Sobre la libertad de expresión en el arte (2)

Pondré un ejemplo que sirva para ilustrar mi idea de que el derecho a la libertad de expresión debe ser ejercido por el artista de forma responsable y justificada.

Hace unos días vi un monólogo de humor muy desagradable e hiriente. En él, el cómico Ricky Gerbais hizo chistes racistas, antisemitas, pedófilos, homófobos y denigrantes con los discapacitados. Su argumento justificativo para hacerlo es que él está interpretando un personaje y es asunto del público discernir entre el personaje repulsivo que crea y el actor. Nos dice en otro momento que el pensamiento es libre y que uno no lo controla y que él decide hacer público ese pensamiento pase lo que pase frente a otros que no lo hacen. Ilustra esto que afirma diciéndonos que a todos alguna vez se nos ha pasado por la mente la idea de empujar en el metro a alguien despistado desde el andén al foso de las vías. Nos quiere hacer partícipes de su pensamiento cruel e igualarnos y rebajarnos, a la vez que nos tacha de deshonestos e insinceros. Pero ¿No estaba interpretando un papel? ¿A cuenta de qué nos habla ahora de su pensamiento libre, descontrolado y hecho público después y lo coloca en el terreno de su vida personal? Entonces esta admitiendo que no interpreta un papel sino que dice lo que se le pasa por la cabeza sin importarle en absoluto las consecuencias de su modo cruel de expresarse en público. Luego al final del espectáculo se retrata en su más amplia y repulsiva falta de sensibilidad: se despide desvelándole al público que parte de la recaudación de la entrada se destinaría a una asociación que defiende el derecho a la salud de los animales ¿Cuáles son los valores de este hombre que se interesa por la salud de los animales y a la par hace chistes hirientes hacia seres humanos que han sufrido y sufren injusticias sociales e históricas? Aquí se demuestra que no es un actor interpretando un personaje cruel sino un hombre cruel interpretando un personaje cruel. Pero algo esencial no he dicho: es un hombre que ha hecho millones por medio de sus crueles espectáculos. Por lo tanto se puede afirmar que estamos ante un cómico que ha hecho sumas ingentes de dinero a base de hacer un uso irresponsable y cruel de su derecho de libertad de expresión ¿Cuál es el fin de su propósito creativo? Hacerse rico ¿Por medio de qué? Del uso irresponsable y cruel de su derecho a la libertad de expresión.

David Galán Parro

30 de diciembre de 202

Sobre la libertad de expresión en el arte

Ante todo dar las gracias a mi amigo Francisco Umpiérrez Sánchez por el esfuerzo de crear el trabajo titulado Escritor, narrador y ficción, por prestarme siempre su atención y orientarme tan desinteresadamente en mi profesión y actividades literarias. Es una suerte y un privilegio contar con su preparación intelectual de años.

Quiero puntualizar varias cuestiones a la luz del trabajo y disentir. Trataré de corresponderle al menos en ese esfuerzo que puso. Creo que su trabajo abre necesarios debates en torno al contenido ético del arte y al ejercicio de la libertad de expresión en el arte.

Francisco Umpiérrez dice: «Ayer tuve una discusión acalorada con un amigo que se dedica a la literatura. La base de la discusión estribó en que yo le manifesté que me parecía ideológicamente incorrecto que empleara la palabra “bollera”. Él insistía en su libertad y derecho en emplear esa palabra. Creo que no está al tanto de los rasgos esenciales del mundo de hoy. El movimiento feminista en España ha trasladado la lucha feminista al uso del lenguaje. Y creo que es un acierto.» 

Frente al uso de palabras no adecuadas yo creo que hay que mirar hacia la totalidad de la obra y la intención del autor. En mi relato Pigmea el empleo de la palabra «bollera» no creo que sea ideológicamente incorrecto dada la totalidad del relato y la intención de su uso. Su empleo está determinado no por una concepción homófoba del escritor, sino por una concepción homófoba de un grupo de personajes en el que el mismo personaje narrador aparece inmerso y determinado. El entorno social es de carácter rural aislado y en una España de hace veinticinco años. Los personajes protagonistas de esa historia, dos chicas jóvenes, quedan enfrentados y deben sobrevivir psicológicamente al medio machista, homófobo y clasista. En la historia el rol anticuado y castrante atribuido a la mujer queda en entredicho con el comportamiento de ambas. La historia toca el tema de la lucha y la liberación de la mujer en relación a los roles impuestos de modo que el propio relato se descubre con una marcada intención y temática feminista. Este es el contexto en que queda empleada esa palabra y su uso es necesario para la consecución y coherencia interna de la historia y su ajuste al tema.

