No me midas

No me midas de acuerdo a lo que brota de mi mente o de mis manos. Soy manantial sin mesura. Yo pienso y digo y hago aquí y allá como me place. Por doquier arrojo pedazos de vida, mostrencos e infames desde las alturas infernales de un mundo invertido. En un aire en llamas retozo y defeco sobre las ruinas de tu mundo moral.

No me midas de acuerdo a tu tabla de valores. La imagen que esperas de mi, el hombre lúcido, fuerte, puro y trascendente, es eso, una simple imagen que no supera al hombre aterido de frío, abandonado a su suerte, alcohólico, devorador público de basura en el día y sombra yaciente en el sucio ámbito de un rectángulo de cartón en la noche. Ese hombre soy yo y ahora baila triunfante pisoteando la imagen perfecta que con tu tabla de valores esperas de mí.

No me midas por mi pérdida de amor hacia ti y por el consiguiente alejamiento.  Llámalo traición si quieres. Volvería a hacerlo, no lo dudes, si es para liberarme de las cadenas y grilletes que usaste para lacerarme muñecas y tobillos. Herido huyo hacia campos llenos de zarzales y espinos mientras se desgarra la antigua piel de culpa con la que me cubriste. Bajo ella se oculta la que ahora castigo en mi atribulado viaje. Todavía esta tierna. Ya se curtirá por desiertos que de ti me pierdan.

No me midas más y quédate con tu pútrida vida embutida en las perfectas formas que levitan ansiando el paso frente a las puertas cerradas de una trascendencia que a nadie ya importa.

7 de marzo de 2023

David Galán Parro

La libertad poética

Todo prosista o poeta me da a conocer a otros prosistas o poetas. Robert Frost me ha acercado a Ralph Waldo Emerson, un presbiteriano unitariano. Me haré con algunos de sus libros. No me importa que sea religioso. No me importa que sea trascendental. El trascendental cree en un más allá y en un sentido oculto y enigmático de las cosas. Yo puedo intentar ser trascendental sin necesidad de creer en el más allá y en un sentido oculto y enigmático de las cosas. ¿Cómo lograrlo? Lo que me interesa es la sensibilidad y el sentimiento que acompañan al trascendente. Y eso es lo que yo quiero cultivar: la sensibilidad y el sentimiento del trascendente. Se trata de que la naturaleza en su sentido más amplio te impacte, te sacuda y te deje huella. Por sensibilidad entenderemos la fuerza con que las cosas afectan a tus sentidos, y por sentimiento entenderemos la unidad íntima del sujeto y el objeto.

También me ha interesado que Frost catalogue a Emerson como filósofo poético o como poeta filosófico.  Me toca de cerca. La forma poética puede estar presente en prosa o en verso. Hay poetas que escriben en verso y a lo mejor son poco poéticos, y hay prosistas que escriben en prosa y son muy poéticos. Nietzsche es un ejemplo. Manejaba la metáfora como nadie: decir una cosa por medio de otra. A los poetas o a quienes gustan emplear la forma poética les alerto de los intelectuales de la izquierda radical. Están dominados por los conceptos universales abstractos. Son muy dados  a hablar del capitalismo en general o del liberalismo en general. Están muy alejados de las particularidades históricas nacionales. Y eso provoca una inmensa pobreza en el pensamiento y un lenguaje extremadamente gris. Así que cuidado con la nociva influencia de los universales abstractos en el pensamiento. Llevo meses viendo una cadena de televisión china. He tomado conciencia de la enorme importancia de la particularidad. Les pongo un solo ejemplo. Un pueblo de los muchísimos que tiene China se guiaba por el principio de que cualquier valor de uso tenía que ser conservado si no había agotado su utilidad. Me resultó sorprendente y maravilloso.

Vamos a por el poema o una parte del poema de Emerson.

Rauda y brillante fluye la corriente,

Quien de ella bebe no tiene más sed;

Ninguna oscuridad mancha su resplandor igual

Y los siglos gotean en ella como lluvia.

Lo que me entusiasmó y lo catalogué al instante de libertad poética fue el último verso: Y los siglos gotean en ella –en la corriente–como lluvia. Al principio pensé que el sintagma “como lluvia”, sobraba. Después me di cuenta que gotear lo puede hacer un grifo, una cañería o la ropa tendida. De manera que el sintagma mencionado era necesario. Pero la pregunta clave que me hice fue la siguiente: ¿Por qué a mí no se me ocurre convertir el sustantivo “siglos” en sujeto de la acción de gotear y hacerlo sobre la corriente de un río? Una respuesta escueta sería porque no soy un poeta. Pero una respuesta más acertada sería porque yo no tengo esa clase de representaciones.

