Colaboración Filosófica 1

Quiero presentar un comentario del profesor Ramón Galán González a colación del artículo El movimiento de lo universal a lo particular: del concepto a la percepción, escrito por el filósofo Francisco Umpiérrez Sánchez. Dicho artículo y el posterior comentario me parecen de valor filosófico:

«No quiero dejar pasar la ocasión para felicitar a D. Francisco Umpiérrez por el artículo que acaba de publicar. Con un lenguaje y expresión sencilla y clara y con una exposición ordenada y pedagógica impecable, despliega y pone al alcance de la comprensión de cualquier lector, conceptos filosóficos muy complejos y abstractos.
La filosofía, y el conocimiento en general, nos deben aportar luz y claridad para interpretar el mundo y transformarlo. Pero cuán a menudo cae en nuestras manos textos de filosofía llenos de oscuridad, complejidad y ambigüedad, como si el autor en vez de mostrarnos el objeto sobre el que trata el texto, tratase de mostrarse a sí mismo, como diciendo”… no me entiendes porque soy muy profundo…”.
Por el contrario, y sirva como ejemplo, escribe Francisco Umpiérrez:
“…la segunda etapa es la que nos lleva de los conceptos particulares a la existencia y el ser, esto es, a la percepción…. Sabemos que el submarino y el petrolero existen porque los estamos viendo, pero toda la complejidad de su ser nos resulta imposible abarcarlo…”
¡De qué manera tan clara y tan sencilla, Francisco Umpiérrez nos pone al alcance de todos, la relación y diferencia entre los conceptos tan complejos y abstractos como son los conceptos de existencia y ser!
Por último, quiero señalar una virtud más. He estudiado en varias ocasiones el texto de Mao Tse-tung “Sobre la práctica”. Dicha obra estudia, igualmente, la relación existente entre la etapa sensorial del conocimiento y la etapa del conocimiento racional o teórico. Es un magnífico texto y he aprendido mucho de él. Podríamos catalogarlo de texto sintético. Por el contrario, Francisco Umpiérrez nos habla igualmente de la percepción sensible y del terreno de la teoría pero no lo hace de forma sintética sino analítica. Esa es la otra virtud que quiero señalar. Expone y hace referencia a casos particulares estableciendo matices y diferencias entre las distintas fases de un movimiento cognitivo.»

Los conceptos fundamentales que veo en este comentario son: 1) mostrar el objeto o mostrarse a sí mismo; 2) ser y existencia; 3) conocimiento sensorial y conocimiento racional o teórico.

El desasosiego

Otra vez, el desasosiego:

esa inesperada insistencia 

con que mi respiración

mide el instante

y en él se ahoga.

No sé de dónde ahora viene;

desde qué lejana herida

me reclama y se justifica.

Sólo sé que es un viejo visitante

que nunca confiesa

su ominoso pasado,

su región de nacimiento.

Estas palabras, ahora urgentes,

para matarlo una vez más,

para sobrevivir a él,

hasta su próxima resurrección.

Estas palabras 

que lo empoderan sobre mí

porque sabe que ellas serán 

siempre y necesariamente 

mis fieles sicarias.

David Galán Parro

10 de junio de 2025

Engañosa ideología

«Prohibido rendirse» dice el vocero

«de tu voluntad, tú y todo depende.

En pobre y dura condición se aprende

a ser hombre cabal, humilde y entero.»

Pero yo digo: ¿quién esto suscribe?

¿El que la condición pone y no sufre?

¿No será su condición el azufre

que con el tiempo nos queme y derribe?

¿No será que al hombre sin pan ni abrigo,

el que esto dice, en soledad lo quiere?

«Mejor así» pensará «sin amigo,

para que lleve con culpa ilusoria

el destino común que a todos hiere»

Ya reprobará su engaño, la Historia.

David Galán Parro

31 de mayo de 2025

El hombre espejo

Soy ahora tristemente el hombre espejo.

Una entrega desmedida es mi azogue;

soy para quien mi dignidad ahogue,

la cosa útil para su fiel reflejo.

Aún duplico en el dócil cristal,

de otros, los intereses y los sueños;

de mi voluntad mermada, son dueños,

y por ello, de mi suerte fatal.

Me horroriza hacer propio lo que asoma,

dejar de ser espejo y ser yo mismo;

di permiso al ingenuo y no era broma

tentarlo sin acercarme al abismo.