Que un artista esté o no al tanto de los rasgos esenciales de los movimientos políticos queda dentro de su responsabilidad y de sus valores. Estoy de acuerdo en que no hacerlo evidencia pobreza cultural y falta de compromiso por el avance social en todas sus formas. Descuidar esta faceta de sí mismo hace de un escritor, un artista que no aporta nada a dicho avance.

Francisco Umpiérrez dice: «Este es el primer error de mi amigo: Sitúa al escritor y a sus productos literarios en el mismo plano ontológico: el de la existencia. Pero esto no es así. Los productos literarios carecen de existencia propia: solo son signos lingüísticos, trazos de tinta carentes de cuerpo y, por consiguiente, carentes de vida propia.» 

Pienso que el escritor y sus personajes tienen existencia. Tal vez me equivoque pero yo entiendo que el primero en el mundo material y el segundo en el mundo ideal. Existe Cervantes y existe Don Quijote. Don Quijote es un producto literario de Cervantes. Cervantes existe en el plano material y Don Quijote, en el ideal. Cómo cobre existencia este último no me cabe saberlo, pero entiendo que existe idealmente en la conciencia de millones de personas. Basta que le pregunte a alguien desconocido si conoce de su existencia y creo que me responderá afirmativamente. El hecho que la existencia del personaje dependa de un sujeto que se lo represente no creo que nos lleve a considerar que no pueda tener existencia. Quiero decir, no creo que sea condición de inexistencia el hecho de que la existencia se de por medio de otro.

Tampoco termino de entender esta afirmación y por ello no estoy de acuerdo: «El personaje que hace de narrador es obra del escritor. Es el escritor quien decide cómo narra la historia el personaje y qué lenguaje emplea. Afirmar que el personaje es independiente de él es una falsedad.» Que el personaje sea obra del escritor no implica que el escritor tenga que narrar la historia sin contar con el personaje. Si yo doy muerte a un personaje en la historia, no puedo hacerlo aparecer después sin explicar el hecho de su  reaparición. Lo mismo para la cuestión de cómo se expresa el personaje, sea este personaje narrador o no dentro de la historia. Entiendo que uno valore lo que incluye en la forma de expresarse de los personajes, si quiere darles «independencia» o no. Yo creo que es una decisión estética y ética.

Francisco Umpiérrez dice: «Si el personaje emplea un lenguaje homófobo es responsabilidad del escritor» 

Con esta afirmación no estoy de acuerdo. Yo soy el creador del personaje pero no responsable de su comportamiento ético dentro de la historia. De lo que sí puedo ser responsable es de mi comportamiento ético en relación al propósito creativo de la obra y de mi ejercicio injustificado del derecho a la libertad de expresión. Esto es, si yo estoy tratando un tema socialmente delicado debo hacerlo con responsabilidad y en esta responsabilidad entiendo que cuenta fundamentalmente el propósito creativo conforme a un fin y la justificación de la forma de expresarme.

A mi entender estos son límites necesarios y por consiguiente a considerar.

David Galán Parro

30 de diciembre de 2023

Soneto IV

Si afirmar es negar, según Spinoza,

amar y no amar inmediatamente

se confunden con vértigo creciente

en cada una de las cálidas cosas.

Vive en un te quiero el odio escondido

en solo un beso, los labios sedientos,

en una caricia, la piel al viento,

y en la fugaz promesa, el sueño herido.

Pero en ellas anda también inmerso

como se desanuda el duro nudo

como se vuelve por sentido inverso

del desamor hacia el amor desnudo

para que hagan los amantes el ciclo

para que gocen ya siempre el periplo.