Ahondemos más. Yo tengo un concepto abstracto de los siglos. Los uso para señalar la época de cuándo empezó el renacimiento o el barroco, cuándo se inició la época feudal, cuándo se formuló la declaración de los derechos humanos, cuándo tuvo lugar la revolución bolchevique, cuándo se constituyeron los estados nacionales, cuando se produjeron las dos primeras guerras mundiales, cuándo se creó la mecánica cuántica, la teoría de la relatividad o la teoría de los reflejos condicionados, y un largo etcétera. En mi concepción de los siglos las particularidades prácticamente no existen. Pensemos ahora en un escritor tan erudito que es capaz de escribir historias particulares para todos los siglos. Conocerá todos o una buena parte de los detalles de la vida de los protagonistas. Las acciones y acontecimientos donde los protagonistas son los actores ocurrirán en una ciudad o en un pueblo determinado y en una época determinada. Así los siglos se llenarán de vida y concreción. Si yo hiciera eso, los siglos serían para mí un sustantivo cargado de un concepto universal concreto. Ya estaría más cerca de representarme los siglos como sujeto de gotear y hacerlo sobre la corriente de un río.

Pero a pesar de todo, a pesar de que domina en mí los universales abstractos y no los universales concretos sobre los siglos, puedo aprender a liberarme de ciertas rigideces y hacer dos cosas: una, cargar los grandes sustantivos de concreción y particularidades, y dos, hacerme con la libertad de que cualquier sustantivo puede ser sujeto de todo. Así podré transformar la realidad en imágenes que no siendo ciertas bajo el punto de vista de la existencia, si son válidas bajo el punto de vista de la comprensión de la realidad. Así el sujeto se presentará como el órgano mediante el cual el mundo modificando todos los modos de su ser se expresa con absoluta libertad.

Francisco Umpiérrez Sánchez

28 de marzo de 2020

Los ojos que verán

¡Al fin quien me empequeñece y me aplasta para acogerme en el regazo de su amor universal!

¡Al fin quien arroja mi dolor, gota miserable, al océano infinito del tiempo y el espacio sin desprecio!

De primeras su voz me llega críptica y por ello pretendo descifrar bajo las letras una poderosa significación en el ínfimo espacio de un poema.

Me equivoco. Vana es mi pretensión. El tonto mira al sabio dedo, negándose la visión de la luna.

Tú me iluminas lo existente sensible, con sus formas evanescentes,  grandiosas y pequeñas, llenas de eidolones, y me pides que las ame pese al terror que nos trae el vivir.

Tú, me prometes lo existente abstracto, eidolones, formas perennes modeladas por las formas evanescentes y me pides que las ame pese al terror que nos trae el morir.

¡Al fin quien nos impele a la audacia!

Navego en el críptico mar de tu lenguaje sobre olas que se aproximan desde eones insondables. 

No serán estos los ojos que alcancen la sangre y la carne de tu palabra, Walt Whitman; serán otros, no míos, los que en un futuro volviendo a desempolvar este libro, único y digno superviviente de la destrucción venidera, alcancen a vislumbrar el hermanamiento definitivo entre tu palabra y el orbe.

6 de marzo de 2023

David Galán Parro

NOTA: Texto basado en el poema de Walt Whitman «Eidolones»

El accidente numerado

Es tu cumpleaños, amor, una fecha que no importa, un número sin más, rememorando el accidente que no estuvo de tu mano y que inicia la cantidad finita de vueltas que diste orbitando alrededor del Sol. El cuándo y el porqué de aquel accidente de ti no emanan.

Es tu cumpleaños una cosa que no te representa.

Yo no celebro lo accidental: si la enfermedad o el hambre no te llevaron a destiempo; si las rigurosas leyes del hado no se cebaron sobre ti para hacerte presa de la desgracia. 

No.

Yo celebro lo que emana de ti, las decisiones y actos que te definen en ese número de vueltas que apuran tu viaje ahora por mi compartido; celebro el pasado que no he podido ver pero entreveo: cómo pese al miedo te levantaste del polvo en la derrota y cómo después te surgieron las poderosas alas que ahora te elevan. Yo celebro tu vuelo.

