Respuesta a «Esclavizante complacencia»

Respuesta a Esclavizante complacencia

Acabo de ver una serie en Netflix cuyo título creo que es «Marinero en guerra». Al final concluye que las personas que han sufrido una situación límite, desgarradora, estresante y duradera necesitan un tiempo de adaptación para incorporarse de nuevo a la vida diaria y conseguir la estabilidad emocional; incluso, pueden quedar marcados para el resto de su vida. A esta categoría pertenecen también las personas que han padecido una relación de dominio durante largo tiempo. Por ejemplo, aquellas mujeres que han sufrido el maltrato machista o la relación de dominio que han padecido algunas personas en el ámbito de las sectas religiosas.

Así, el texto es el reflejo de una sumisión ya padecida pero cuyas consecuencias aún perduran y aún siguen manifestándose en el curso de las relaciones personales.

 Tiene, a mi modo de entender, cierto punto reaccionario. Pensar que el culpable es la persona dominada y no el dominador. Como en el caso de las mujeres maltratadas que llegan a pensar que son ellas las merecedoras del maltrato. El culpable es quien asedia, aprieta y ahoga. El máximo exponente de la sumisión es darle la vuelta a la relación en el sentido que la víctima se presenta como culpable. Y eso sucede cuando la sumisión deviene en complacencia.

A mi entender el texto también refleja la contradicción entre la libertad deseada que aporta la audacia y la tiranía del que ejerce la relación de dominio y que se manifiesta en la complacencia del dominado.

Remedio: Lucha, vida, alegría, fuerza, egoísmo, valentía, decisión, rebelión, resistencia, desobediencia, fortalecimiento del yo, independencia, libertad. Pero que sin ello suponga negar el amor de aquellos que te quieren, la ayuda que te ofrecen aquellos que defienden tu autoconstrucción libre y personal, y que la pérdida de ingenuidad no dé lugar a desconfiar de las personas que te rodean.

Y por encima de cualquier pregunta existencialista: vida, vida y más vida.

Ramón Galán González

6 de abril de 2023

Esclavizante complacencia

Estoy hastiado de los consejos ajenos, aquellos que no pido y que acepto falsamente por complacencia. 

«¿Por qué ellos tan solícitos en el auxilio?» me susurra la suspicacia.

Quiero creer que son ellos los que me asedian, me aprietan y me ahogan, pero es la complacencia quien dicta sumisión: en mi, este viejo equívoco de que es de la luna la luz de la luna. El miedo a no ser amado, a perder mis pocas amistades ciertas, a no contar entre y para las multitudes si reniego de esos consejos, colman el viejo vaso de esta esclavizante complacencia mía.

Ya empiezo a desdibujarme de nuevo, ya se me borra la voz, ya flaquea el yo quiero, ya se difumina el horizonte, ya se ciega el corazón: No me encuentro, me abandono, me pierdo.

Otra vez de vuelta las viejas preguntas: ¿Qué soy? ¿Qué quiero? ¿A dónde voy?

¡Sálvame de este miedo atroz a sentirme desnortado a la luz del día y a confesármelo en mitad de la noche…! 

¡Sálvame, Audacia…!

David Galán Parro

15 de marzo de 2023

El repudio

Cuando las horas se volvían un precipicio de soledad sin asidero posible; 

cuando la desesperanza devoraba las ruinas de las certezas destruidas;

cuando el amor que imponía condiciones y expectativas interesadas se desenmascaraba y mostraba sus más atroces facciones;

cuando el repudio a mi libre decisión era bilis tragada y escupida como ignominia a mi cara; 

cuando se disolvía la consistencia de tantas manos amigas que se decían  amigas;

cuando un antiguo coro de voces con sus lenguas venenosas se alzaba cobarde haciendo piña para no ser sospechoso de disidencia; 

cuando el futuro se me antojaba un paraje yermo que se extendía discontinuo hacia la oscuridad perpetua;

cuando todo yo era una boca que se comía a dentelladas a sí misma;

y cuando todo esto estaba y solo esto era todo…

Tú pusiste a tiempo tu fuerza y tu pensamiento, padre.

David Galán Parro

2 de abril de 2023

Amistad dispareja

Tú, amigo, mi entrañable amigo, traspuesta en ti la media centuria ¿Cómo decirte que el amor tiene razones tan hermosas que sólo las palabras mudas no ensucian? ¿Cómo decirte que te quiero desde esta barrera levantada por los caminos disparejos que hasta que aquí nos han traído? ¿Cómo podrás entender que cada pensamiento tuyo, cada sentimiento, lo hago mío, lo traigo, no como esqueje transplantado sino como simiente, a mi jardín particular y allí la riego y abono y dejo que florezca y eché formas multicolores que acaso te parezcan extrañas y no comprendas?