David Galán Parro

26 de diciembre de 2023

Presa abatida

Sobre el promontorio, dominando la ensenada, se encontraba el pequeño cuarto de aperos que Damián había heredado tras la muerte de su madre y que luego hubo de reconvertir en estudio. A él acudía para pasar algunos fines de semana al año en busca de paz con la que poder liberar ideas y escribir. Pero ahora había decidido mudarse por más tiempo allí: acababa de romper con su novia y no quería ver a nadie. Una mínima tecnología instalada en la casa le permitía teletrabajar sin horarios fijos. Dos días habían pasado desde su llegada.

Era de noche. La luz de la luna se colaba por una de las ventanas aliviando la oscuridad del cuarto. Frente a la página en blanco del portátil, se desesperaba. Prendió un cigarrillo, se levantó y se apoyó en el alféizar a observar. Divisaba la arena plateada de la playa con las olas refluyendo sobre ella. Más allá del rompiente todo era unánime tiniebla.

La ya familiar desazón le iba ganando el vientre. Necesitaba aire.

Cogió un abrigo y salió. El viento le dio en el rostro. Una escalinata incrustada en la roca y con faroles en los recodos serpenteaba por el acantilado conduciéndole hacia abajo. Descendió y llegó hasta la playa. Luego orientó sus pasos hacia la linea de luces que era la ciudad en el horizonte. Atravesó un brazo rocoso que cortaba la costa penetrando apenas en el rompiente. A partir de él, a su izquierda, iba dejando unas rudimentarias casas de fachada blanca y planta única que se ocupaban en verano y que ahora estaban deshabitadas. Miraba sus ventanas imaginándose tétricamente observado.

Al poco rato en la puerta de entrada de una de ellas vio prendido un farol. Se detuvo. El farol oscilaba en su aplique por la acción del viento volteando las sombras en la fachada. Alguien estaría habitándola en ese momento. Pensó entonces que su presencia, allí parado, podía incomodar al morador si éste le viera. Eso y la humedad calando su cuerpo le sugirieron el retorno a casa.

A la mañana siguiente, tomando su café se asomó de nuevo a la ventana y entrevió, caminando en paralelo a la orilla y acercándose a la base del acantilado donde se encontraba su vivienda, la figura de una joven mujer. Durante días nadie había aparecido por allí. Era de complexión delgada y piel blanca. Llevaba un top y unos panties ajustados. Una melena rojiza venteaba a la par de sus movimientos delicados pero firmes. Al alcanzar el extremo de la playa dio media vuelta y regresó sobre sus pasos. La perdió cuando traspuso el saliente rocoso que le impedía ver la parte de costa en la que se enfilaban las viejas casas. La idea de que pudiera rondar por aquellos parajes una joven solitaria le excitaba el ánimo y se temía de nuevo ansioso.

La página en blanco se resistía otra vez. Desesperado, se levantó y deambuló unos minutos por los rincones del cuarto. Luego se sentó. La ansiedad, como era previsible, volvía. No había tema. No había historia. Su propia vida carecía de historias. Ni la muerte de su madre, ni la ruptura con su novia trascendían más allá de la común anécdota ¿Qué decir? ¿Que la indolencia y la desafección que siguió después de estos hechos no le dejaron el más mínimo rastro de sentimiento narrable? Si las grandes ideas emergían de grandes sufrimientos ¿Cuál era su materia prima? ¿Ese hastío, ese agotamiento que le había arrastrado hasta ahí…? En el fondo conocía bien las causas de aquel vacío. Había arriesgado todo por la literatura. Su propia vida era un apéndice que se le antojaba útil tan sólo como sustento de su ansia de crear. Todo, su persona y sus relaciones, con sus debilidades y miserias habían sido obscenamente expuestas y sacrificadas. Nada quedaba fuera de su objetivo. Todo era vaciado de su sufrimiento real, destruido por una imperiosa necesidad de consignación. Su vida hecha detritus y luego succionada por el sumidero del tiempo ¿Y qué había sacado con ello? Nada porque nada había sido contado con verdad, con dolor, con necesidad, porque todo lo vivido era un juego impersonal, un puro material ficcionable ¿Dónde se encontraba el escritor real, aquel que entraba al barro, que podía sojuzgar o sojuzgaba la vida para atrapar como recompensa un pedazo de momento real? Fuegos fatuos, todo había sido ir en pos de fuegos fatuos. 

