gota miserable, al océano infinito del tiempo y el espacio sin desprecio!

De primeras su voz me llega críptica y por ello pretendo descifrar bajo las letras una poderosa significación en el ínfimo espacio de un poema.

Me equivoco. Vana es mi pretensión. El tonto mira al sabio dedo, negándose la visión de la luna.

Tú me iluminas lo existente sensible, con sus formas evanescentes,  grandiosas y pequeñas, llenas de eidolones, y me pides que las ame pese al terror que nos trae el vivir.

Tú, me prometes lo existente abstracto, eidolones, formas perennes modeladas por las formas evanescentes y me pides que las ame pese al terror que nos trae el morir.

¡Al fin quien nos impele a la audacia!

Navego en el críptico mar de tu lenguaje sobre olas que se aproximan desde eones insondables. 

No serán estos los ojos que alcancen la sangre y la carne de tu palabra, Walt Whitman; serán otros, no míos, los que en un futuro volviendo a desempolvar este libro, único y digno superviviente de la destrucción venidera, alcancen a vislumbrar el hermanamiento definitivo entre tu palabra y el orbe.

6 de marzo de 2023

David Galán Parro

NOTA: Texto basado en el poema de Walt Whitman «Eidolones»

El accidente numerado

Es tu cumpleaños, amor, una fecha que no importa, un número sin más, rememorando el accidente que no estuvo de tu mano y que inicia la cantidad finita de vueltas que diste orbitando alrededor del Sol. El cuándo y el porqué de aquel accidente de ti no emanan.

Es tu cumpleaños una cosa que no te representa.

Yo no celebro lo accidental: si la enfermedad o el hambre no te llevaron a destiempo; si las rigurosas leyes del hado no se cebaron sobre ti para hacerte presa de la desgracia. 

No.

Yo celebro lo que emana de ti, las decisiones y actos que te definen en ese número de vueltas que apuran tu viaje ahora por mi compartido; celebro el pasado que no he podido ver pero entreveo: cómo pese al miedo te levantaste del polvo en la derrota y cómo después te surgieron las poderosas alas que ahora te elevan. Yo celebro tu vuelo.

No me oirás en el coro de voces que te felicitan. Las veo frente a ti, espectáculo hermoso, como público domesticado, obligado a batir palmas por lo que dicta la indiferente costumbre. ¿Qué te felicitan? ¿Por qué lo hacen si no quieren conocerte? ¿Para su tranquilidad moral? ¿Para suplir la falta de arrojo y de compromiso real contigo? Aplausos desde el burladero, desde la retaguardia, los llamo yo.

No soy cómo ellos.

Yo me arranco al ruedo. Yo asalto los muros de tu fortaleza. Yo me aventuro hacia el centro inexpugnable de ese laberinto de espejos que te multiplica y te esconde, para desnudarte y tocar tu imagen de sangre, carne y huesos. 

Yo atravesaré la gruta para tumbar al dragón dormido y liberarte. Mi corazón palpitante es la carnaza con la que le daré muerte. 

Yo, hacia la comprensión absoluta de ti, como la humanidad entera en su firme laboriosidad hacia el dominio del universo.

25 de febrero de 2023

David Galán Parro

Cartas a escritores 1: A Yolanda Delgado Batista

Estimada Yolanda:

Acabo de leer de tu libro Antes de arrojarse al mar, la señora Brown fue a misa el relato «Cuando una tortuga y Primo Levi me salvaron» y quería darte mis sensaciones y mis impresiones. No he podido evitar escribirte precipitadamente: he hecho dos lecturas de él y quiero releerlo más. Siento para mí de más utilidad una relectura que avanzar en el libro.

¡Qué hermosos personajes, madre e hijo! ¡Cuánto amor entre ellos, soterrado y contenido! ¡Qué escena final tan intensa en la que eclosiona todo! Se siente ese amor buceando en las circunstancias adversas que cercan a la protagonista. ¡Una heroína de la dureza cotidiana y tan universal su posición de persona en la cuerda floja, de persona que orilla la marginalidad! Y siempre en lo enternecedor y a la vez estremecedor. Al principio sentí que el relato iba a la deriva en esa sucesión de hechos aparentemente intrascendentes y domésticos que no sabía hacia dónde apuntaban pero que se acumulaban silenciosos para alcanzar la entrañable e intensa escena final. Perdona que estuviera mi modesto ojo analítico en esto, aunque fui recompensado con creces. Algo sí me sucedía mientras leía: podía sentir en todo momento esas sombras de soledad, de abandono, de resignación (o más bien de esperanza), de rebeldía, que acompañan en todo momento a la protagonista y que la hacen expresarse en un tono alejado de la amargura y de la autocompasión; en un tono rebelde, alejado de la impostura de la realidad edulcorada, la cual encara y desenmascara como la realidad descarnada que es.