Quizá un inicio sea esto que escribo,

una confesión para seguir vivo.

David Galán Parro

22 de mayo de 2025

En la cruz

Nada se mueve en torno al Calvario. Sólo quietud y suplicio en estado puro. El hombre que todos conocemos quiebra en cruz la suave silueta del cerro. Los pormenores de dicha imagen es de todos, es universal. Podrían evitarse por consideración o falsa reverencia. Yo no lo haré.

Como todo hombre de esta época, de cualquier época, lo imagino en el silencio del paisaje áspero y desolado; lo imagino trasponiendo cada hora, minuto y segundo, intolerables, de la fresca mañana que algo lo alivia, del mediodía y la tarde ardientes, de la fría noche que lo cala. Imagino, también, en esa atroz intemperie, su piel expuesta, su carne abierta, sus huesos astillados, sus vísceras dolorosamente suspendidas en secreto. Horas como eternidad, minutos como centurias, segundos como años. El tiempo hecho dolor y espera y de ellos, el anhelo de la muerte que hace de él un muerto en vida.

Los pies lacerados, rendidos, no descansarán más sobre firme, no caminarán ya nunca. Sus últimos pasos le sirvieron para consumar su propia muerte, para elevarse al cerro acarreando con el peso no humano que ahora lo fija al aire a ras de suelo y lo inmoviliza. En los dedos de sus pies todavía se halla el último contacto con la tierra de la que de a poco, se desprende. Quizás ese leve roce de polvo es la anticipación, el símbolo de su inminente vuelo ingrávido.

Cristo hombre, allí, que buscó confundirse entre sus iguales para sentirlos y padecerlos a todos dentro de él, no se distingue ahora de los otros. No puede rebasar su cruz en altura a las dos cercanas. No puede presidirlas. De las tres es la última, postulará un poeta argentino. Pero nada nos corrobora la futura opinión, pues dos condenados lo flanquean. A su izquierda, la burla, a su derecha, el arrepentimiento, dicen incluso que oye de ellos. Sea como fuere, su destino, o la voluntad de los infieles que le han torturado, ignora que se afirma en su incorruptible humildad de treinta tres años.

Apenas mueve el viento la barba hirsuta que ensombrece el pecho bañado en sangre interminable. Cada aliento es una espada en el esternón. Apenas siente las espinas que coronan y rasgan sus sienes. Ya no le laten los clavos. Si nos fuera posible estar junto a él y mirarle, nos desdibujaría su rostro, absortos por la mirada de quién de alguna forma está ya en un lugar extraño, ignoto, abnegado. Pero no la veremos nunca. O no en él…

Lejos de las imágenes que lo remedan y lo mitifican, habremos de reencontrarla en los cuerpos vivos de las multitudes que luchan infatigables para hacer del Hombre, y no de Dios, el centro absoluto del mundo.

15 de mayo de 2025

David Galán Parro

Cada vez menos esclavo

Cada vez menos esclavo 

de la antigua voz de mi interior

porque nunca encontré en ella 

las respuestas necesarias,

a mi dignidad,

a mi libertad.

El consejo místico de alguno,

querrá sanarme aislándome en una montaña,

desconectado de la lucha diaria del mundo

para encontrarme conmigo mismo.

Lo digo alto y claro:

Yo no acepto soluciones fáciles.

y soy poderosamente incierto.

Antaño, una moralidad de caverna

que otros a los que me entregué me dieron

gobernaba mis actos y me aprisionaba.

No sabía yo entonces que dicha moralidad

no era más que la proyección idealizada

de gentes que rehuyeron la vida

que la despreciaron en su diversidad y movimiento constante.

Yo me encontraré al fin

en las calles populosas,

en los viajes en los que me sienta extraño

en la enfermedad y en su visión renovada,

en la producción del hombre globalizado,

en los libros de libres voces,

en las nuevas tecnologías vinculantes al mundo,

y quizás en un hijo.

Me hablaré al fin

no con mi antigua voz interior 

llena de soberbia y moral prestada,

voz anquilosada y putrefacta,

ni con una voz propia llena de gris soledad

y de razones que no alcanzan a comprender

el movimiento de la vida diversa

sino con la voz del hombre todo,

con la voz de los miles 

que los miles sin saberlo me concedieron,

con la voz libre y liberadora 

que no es patrimonio de nadie

pero que a todos nos pertenece.