Salió de casa. Nadaría y se tumbaría en la arena. Pensaba en la joven solitaria. El viento amainaba. Un nimbo gris mercurial uniformaba el cielo y parecía detener el tiempo de la mañana. Repitió el itinerario de la pasada noche: la tosca escalinata hacia la playa en dirección de nuevo a la ciudad; el estrecho brazo de piedra que dividía la ensenada y las casas chatas y blancas que ahora no le parecieron tan tétricas, pero sí tristes. Avanzando un poco más fue cuando distinguió en la arena un cuerpo yaciente. Se aproximó. Era la joven que dormitaba. Entonces ella al sentir su cercanía abrió los ojos, se incorporó acodándose de espaldas y le saludó. Se miraron un instante como lo harían dos antiguos amantes que se encuentran inopinadamente en un lugar recóndito. Eso le animó a entablar conversación…

Se llamaba Eva. Como él, llevaba pocos días en aquel paraje. Le gustaba aquella soledad, la tranquilidad. Nadar le hacía bien, dijo, aunque los últimos días no habían sido propicios para ello. Pasaba unos breves días de  vacaciones. Se estaba despejando, alejándose de asuntos personales.

—Sí, a veces uno lo necesita, máxime cuando dichos asuntos andan golpeando las puertas del corazón —le respondió él. La joven pareció sorprendida al escuchar aquella expresión casi poética—. Queremos creer que huimos del pasado —continúo—, pero éste es una vieja sombra aferrada a nuestros pasos. El pasado pertenece a los dominios de la muerte, propuso Séneca. Deduzco que no somos más que un instante aplastado por su dominio porque pasado y futuro tienen el mismo sustrato: el no ser.

Ella escuchaba con atención, como si aquel modo de hablar le fuera familiar y necesario.

—Siguiendo sus palabras le puedo decir que deseo olvidar —dijo entonces—, pero una sombra me persigue.

Para forzar el tuteo que ya la conversación demandaba, él se presentó. Acaso también con la ilusa pretensión de igualar las diferencias de edad entre ambos. Luego preguntó:

—¿Qué sombra? ¿La de alguien que no era deseable encontrar?

Ella desvió su mirada y calló un instante. Se sentía adivinada. Después habló:

—Sí… algo así… Pero… ¿quién determina el grado de lo deseable cuando se ama plenamente? 

—Nadie, la verdad puede erigirse de juez en eso…

—Ya, pero desde fuera muchos lo hacen tachando una relación que no comprenden de tóxica. Eso viví yo. Tal vez estuviera ciega. Tal vez aún lo esté. Me es difícil de saber. En la balanza hay muchos pros y contras. Un hombre que lo era todo para mí era sin embargo el que más me hizo sufrir.

—La entrega absoluta al otro es nuestra destrucción —apostilló Damián.

—Sí. Y más si a quien te entregas tiene más experiencia que tú. 

Entonces la joven le refirió su historia: Había conocido a su amado al calor de las tertulias políticas que se organizaban en los cafés cerca de la facultad donde ella estudiaba. Asistiendo como oyente quedó encandilada por su apasionado discurso en torno a la emancipación sexual de la mujer. Desgranaba razones que difícilmente los demás podían rebatir. Al tiempo trabaron relación y supo de primera mano que era profesor de secundaria y escritor, que tenía diversas publicaciones y libros y que era además un reputado colaborador en periódicos digitales de opinión. Se enamoró a fuego. Entonces él arregló su divorcio, la custodia de los hijos y vinieron las salidas nocturnas, los viajes por el mundo, el sexo desaforado, los alucinados instantes compartidos. Estaba ebrio de vida por ella y ella por él. La joven lo consideraba intelectualmente poderoso y por ello, depositó todo su ser, su confianza, su voluntad y se prodigó sin mesura volviéndose con los años una esclava de sus irrefrenables apetencias en todos los sentidos. En el vórtice genuino de aquella destrucción mutua en la que ella era la parte degradada, él colapsó un día. Postrado en una silla de ruedas después de un ictus fatal que lo fulminó, quedó sin habla y parapléjico para siempre. La vida se cobraba sus favores disolutos de antaño.