Tu inmenso corazón caliente semeja la violenta boca de un volcán: Escupe sus abrasadores materiales, lacera, destruye a su paso, pero para moldear y recomponer generosamente la orografía, para crear nuevos territorios, nuevas sendas por las que poder caminar si ese (me dices humildemente) es mi deseo.

Gracias, mi entrañable amigo, por ponerme delante con tu devastadora fuerza los infinitos caminos que se abren hacia las costas del azul inconmensurable, hacia el mar que falsos dioses morales me arrebataron. 

Yo, siempre seré para ti el leal marinero que viajará con tu nombre grabado en el pecho aunque me convierta a tus ojos en un inapreciable punto abstracto en el horizonte.

David Galán Parro

1 de abril de 2023

Cuestión de método: Lo poco es mucho

Hoy he vuelto a leer el párrafo con que inicia Edmund Husserl el capítulo primero de sus “Investigaciones Lógicas”. Recuerdo que este párrafo fue, en su día, objeto de estudio y trabajo por parte de Francisco Umpiérrez en el seno del CEKAM. Hoy quiero traerlo aquí. Trabajarlo de nuevo. Hacerme con las distintas categorías que están contenidas en apenas diez renglones. Establecer relaciones entre ellas. Hacer mío el contenido y expresarlo con mis palabras. Mi intención es resaltar el método de estudio empleado, así como las ideas contenidas en el texto y dirigidas a los artistas.

Dice Edmund Husserl:

Enséñanos la experiencia cotidiana que la maestría con que un artista maneja sus materiales y con el juicio decidido, y con frecuencia seguro, con que aprecia las obras de su arte, sólo por excepción se basan en un conocimiento teorético de sus leyes que prescriben el curso de las actividades prácticas su dirección y orden y determinan a la vez los criterios valorativos con arreglo a los cuales debe apreciarse la perfección o imperfección de la obra realizada. El artista profesional no es por lo regular el que puede dar justa cuenta de los principios de su arte. El artista no crea según principio, ni valora según principios. Al crear, sigue el movimiento interior de sus facultades armónicamente cultivadas, y al juzgar, sigue su tacto y sentimiento artístico, finamente desarrollado.”

Comienzo leyendo el texto varias veces. De esta manera, consigo tener una primera aproximación a la totalidad del contenido. A continuación procedo a trocear el texto y darle otra expresión sintáctica. A modo de ejemplo:

Dice Edmund Husserl: “Enséñanos la experiencia cotidiana que la maestría con que un artista maneja sus materiales y con el juicio decidido, y con frecuencia seguro, con que aprecia las obras de su arte,…”

Transformo y obtengo una nueva forma: La experiencia cotidiana nos enseña que el artista maneja con maestría sus materiales y aprecia con juicio decidido y seguro sus obras de arte.

A continuación, entresaco y escribo todas las categorías o expresiones que llaman mi atención: 

Experiencia cotidiana. Manejar materiales. Apreciar obras. Juicio decidido y seguro. Principios y conocimiento teorético de las leyes. Actividades prácticas. Dirección y orden de las actividades. Criterios valorativos. Crear y valorar. Movimiento interior de las facultades. Tacto y sentimiento artístico.

Finalmente, establezco relaciones entre estas categorías con el fin de concluir y obtener resultados de mi trabajo:

  • La experiencia cotidiana, lo que vemos, lo que percibimos en nuestra experiencia sensible diaria, es una fuente de conocimiento.
  • De un lado, tenemos el conocimiento teorético. De otro lado, las actividades prácticas
  • Lo teorético se ocupa del conocimiento de las leyes, dirección y orden que prescriben una actividad, así como de los criterios valorativos del resultado. Sin embargo, no dirige la acción ni la actividad práctica del artista. Los artistas no crean ni valoran según principios proporcionados por el conocimiento teorético.
  • Formando parte de las potencias espirituales del hombre se encuentra el movimiento interior de sus facultades, pero especifica que, en el caso de los artistas estas facultades deben estar armónicamente cultivadas. Estas facultades las pone el artista en acción cuando crea su obra. La puesta en práctica de esta facultad se manifiesta en la maestría con que el artista maneja sus materiales.
  • Formando parte de las potencias espirituales del hombre se encuentra el tacto y el sentimiento artístico, pero específica que, en el caso de los artistas deben estar finamente desarrollados. Su puesta en práctica se manifiesta en el juicio decidido y seguro cuando aprecia o valora su obra.

Desde el punto de vista del método de trabajo o estudio puedo concluir que lo poco es mucho, en el sentido que he invertido mi tiempo de trabajo en apenas diez líneas y he obtenido un gran rendimiento.

Ramón Galán González.

Marzo de 2023.

En otras latitudes

¡Adiós, mis viejos amigos! ¡Lejos de ustedes al fin!

