A cada siete días

A cada siete días, 

por unas pocas horas,

tengo la dicha

de tus labios habitando los besos;

tus ojos, la mirada; 

tus manos, las caricias;

y tu voz, las palabras.

La verdad es que ya me acostumbré

a esos siete días 

en que estos moradores andan ausentes

¿o me resigné?

Mejor no pensar en la diferencia.

porque «el amor no debe tener prisa» dicen…

Y sin embargo este imperativo romántico ofende

en el intersticio atroz

en que soy un hombre lleno de casas deshabitadas.

David Galán Parro

10 de octubre de 2023

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