La casa de la playa, aquella que Damián había contemplado la noche anterior, era la única propiedad que el profesor le había legado antes de quedar recluido en la residencia. Sus hijos extrañamente habían perdonado su desprecio y cumplían solícitos con las posibilidades del régimen de visitas. Ella, en cambio llevaba cerca de un año sin verle. Debía sobreponerse al trauma, decía. Había regresado devastada al seno familiar y recomponía ahora los lazos con sus padres con mucha dificultad. Era pronto para decir que sentía cobijado su corazón en algún lugar cierto.

Damián entonces le contó su situación personal en un intento de corresponderle y de hacer de la confidencia confianza. Muy rara vez se exponía de aquel modo y si lo hacía era siempre para cobrarse su presa, su material ficcionable. Pero empezaba a estar cansado de su propio hermetismo. Necesitaba fluir, dejarse llevar por la abierta sinceridad con la que inusitadamente se dio la joven. Quizá fuera aquel el día de su liberación, su oportunidad de entregarse al fin a la experiencia, sin fagocitarla en vano. Aquella página en blanco se escribiría sola. Y sobre todo auténtica y verdaderamente. 

Se despidieron no sin antes emplazarse al caer la tarde. Damián necesitaba asimilar lo que estaba sucediendo. La intensidad emocional del encuentro lo había consumido en menos de dos horas de conversación.

* * * * *

Celajes sangrientos, cirros arrasados rasgando el ocaso. La superficie del mar de ópalo azul ondeando veteada por reflejos ambarinos. Desde la orilla la ve emerger y pujar lentamente ganando la espuma derrotada que desfallece en el rompiente. Púberes los senos tiemblan delicados mientras se aproxima a él; llega a él, ésta sobre él. Siente luego el frío roce de la piel mojada, de los ígneos cabellos húmedos, el leve milagro de la pura carne apoyada en su brazo, el goteo trémulo de los pezones que le tantean el pecho, el vientre, los muslos. Toda su epidermis responde estremecida. Unos ojos garzos vuelan silenciosos hacia su rostro y se vuelcan sobre los suyos; después una viscosidad latente envuelve sus labios, la poderosa invasión de una lengua fervorosa, firme y resuelta, horadándolo, buscándolo, ansiándolo.

Al poco, la noche urgente los empuja llenos de deseo hacia la casa donde el farol oscila en al aplique sacudido a manotazos de aire, estrellando las sombras contra la piedra enjalbegada.

Todas las imágenes que acontecieron dentro de la casa y que ambos engendraron conjuntamente en el vértigo del intercambio nadie las vio de manera que sólo cabe imaginarlas, deviniendo las unas en otras, en el denso flujo de una vorágine irrefrenable, de una  pesadilla deliciosa.

Nadie, excepto yo.

* * * * *

Es mi latido ficcionar con la escritura tomando de la vida aquellos sucesos que nos corrompen moralmente. No en otros instantes se encuentra la verdad del hombre. Esa es mi certeza. Siempre creí en esos instantes en que todo queda en entredicho, en que las convicciones se derrumban y nos convertimos primero en reos de ellas, luego en los íntimos adoradores de su incumplimiento y finalmente en inevitables traidores. Vernos reflejados frente al espejo de nuestros definitivos actos repudiables y de los que abominamos argumentando débilmente que son una monstruosa deformación de nosotros mismos, reconocer al fin con atroz lucidez que nos está siendo develada la verdad, la pura verdad de nuestra naturaleza primigenia. Yo me estremezco de placer cuando eclosionan en mi estas dolorosas epifanías. El animal en busca de moral se rinde finalmente al hombre amoral.

Con los escasos detalles que me fueron dados por Eva, mi bella esclava, antes de su salida vespertina de la casa pude ficcionar la deplorable vida de la presa, colega de oficio para burla del destino. La conversación de la mañana que los atesoró preparó a la vez el festín. 

Ahora el cuerpo de Eva es la carnaza definitiva y un agujero en el falso tabique que me esconde, me concede la dicha de ver el espectáculo, mientras mi mano, superviviente de la catástrofe mental que me ató a esta mitad de mí en ruedas, apuntala frenética a golpe de palabra las imágenes que se suceden en arrebato brutal ante mis ojos. Eva sabe lo que quiero, sabe bien lo que me excita y ya hace incluso más allá de lo que mi menguada imaginación me permite concebir…

Yo le enseñé a liberarse de sí misma. 