No me oirás en el coro de voces que te felicitan. Las veo frente a ti, espectáculo hermoso, como público domesticado, obligado a batir palmas por lo que dicta la indiferente costumbre. ¿Qué te felicitan? ¿Por qué lo hacen si no quieren conocerte? ¿Para su tranquilidad moral? ¿Para suplir la falta de arrojo y de compromiso real contigo? Aplausos desde el burladero, desde la retaguardia, los llamo yo.

No soy cómo ellos.

Yo me arranco al ruedo. Yo asalto los muros de tu fortaleza. Yo me aventuro hacia el centro inexpugnable de ese laberinto de espejos que te multiplica y te esconde, para desnudarte y tocar tu imagen de sangre, carne y huesos. 

Yo atravesaré la gruta para tumbar al dragón dormido y liberarte. Mi corazón palpitante es la carnaza con la que le daré muerte. 

Yo, hacia la comprensión absoluta de ti, como la humanidad entera en su firme laboriosidad hacia el dominio del universo.

25 de febrero de 2023

David Galán Parro

Cartas a escritores 1: A Yolanda Delgado Batista

Estimada Yolanda:

Acabo de leer de tu libro Antes de arrojarse al mar, la señora Brown fue a misa el relato «Cuando una tortuga y Primo Levi me salvaron» y quería darte mis sensaciones y mis impresiones. No he podido evitar escribirte precipitadamente: he hecho dos lecturas de él y quiero releerlo más. Siento para mí de más utilidad una relectura que avanzar en el libro.

¡Qué hermosos personajes, madre e hijo! ¡Cuánto amor entre ellos, soterrado y contenido! ¡Qué escena final tan intensa en la que eclosiona todo! Se siente ese amor buceando en las circunstancias adversas que cercan a la protagonista. ¡Una heroína de la dureza cotidiana y tan universal su posición de persona en la cuerda floja, de persona que orilla la marginalidad! Y siempre en lo enternecedor y a la vez estremecedor. Al principio sentí que el relato iba a la deriva en esa sucesión de hechos aparentemente intrascendentes y domésticos que no sabía hacia dónde apuntaban pero que se acumulaban silenciosos para alcanzar la entrañable e intensa escena final. Perdona que estuviera mi modesto ojo analítico en esto, aunque fui recompensado con creces. Algo sí me sucedía mientras leía: podía sentir en todo momento esas sombras de soledad, de abandono, de resignación (o más bien de esperanza), de rebeldía, que acompañan en todo momento a la protagonista y que la hacen expresarse en un tono alejado de la amargura y de la autocompasión; en un tono rebelde, alejado de la impostura de la realidad edulcorada, la cual encara y desenmascara como la realidad descarnada que es.

Los temas principales que se me antojan: la soledad, la incomunicación, la necesidad de amar y ser amados,… 

Como temas secundarios pero necesarios para construir los temas principales: la brecha generacional, el desprecio social, el miedo a la marginalidad,…

Dos cuestiones técnicas que me encantaron:

1) Una hermosa autoreferencia al relato dentro del relato que introduces de forma magistral y original en la escena del encuentro final entre madre e hijo. El relato que escribe la protagonista dentro de la historia es el que lee el lector en el momento presente. Nos enteramos con esta autoreferencia. Aparece así entre la historia narrada y el lector un puente uniendo el acto de escritura del relato que leemos con el acto de su lectura presente y sitúas al lector dentro del mismo relato, como sabedor de que el relato que aparece en la escena es el relato que contiene la misma escena. Hecho este que nos hace cómplices de la protagonista frente al hijo, que desconoce nuestra relación como lectores con la protagonista. Muy acertado colocar esta autoreferencia en la escena cúlmen para hacerla más vívida.

2) Y luego la manera de intercalar referencias a la Literatura y a la Pintura que, por una parte, refuerzan y unifican los temas principales del relato y por otra, hacen referencia a los intereses intelectuales de la protagonista permitiéndonos conocerla en su dimensión intelectual.

Muchas gracias Yolanda por este hermoso, intenso y entrañable relato  lleno de verdad y experiencia del que creo puedo aprender mucho.

Un relato que une vida, dolor y Literatura.

David Galán Parro

20 de febrero

NOTA: Un extracto del cuento se encuentra aquí.