¡Cuánta pureza ahora en estas nuevas latitudes, en este viento que entra en mis pulmones y va sanando la sangre corrompida que aún fluye por mis venas! 

En mi precipitada huída improvisé esta endeble embarcación con la que me aventuro a un mar que se me antoja enfurecido. Pese a ello no tengo miedo. 

De ustedes, islas remotas ya exploradas, me alejo para siempre. Contemplo cómo mengua la cerrada y tenebrosa geografía de sus parajes recortándose en el confín y rememoro la pesadilla de los terrenos pedregosos lastimando mis pies; las ciénagas succionando mis pasos; los pútridos manantiales en los que mi sed se saciaba; los frutos venenosos de los árboles perseverando en mi enfermedad.

Gracias por la errada moral dadivosa con la que me obsequiaron: De ella aprendí que todo lo que me negaba entonces sirve hoy para mi afirmación.

¡Adiós, mis viejos amigos! ¡Lejos de ustedes al fin!

David Galán Parro

19 de marzo de 2023

Háblame, tú

Tú, hombre o mujer, donde quiera que te encuentres, arrojado a las sombras del infortunio…

Háblame, dame luz con tu sangre derramada, con tus pulmones, corazón y estómago exhaustos, con tu boca desdentada, con tu mano pedigüeña tendida al borde del abismo, con tu piel quemada que atravesó desiertos y alambradas, desde el espejo convexo de la botella que te deforma y te traga, desde tu cojera y paso lento, desde tu cuerpo lacerado y aplastado por la vida, desde los hijos que mataste y no te perdonaron, desde los rincones de una cárcel en la que se amontona la torturada carne humana que ha vomitado este casa domesticada por enloquecidas leyes, desde las simas del infierno que repudia lo más puro de tu naturaleza primigenia,…

Háblame, no quiero pensar, no hay teorías sobre esto, y pocos son los libros abnegados, me engañaron, sólo puras cosas vacías, sólo nubes que la más leve brisa cambiante dispersa y destroza, y que me hicieron creer que con ellas adivinaba formas definitivas para una falsa tranquilidad. ¡Oh esta horrible quietud que anticipa la noche interminable! ¡Oh quietud, regreso de las cosas extintas que no quiero que regresen!

Háblame, con tu voz sabia de experiencia que nunca caminó por renglones vanos de libros muertos.

Háblame, sólo eso me podrá salvar de este dolor insoportable que transpira a través de mis carnes; y llévame hacia el tuyo, al vórtice de tu pesadilla, quiero despreciar y arrancar el mío, vieja pústula, costra reseca de heridas fútiles.

Por favor, háblame, tú, amigo, amiga, hermano, hermana, te necesito, no me abandones aquí en este desierto ensordecedor, porque sólo tú puedes sacarme de esta oscura comodidad, de esta rancia vida llena de previsiones, de planes hechos para regocijo y satisfacción de otros, 

Háblame, porque sin tu mano no podré llegar a la puerta celeste de la gloria que me espera…

18 de marzo de 2023

David Galán Parro

No me midas

No me midas de acuerdo a lo que brota de mi mente o de mis manos. Soy manantial sin mesura. Yo pienso y digo y hago aquí y allá como me place. Por doquier arrojo pedazos de vida, mostrencos e infames desde las alturas infernales de un mundo invertido. En un aire en llamas retozo y defeco sobre las ruinas de tu mundo moral.

No me midas de acuerdo a tu tabla de valores. La imagen que esperas de mi, el hombre lúcido, fuerte, puro y trascendente, es eso, una simple imagen que no supera al hombre aterido de frío, abandonado a su suerte, alcohólico, devorador público de basura en el día y sombra yaciente en el sucio ámbito de un rectángulo de cartón en la noche. Ese hombre soy yo y ahora baila triunfante pisoteando la imagen perfecta que con tu tabla de valores esperas de mí.

No me midas por mi pérdida de amor hacia ti y por el consiguiente alejamiento.  Llámalo traición si quieres. Volvería a hacerlo, no lo dudes, si es para liberarme de las cadenas y grilletes que usaste para lacerarme muñecas y tobillos. Herido huyo hacia campos llenos de zarzales y espinos mientras se desgarra la antigua piel de culpa con la que me cubriste. Bajo ella se oculta la que ahora castigo en mi atribulado viaje. Todavía esta tierna. Ya se curtirá por desiertos que de ti me pierdan.

No me midas más y quédate con tu pútrida vida embutida en las perfectas formas que levitan ansiando el paso frente a las puertas cerradas de una trascendencia que a nadie ya importa.