Yo, el creador de experiencias nuevas; yo, el que las contempla o las vive; yo, el que reúne en simbiosis, el mundo material y el ideal a su capricho para crear historias que consignar, para alcanzar la profundización, la destrucción de lo superfluo, la vida destilada, verdadera, el éxtasis.

Yo, el creador absoluto, el escritor pleno, el dios.

20 de diciembre

David Galán Parro

El elefante y el río

Un elefante que caminaba por la selva pisó sin querer un hormiguero. Como consecuencia de su pisada murieron aplastadas  muchas hormigas y el hormiguero, endeble para él, quedó totalmente destruido. Entonces el elefante al ver a las hormigas supervivientes quejarse les dijo:

—¿Qué culpa tengo yo de ser grande y fuerte y ustedes tan diminutas y débiles? Esto les hace inapreciables e insignificantes para mí. Lo grande y fuerte destruye inevitablemente lo pequeño y débil cuando éste se encuentra en su camino.

Y se fue, dejando a las hormigas llorando y sin hogar.

Días después el elefante y su cría iban por un puente que cruzaba un río. Había llovido intensamente de manera que el caudal se precipitaba con fuerza en su cauce. De repente los pilares, que resistían las embestidas del aluvión, cedieron y el elefante y su cría cayeron al agua. El padre no pudo agarrar a su hijo a tiempo y vio con terrible dolor cómo desaparecía la pobre criatura arrastrada corriente abajo.

  Lo que pasó fue noticia en toda la selva. Las hormigas, que ya habían reconstruido su hogar, cuando vieron al elefante triste y abatido le dijeron:

—Mucho sentimos la muerte de tu hijo, elefante, y en absoluto deseábamos que tal desgracia te aconteciera: Un hijo es lo más querido para un padre. Es ley de vida. Pero debes aprender algo de lo que te sucedió: Según tu manera de pensar, la muerte de nuestras compañeras y la destrucción de nuestro hogar era cosa inevitable dada tu grandeza y fuerza frente a nosotras, seres insignificantes para ti. Igual podríamos ahora decir de tu desgracia: el río por su grandeza y fuerza no pudo evitar la muerte de tu hijo. Sin embargo, el río no puede evitarlo de ninguna manera pues carece de voluntad alguna, no así tú que la tienes. No fueron tu fuerza y grandeza las que nos perjudicaron sino tu descuido, tu falta de voluntad a la hora de poner atención allí por dónde pisas. A diferencia del río, como ser con voluntad y consciente que eres tienes responsabilidad en la consecuencia de tus actos.

El elefante aceptó las razones de las hormigas y pidió perdón. 

Tener una fuerza mayor que los demás nos obliga a ser especialmente cuidadosos con el prójimo más débil.

David Galán Parro

19 de diciembre de 2023

El miedo del caracol

Un caracol de mar se asoleaba sobre una piedra musgosa. De repente una gaviota hambrienta apareció e intentó comerle. El caracol que escapó a tiempo del ataque escondiéndose en su propia concha perdió uno de sus tentáculos de modo que quedó tuerto. A partir de aquello el caracol se encerró en su concha lleno de miedo.

Unos días después un cangrejo amigo que se dio cuenta de lo que pasaba le dijo:

-¡Caracol! No dejes de hacer vida normal pese a tu miedo. Tu actitud te perjudica. Debes al menos salir a buscar tu sustento.

Pero el caracol que lo escuchaba dentro sin decir nada no hizo caso del consejo y al cabo de un tiempo murió de hambre.

Si escapaste de una desgracia, lucha para que luego su trauma no te destruya.

David Galán Parro

18 diciembre de 2023

La abeja experta

Erase una abeja a la que sólo le interesaba polinizar. Se regocijaba tanto en esta tarea que no dedicaba esfuerzo alguno a libar néctar y  producir miel que llevar a su panal.

Otra abeja que la veía trabajar le dijo entonces:

-¡Compañera, no seas negligente en la totalidad de tu trabajo! Vas a tener problemas si así sigues. No se trata sólo de acarrear polen de unas flores y depositarlo en otras. También debes aprender a hacer miel.

-No veo por qué debo aprender una tarea que me desagrada. Además si concentro mi esfuerzo en polinizar seré en ello la mejor de toda la colmena.