Cambios en el orden sintáctico 1

«Ella y yo en el descampado árido de vida que se desbordaba hacia el mar con sus rocas negras de fuego extinto.» (Lugares testigo, David Galán Parro)

1

«Ella y yo, en el descampado árido de vida que se desbordaba hacia el mar con sus negras (*) rocas de fuego extinto»

(*) El adjetivo al ir delante del sustantivo le resta la fuerza de su aparición. Los sustantivos, descampado, mar, rocas y fuego son los que hacen referencia directa al lugar de la escena y por eso son importantes para la representación del lugar.

2

«En el descampado (*) árido de vida que se desbordaba hacia el mar con sus rocas negras de fuego extinto, ella y yo»

(*) El elemento subjetivo, los personajes aparecen al final de la oración. El elemento subjetivo es más importante que el elemento objetivo, el lugar. Lo objetivo se subordina a lo subjetivo. Lo subjetivo es lo principal. Esta forma de la oración contraviene este principio.

(**) Se omite el verbo «estar» de alguna forma implícito en la preposición inicial de la oración.

3

«Árido de vida, (*) el descampado que nos acogía se desbordaba hacia el mar con sus negras rocas de fuego extinto (**)»

(*) Se pone en primer plano un atributo del descampado: Árido de vida.

(**) Ahora una parte del lugar (el descampado) se hace sujeto de la acción y los personajes (ella y yo), y otra parte del lugar (el mar) son los receptores de la acción del sujeto: acoger y desbordar.

12 de febrero de 2022

David Galán Parro

Lugares testigo

Árido de vida, el descampado que nos acogía se desbordaba hacia el mar con sus negras rocas de fuego extinto. Tras la montaña se rendían las últimas luces acariciando con su lánguido oro el paraje terroso a nuestro alrededor.

¡Cuántas horas de soledad contemplando las piedras perladas por la maresía! A eso me acostumbré desde niño y al sonido de un viento salobre como única voz compañera de mi caminar errabundo por lugares de polvo, tierra y más tierra.

Ahora ella a mi lado. Su voz, su mirada, sus pequeñas manos, su respiración llegando para colmar ese vacío de antaño al que me resigné. 

En lo remoto de aquel lugar hecho de mar y rocas, el momento se me antojaba como un eco íntimo de otros ya vividos y la presencia de ella como algo develado que anduvo tras esa trama confusa de pasos que ha sido mi vida hasta ahora. 

El mundo, ella y yo: la terna indestructible se cerraba bajo la piel del crepúsculo decreciente.

Yo le regalé aquel descampado yermo que le hablaba del oscuro hombre solitario que se arrancaba de mi.

¿De qué me hablarán sus lugares?

Aún no los he visto y sin embargo ya me llaman a su encuentro para revivir a la cándida niña que no me adivinaba, para descifrar a la mujer intrépida que hoy me busca y me salva.

11 de febrero

David Galán Parro

Lo imperfectamente nominado

Juntos los dos, de forma única lo hemos creado y sin embargo no somos únicos, ni más veraces que otros por ello. Es lo imperfectamente nominado. Es la misma hazaña que ensayan millones que se buscan en el misterio compartido. Yo estoy contigo cuando no le concedes espacio al engreimiento de ciertas ideas románticas que nos quieren hacer creer exclusivos.

No obstante me empeño en aproximarme a lo que hemos creado, cercándolo, asediándolo con tercas palabras que perseveran en malabarismos estéticos ¡Qué inútil pretensión la mía! Es parirlas y ya las veo cómo confraternizan y se conjuran para petrificar esto que flota incomprensible, audaz y libre en el aire de cuchillos negros y flores tiernas que solo respiramos tú y yo, sus creadores. 

Desde sus jaulas nos contemplan con terror aquellos que agotan sus mustias vidas anodinas.

Lo imperfectamente nominado rehuye estas indignas palabras que pronuncio para insuflarme valor. Ellas caen al vacío y dibujan un espejo deformado que se complace en devolverme una imagen falaz de mi pobre pericia amatoria ¡Cómo me engaño para ser merecedor de tu sangre y de tus horas! 

Frente a ti me pavoneo y mis rancias plumas las miras con indulgencia porque de algún modo sabes que lo imperfectamente nominado siempre quedará a salvo de la pretenciosa literatura.

2 de febrero

David Galán Parro