David Galán Parro

14 de mayo de 2025

Nota: El poema está basado en el trabajo Mundo interior y mundo exterior del filósofo Francisco Umpiérrez Sánchez.

En las ramas de un árbol

En el patio de nuestro colegio

hay un árbol grande y frondoso

que a los profesores que nos vigilan da sombra. 

Bajo sus ramas se ponen los profesores

y tanto se pierden hablando entre ellos

que a veces olvidan 

que estamos nosotros

jugando como locas cabrillas.

El árbol está en silencio

con su tronco rugoso como la piel de un señor viejo,

con sus ramas ansiosas de cielo,

con sus verdes hojas siempre brillantes y alegres

igual a nosotros que jugamos.

A veces, algún compañero manda 

con una potente patada 

una pelota hacia sus ramas

y la pelota, atrapada queda 

en la umbría de su fronda.

¡Qué difícil se hace cogerla después!

Parece que no quisiera el árbol, devolvérnosla;

parece que nos dijera: «yo también tengo derecho a jugar con ella, niño»

Pero hay algo que le gusta más al árbol tener

y que a nadie se lo ha quitado: 

los nidos y pájaros que sus hojas esconden y protegen.

David Galán Parro

11 de mayo de 2025

Ballenas

Muy seguro de lo que dice, dice mi profesor

—cree saber mucho, el pobre—:

«Las ballenas viven en el agua.

Quien esto no responda, 

el examen de ciencias suspenderá»

Y yo me digo:

«Si las ballenas en el agua viven 

entonces en el examen pondré

todo lo que sobre el tema sé

y sé: 

que viven en el mar 

y también

en los ríos, en los lagos y los charcos;

en la nube voladora

y en la lluvia que la deshace;

en la nieve de las cumbres

y sobre la que se desliza el arriesgado esquiador,

en el vaso de agua que bebo por la mañana;

en la lágrima que lloro si no tengo amigos;

en los cubitos de hielo del refresco que me gusta;

en un duro iceberg de la Antártida, hogar de pingüinos;

en el agua que hay en los cráteres y polos de la Luna

o algo más lejos, la que descubrirán los astronautas en Europa, satélite de Júpiter.

Desde que me aprendí eso que dice el profesor 

el mundo se ha vuelto más interesante:

el mundo se ha llenado de rebeldes y fantásticas ballenas.

David Galán Parro

11 de mayo de 2025

Día sin lluvia

Un día de colegio

gris y nublado

tristeza había en el patio

porque los árboles y las flores

sedientos pedían agua de nube.

No quería llover el cielo,

o dudaba, 

o se había olvidado de hacerlo,

y yo miraba hacia la ventana

y esperaba

y esperaba

y esperaba

a que el cielo quisiera 

o eligiera 

o se acordara de

lo que mejor sabe hacer.

David Galán Parro

10 de mayo de 2025

No como querías

En el principio, no luché por ti;

no como querías: 

con arrojo, con audacia, con peligro.

No. Así no fue y ya nunca será.

No hubo sorpresas, ni flores, ni cenas con velas;

no hubo canciones de amor,

y ni de lejos, algo parecido 

a esta cosa fría que ahora te escribo.

En su lugar —mi memoria así lo quiere—,

fue una tarde mutua bajo un nimbo plomizo;

un paseo sobre adoquines suciamente trasegados;

una lánguida conversación en un banco de piedra gris;

un soportal para guarecernos de la lluvia;

por un filo traicionero en la pared donde nos reclinamos a la espera del escampe, 

tu media corrida;

y ya de noche, empapados al borde de la despedida,

un beso por llegar.

Nada era claro aún, ni debía serlo.

Días después, a nuestra torpe manera,

algo vacilante se anticipó

cuando consentimos aquel ausente beso 

de nuestra penosa tarde de lluvia

en mi coche —en mi también penoso coche—

bajo un puente en que rodaban otros

con la feroz determinación que tal vez ya nos debíamos.

Ahora incluso sospecho que llevabas prisa por volver a casa.

Sí, mi amor: no hubo lucha a la manera que esperabas entonces;

quizás me reservaba sin saberlo para ésta de ahora, más ardua: 

la que día tras día, fuerte e inevitablemente,

nos seduce y allega siendo la que no querías.

David Galán Parro

27 de abril de 2025