Y siguió polinizando sin tomar el consejo.

Al cabo de varios días una abeja encargada revisando la cantidad de miel en los panales de las obreras halló que el de nuestra abeja estaba completamente vacío. Cuando la encargada le pidió explicaciones ésta le dijo que no sabía hacer miel porque se había hecho experta en polinizar. 

Fue así que la expulsaron de la colmena por incapaz y se quedó sola.

En la vida no pongas todo tu interés y esfuerzo en una única actividad; esto puede volverte incapaz para otras también importantes.

David Galán Parro

14 de diciembre de 2023

Los elogios del cuervo

Una ardilla construía su madriguera porque se avecinaba el invierno. Un cuervo que estaba subido a la rama de un árbol le dijo:

-He oído decir que eres una excelente constructora de hogares ¿Por qué no me ayudas a construir mi nido aquí en lo alto? Quiero que sea el nido más espacioso y cómodo del bosque, y creo que sólo contigo puedo hacerlo. Muchas ramas secas necesitaré para ello. Luego podrás decir que fuiste parte creadora de esta construcción única en todo el lugar. 

Oyó estos elogios la ardilla y sintiéndose complacida se prestó a subir y a bajar por el tronco para acercarle al cuervo ramitas secas con las que hacer el nido. 

Así estuvo varios días ayudándole sin descansar de manera que cuando llegó el invierno aquel nido único quedó a tiempo terminado, no así su propia madriguera.

Entonces la ardilla viendo que iba a ser mucho el frío, le pidió al cuervo refugiarse en el nido construido por ambos; el cuervo le dijo:

-Muy abnegadamente me has ayudado, amiga, y muy agradecido te estoy por ello. No obstante este nido no es adecuado para un animal tan pesado como tú, y aunque cabríamos los dos en él, no puedo por dicho motivo acogerte. Lo siento.

A los pocos días de estar sin refugio la ardilla murió de frío.

No te ciegues con los elogios que te dediquen los demás hasta el punto de perder de vista tus propios intereses.

David Galán Parro

12 de diciembre de 2023

Conceptos vivos

Soy un hombre muy teórico. Es uno de mis principales defectos; uno de esos defectos que no te permiten vivir con plenitud. Los sentidos empañados por esa obstinada introspección que vuelca mi atención hacia dentro no dejan que en mí entre el aire fresco que renueve mis conceptos. Soy interiormente más un viejo museo de reliquias conceptuales que una selva de conceptos vivos. No reniego de esta realidad más interesante para un paleontólogo que para un biólogo, sino que procuro ciertos esfuerzos de inversión de ella.

* * * * *

Supongan que tengo el contenido del concepto de mesa en mi interior y que así más o menos reza: «mueble formado por un tablero horizontal sostenido por tres o más pies que sirve para comer, escribir, estudiar, o dejar cosas encima.»

Como soy hombre no perceptivo y poco práctico no observo el hecho de que el objeto mesa puede evolucionar, de modo que un día no me percato de que hay mesas en las que un lado del tablero esta prendido a otro tablero vertical y que en consecuencia la horizontalidad del primero necesita de solo dos pies; o no me percato de que hay mesas que mantienen la horizontalidad del tablero en base a un solo pie que sale de su baricentro y se ensancha hacia el punto de apoyo al suelo. Si este hecho ni lo observo ni me lo represento ni lo integro al contenido del concepto de mesa que tengo, este concepto estará para siempre en mí con un contenido inamovible. En cambio si este hecho lo observo, me lo represento, y lo integro al contenido del concepto éste quedará modificado así: «mueble formado por un tablero horizontal sostenido por uno o más pies…»

* * * * *

Hace unos días tuve un encuentro muy interesante con una pareja de jóvenes maestros. (Normalmente cuando nos encontramos los del gremio hablamos de manera ilusionante sobre nuestra profesión hasta el punto vergonzoso de apartar de la conversación a cualquier otra persona que no se dedique a nuestro oficio.) Referiré una historia hermosa y conmovedora, que ella, la maestra, me compartió. Por mi incorregible pretensión literaria y por mi impreciso recuerdo me arrogo el derecho de no ser del todo fiel a la verdad.