7 de marzo de 2023

David Galán Parro

La libertad poética

Todo prosista o poeta me da a conocer a otros prosistas o poetas. Robert Frost me ha acercado a Ralph Waldo Emerson, un presbiteriano unitariano. Me haré con algunos de sus libros. No me importa que sea religioso. No me importa que sea trascendental. El trascendental cree en un más allá y en un sentido oculto y enigmático de las cosas. Yo puedo intentar ser trascendental sin necesidad de creer en el más allá y en un sentido oculto y enigmático de las cosas. ¿Cómo lograrlo? Lo que me interesa es la sensibilidad y el sentimiento que acompañan al trascendente. Y eso es lo que yo quiero cultivar: la sensibilidad y el sentimiento del trascendente. Se trata de que la naturaleza en su sentido más amplio te impacte, te sacuda y te deje huella. Por sensibilidad entenderemos la fuerza con que las cosas afectan a tus sentidos, y por sentimiento entenderemos la unidad íntima del sujeto y el objeto.

También me ha interesado que Frost catalogue a Emerson como filósofo poético o como poeta filosófico.  Me toca de cerca. La forma poética puede estar presente en prosa o en verso. Hay poetas que escriben en verso y a lo mejor son poco poéticos, y hay prosistas que escriben en prosa y son muy poéticos. Nietzsche es un ejemplo. Manejaba la metáfora como nadie: decir una cosa por medio de otra. A los poetas o a quienes gustan emplear la forma poética les alerto de los intelectuales de la izquierda radical. Están dominados por los conceptos universales abstractos. Son muy dados  a hablar del capitalismo en general o del liberalismo en general. Están muy alejados de las particularidades históricas nacionales. Y eso provoca una inmensa pobreza en el pensamiento y un lenguaje extremadamente gris. Así que cuidado con la nociva influencia de los universales abstractos en el pensamiento. Llevo meses viendo una cadena de televisión china. He tomado conciencia de la enorme importancia de la particularidad. Les pongo un solo ejemplo. Un pueblo de los muchísimos que tiene China se guiaba por el principio de que cualquier valor de uso tenía que ser conservado si no había agotado su utilidad. Me resultó sorprendente y maravilloso.

Vamos a por el poema o una parte del poema de Emerson.

Rauda y brillante fluye la corriente,

Quien de ella bebe no tiene más sed;

Ninguna oscuridad mancha su resplandor igual

Y los siglos gotean en ella como lluvia.

Lo que me entusiasmó y lo catalogué al instante de libertad poética fue el último verso: Y los siglos gotean en ella –en la corriente–como lluvia. Al principio pensé que el sintagma “como lluvia”, sobraba. Después me di cuenta que gotear lo puede hacer un grifo, una cañería o la ropa tendida. De manera que el sintagma mencionado era necesario. Pero la pregunta clave que me hice fue la siguiente: ¿Por qué a mí no se me ocurre convertir el sustantivo “siglos” en sujeto de la acción de gotear y hacerlo sobre la corriente de un río? Una respuesta escueta sería porque no soy un poeta. Pero una respuesta más acertada sería porque yo no tengo esa clase de representaciones.

Ahondemos más. Yo tengo un concepto abstracto de los siglos. Los uso para señalar la época de cuándo empezó el renacimiento o el barroco, cuándo se inició la época feudal, cuándo se formuló la declaración de los derechos humanos, cuándo tuvo lugar la revolución bolchevique, cuándo se constituyeron los estados nacionales, cuando se produjeron las dos primeras guerras mundiales, cuándo se creó la mecánica cuántica, la teoría de la relatividad o la teoría de los reflejos condicionados, y un largo etcétera. En mi concepción de los siglos las particularidades prácticamente no existen. Pensemos ahora en un escritor tan erudito que es capaz de escribir historias particulares para todos los siglos. Conocerá todos o una buena parte de los detalles de la vida de los protagonistas. Las acciones y acontecimientos donde los protagonistas son los actores ocurrirán en una ciudad o en un pueblo determinado y en una época determinada. Así los siglos se llenarán de vida y concreción. Si yo hiciera eso, los siglos serían para mí un sustantivo cargado de un concepto universal concreto. Ya estaría más cerca de representarme los siglos como sujeto de gotear y hacerlo sobre la corriente de un río.

Pero a pesar de todo, a pesar de que domina en mí los universales abstractos y no los universales concretos sobre los siglos, puedo aprender a liberarme de ciertas rigideces y hacer dos cosas: una, cargar los grandes sustantivos de concreción y particularidades, y dos, hacerme con la libertad de que cualquier sustantivo puede ser sujeto de todo. Así podré transformar la realidad en imágenes que no siendo ciertas bajo el punto de vista de la existencia, si son válidas bajo el punto de vista de la comprensión de la realidad. Así el sujeto se presentará como el órgano mediante el cual el mundo modificando todos los modos de su ser se expresa con absoluta libertad.

Francisco Umpiérrez Sánchez

28 de marzo de 2020