En una conversación, un amigo me cuenta que un partido político de ámbito municipal, al que llamaremos Z, fue creado por cuatro hombres jóvenes. El partido de carácter asambleario y vecinal, de izquierda y nacionalista, se mantiene hasta hoy en el gobierno del municipio, tras casi sesenta años. Mi amigo atribuye a éstos hombres que lo fundaron el rasgo moral de «buenos», y atribuye su éxito electoral entre otras cosas, a este rasgo.
Yo escucho a mi amigo y procuro ser muy cuidadoso en cómo le confronto, porque para mí lo primero es el lazo de amistad que tengo con él, que se sustenta en el plano teórico, en nuestras comunes y profundas convicciones humanísticas; y en el plano práctico, en nuestros momentos de alegría, disfrute y comunicación.
De la exposición de sus ideas, lo que principalmente valoro es que me haga partícipe de ellas sin temor a mi juicio. Y gracias a que me expone sus ideas, renuevo o refuerzo, modifico o afianzo las mías. Y sobre todo capto bien lo que me une y lo que me identifica con él.
¿Qué saco a cuenta de lo que me ha contado en la conversación que tuvimos? Nuestras diferencias y coincidencias de pensamiento en lo político.
Las diferencias que encontré fueron:
Mi amigo pone importancia en la acción individual del dirigente político a la hora de afectar el devenir de los acontecimientos sociales y económicos futuros; yo en cambio no lo considero así, porque pienso que el individuo es un producto de su época y de unas tendencias históricas (*) y no al revés. Y no por ello desdeño o minimizo el valor o el alcance de la acción individual sobre la realidad en la que le toca vivir. Teniendo en cuenta mi anterior concepto tampoco pienso determinante para aquel devenir, los rasgos morales o éticos del dirigente político.
Mi amigo estima importante el carácter local y nacionalista del partido Z porque considera clave la disgregación administrativa para evitar la concentración de poder y en consecuencia, el abuso de poder que de ella se deriva. Tampoco lo considero así, porque pienso que eso lleva al debilitamiento o desaparición del Estado nación, elemento decisivo actual de nuestra época de transición hacia el Socialismo. Teniendo en cuenta este concepto, pienso en la realidad económica y política que es la actual China y para mí la dimensión de su avance y su unidad es una prueba práctica de que lo que pienso se ha manifestado ya con éxito en el mundo. Y porque es el mundo real en el que vivo, y no un mundo ideal que no sé si de realizarse, acercándose al concepto de «disgregación política» que él me propone, será mejor que el actual, es por lo que me mantengo y me reafirmo en mi concepto sin tomar el suyo.
Y las coincidencias que encontré fueron:
Él, al igual que yo, piensa que no se debe cometer el error de asumir medidas que no respondan al mundo que hay y que por eso las ideas que uno tiene no son para aquí y ahora.
Él, al igual que yo, confía en la natural bondad de los hombres y en su entrega a intereses colectivos. Y así me lo da a entender en la estima que tiene hacia aquellos que fundaron el partido Z en su juventud.
Él, al igual que yo, cree firmemente que el mundo actual es muy injusto, muy desigual en el reparto de la riqueza y muy irracional.
Y sobre todo, él, al igual que yo, es un claro defensor de las posiciones no dogmáticas, tan necesarias y desgraciadamente exiguas en el mundo de hoy.
David Galán Parro
5 de abril de 2025
(*) Concepto materialista de la historia que me aportó Francisco Umpiérrez Sánchez.