Los temas principales que se me antojan: la soledad, la incomunicación, la necesidad de amar y ser amados,… 

Como temas secundarios pero necesarios para construir los temas principales: la brecha generacional, el desprecio social, el miedo a la marginalidad,…

Dos cuestiones técnicas que me encantaron:

1) Una hermosa autoreferencia al relato dentro del relato que introduces de forma magistral y original en la escena del encuentro final entre madre e hijo. El relato que escribe la protagonista dentro de la historia es el que lee el lector en el momento presente. Nos enteramos con esta autoreferencia. Aparece así entre la historia narrada y el lector un puente uniendo el acto de escritura del relato que leemos con el acto de su lectura presente y sitúas al lector dentro del mismo relato, como sabedor de que el relato que aparece en la escena es el relato que contiene la misma escena. Hecho este que nos hace cómplices de la protagonista frente al hijo, que desconoce nuestra relación como lectores con la protagonista. Muy acertado colocar esta autoreferencia en la escena cúlmen para hacerla más vívida.

2) Y luego la manera de intercalar referencias a la Literatura y a la Pintura que, por una parte, refuerzan y unifican los temas principales del relato y por otra, hacen referencia a los intereses intelectuales de la protagonista permitiéndonos conocerla en su dimensión intelectual.

Muchas gracias Yolanda por este hermoso, intenso y entrañable relato  lleno de verdad y experiencia del que creo puedo aprender mucho.

Un relato que une vida, dolor y Literatura.

David Galán Parro

20 de febrero

NOTA: Un extracto del cuento se encuentra aquí.

Cambios en el orden sintáctico 1

«Ella y yo en el descampado árido de vida que se desbordaba hacia el mar con sus rocas negras de fuego extinto.» (Lugares testigo, David Galán Parro)

1

«Ella y yo, en el descampado árido de vida que se desbordaba hacia el mar con sus negras (*) rocas de fuego extinto»

(*) El adjetivo al ir delante del sustantivo le resta la fuerza de su aparición. Los sustantivos, descampado, mar, rocas y fuego son los que hacen referencia directa al lugar de la escena y por eso son importantes para la representación del lugar.

2

«En el descampado (*) árido de vida que se desbordaba hacia el mar con sus rocas negras de fuego extinto, ella y yo»

(*) El elemento subjetivo, los personajes aparecen al final de la oración. El elemento subjetivo es más importante que el elemento objetivo, el lugar. Lo objetivo se subordina a lo subjetivo. Lo subjetivo es lo principal. Esta forma de la oración contraviene este principio.

(**) Se omite el verbo «estar» de alguna forma implícito en la preposición inicial de la oración.

3

«Árido de vida, (*) el descampado que nos acogía se desbordaba hacia el mar con sus negras rocas de fuego extinto (**)»

(*) Se pone en primer plano un atributo del descampado: Árido de vida.

(**) Ahora una parte del lugar (el descampado) se hace sujeto de la acción y los personajes (ella y yo), y otra parte del lugar (el mar) son los receptores de la acción del sujeto: acoger y desbordar.

12 de febrero de 2022

David Galán Parro

Lugares testigo

Árido de vida, el descampado que nos acogía se desbordaba hacia el mar con sus negras rocas de fuego extinto. Tras la montaña se rendían las últimas luces acariciando con su lánguido oro el paraje terroso a nuestro alrededor.

¡Cuántas horas de soledad contemplando las piedras perladas por la maresía! A eso me acostumbré desde niño y al sonido de un viento salobre como única voz compañera de mi caminar errabundo por lugares de polvo, tierra y más tierra.

Ahora ella a mi lado. Su voz, su mirada, sus pequeñas manos, su respiración llegando para colmar ese vacío de antaño al que me resigné. 

En lo remoto de aquel lugar hecho de mar y rocas, el momento se me antojaba como un eco íntimo de otros ya vividos y la presencia de ella como algo develado que anduvo tras esa trama confusa de pasos que ha sido mi vida hasta ahora. 

El mundo, ella y yo: la terna indestructible se cerraba bajo la piel del crepúsculo decreciente.

Yo le regalé aquel descampado yermo que le hablaba del oscuro hombre solitario que se arrancaba de mi.

¿De qué me hablarán sus lugares?

Aún no los he visto y sin embargo ya me llaman a su encuentro para revivir a la cándida niña que no me adivinaba, para descifrar a la mujer intrépida que hoy me busca y me salva.

11 de febrero

David Galán Parro

Lo imperfectamente nominado

Juntos los dos, de forma única lo hemos creado y sin embargo no somos únicos, ni más veraces que otros por ello. Es lo imperfectamente nominado. Es la misma hazaña que ensayan millones que se buscan en el misterio compartido. Yo estoy contigo cuando no le concedes espacio al engreimiento de ciertas ideas románticas que nos quieren hacer creer exclusivos.

No obstante me empeño en aproximarme a lo que hemos creado, cercándolo, asediándolo con tercas palabras que perseveran en malabarismos estéticos ¡Qué inútil pretensión la mía! Es parirlas y ya las veo cómo confraternizan y se conjuran para petrificar esto que flota incomprensible, audaz y libre en el aire de cuchillos negros y flores tiernas que solo respiramos tú y yo, sus creadores. 

Desde sus jaulas nos contemplan con terror aquellos que agotan sus mustias vidas anodinas.

Lo imperfectamente nominado rehuye estas indignas palabras que pronuncio para insuflarme valor. Ellas caen al vacío y dibujan un espejo deformado que se complace en devolverme una imagen falaz de mi pobre pericia amatoria ¡Cómo me engaño para ser merecedor de tu sangre y de tus horas! 

Frente a ti me pavoneo y mis rancias plumas las miras con indulgencia porque de algún modo sabes que lo imperfectamente nominado siempre quedará a salvo de la pretenciosa literatura.

2 de febrero

David Galán Parro

El momento insospechado

El tiempo solo pasa para cumplir el momento en el que habitan las formas elementales de palabra, beso y caricia. Hacia él viajo y en él estas formas se amalgaman para definir la otra, inefable, íntima, secreta y anhelada, que las contiene.

En ese punto de tiempo fulminante me esperas corpórea; en ese ínfimo punto perdido que la vastedad de los ciclos eternos de planetas y estrellas aplasta.

En el lapso de tiempo que a él me lleva, todo me agrede: la luz del cielo insulta mis ojos que te buscan haciendo inequívoca tu ausencia; los sonidos mundanos demoran el remanso de tu voz; el aire preñado de cuchillos profana mis pulmones; una suerte de fiebre trepida por mi pecho ansiando tus manos; y mis músculos se crispan extenuados reproduciendo una y otra vez sus rancias enseñanzas adquiridas…

Es la molienda de mi cuerpo vívido traspasado por ti, suspendido en el atroz intervalo que te precede y anuncia.

¿No andará pidiendo mi cuerpo con ese estado rebasar la última frontera irreversible para encontrarse con tu pura forma infinita?

¿No será ese el momento perfecto e insospechado hacia el que viajo?

29 de enero de 2023

David Galán Parro

El veneno del escorpión

Regresé con el odio aferrado al corazón para consumar mi venganza.

Por los siglos de los siglos gracias, Crueldad Humana, por instruirme…

Aquí las cuerdas que aprisionarán tus muñecas cuando implores en vano clemencia. 

Aquí la estaca que horadará tu bajo vientre lleno de heces. 

Aquí el ácido que te salpicará el rostro perfecto hasta lo irreconocible.

Aquí el cuchillo que abrirá las bocas que vomiten tu sangre última.

Aquí la gasolina que prenderá hasta hacer de ti una aullante llama retorcida. 

Aquí, el costal de esparto que colmaré con tu carne calcinada y algunas piedras; aquí, las ciénagas por las que arrastraré su pétrea pesantez; aquí, el abismo de puente y aguas oscuras que lo engullirá hacia el lecho ciego del río.

Hasta aquí también, estas fraudulentas palabras que ansias venenosas en mi para que ellas me aten y me empalen y me desfiguren y me rajen y me quemen y  me abismen y me pierdan para siempre.

Y sin embargo, es falsa la vieja creencia: el escorpión nunca se inmola con lo que crees para él y es para ti, veneno.

22 de enero de 2023

David Galán Parro