Hablábamos de la educación familiar del alumnado y conveníamos que ésta está determinada muy fuertemente por las condiciones materiales de las familias. Entonces surgió la contradicción entre el concepto de familia que teníamos por nuestras personales condiciones de vida y por nuestra educación y la diversidad de modelos familiares que se iban integrando poco a poco en la sociedad actual.

Yo aporté un ejemplo: En una de mis clases, en las que tenía que explicar el tema de la familia, yo iba con la intención de señalar tan sólo ese modelo que dominaba más en mi época: padre, madre e hijos relacionados básicamente por lazos biológicos. Como era el modelo dominante de mi época y como apenas renuevo los conceptos en mi interior a punto estuve de cometer el fallo de limitar la percepción de la realidad familiar actual en mis alumnos y alumnas a ese concepto mío antiguo ¿Cómo podía estar ciego ante esa realidad que se mostraba ante mi en la propia vida de ellos: niños y niñas mantenidos y criados por el esfuerzo de sólo una madre o un padre, de los abuelos, de una pareja homosexual,…  Cuando me percaté de este hecho en mí tuve que corregirme y señalar la diversidad de familias que ahora imperan y se aceptan con total normalidad.

Entonces la joven maestra refirió una historia en la que se proponía un modelo más difícil de concebir. Un modelo fruto de la globalización mundial, del desequilibrio brutal entre las regiones económicas a nivel planetario; fruto de las más desesperadas luchas por la supervivencia, ajena a nuestros estómagos resueltos, a nuestras consciencias a veces idealmente sufridas…

En su colegio se habían matriculado un grupo de niños inmigrantes subsaharianos que tenían tras de si una historia atroz de supervivencia a bordo de pateras. No se podían certificar ni edad ni nombres ni pasado de ninguno de ellos. Niños que surgían vomitados por la miseria y que, excepto sus ganas de vivir, nada más traían consigo.

En una de sus clases la maestra explicaba el mismo tema que me tocó  explicar a mí y pidió a cada niño o niña que describiera oralmente a su familia. Cuando le llegó el turno al niño inmigrante, esté se levantó y sin poder articular una sola palabra de un idioma para él aún ajeno, abrió sus brazos e hizo el gesto de abarcar a todos los presentes y de allegarlos a su pecho.

Cuando la joven maestra terminó el relato yo sentí que aquella historia me emocionaba, me renovaba por dentro y a la vez me descubría algo que se me antoja verdadero: la necesidad en última instancia renueva el concepto.

David Galán Parro

9 de diciembre de 2023

Árboles que quizá algún día veremos

…Y aquí estoy escribiendo mientras la espero, no sé cuando llegará, no me convoca a una hora, dice, ya apareceré, espérame, y sin embargo, el día antes me suelta, no hagas planes con otras personas, la ansiedad me repiquetea en cada uno de los músculos, en el estómago, en el pecho y me pone en la garganta un amago de llanto infantil vergonzoso, tengo cuarenta y ocho años y un hombre no debe llorar por tener ante si una amenazante soledad, una pretensión de amor incumplida, una soltería perpetua en el horizonte cercano, aunque… ¿no son esos pequeños gestos egoístas de ella los que anticipan la caída de mi esperanza? no tengo porqué decirle cómo me devasta verme expuesto así a su tiempo impreciso ¿acaso debo aclarar esto: que no merezco ser objeto de sus arbitrios y contingencias que en nada me incumben? si esto le reprocho, dirá que se siente presionada, atada, que esa no es la forma que eligió para estar conmigo, ¿y entonces? ¿cuál es la forma? ¿ser yo un complemento aledaño de su voluntad? las cuatro paredes de esta mala casa en penumbra se derrumban sobre mis ojos ansiosos, por lo que voy a necesitar respirar a cielo abierto cuando ella se presente, pero para eso también tendré que pedir permiso, tendré que convencerla para disfrutar de una conversación en el rincón de alguna pequeña cafetería, para pasear por las calles o el bulevar ¿veremos algún día sus árboles como le prometí? todo es hermetismo en ella y en mi, falsa discreción o cobardía lacerante, de modo que todo se vuelve conjeturar de qué miradas se esconde, a quiénes no quiere de testigos, esta huída de casi un año lo asfixia todo, lo engulle todo, lo aniquila todo, nada se me asemeja tanto a la soledad que depara la vejez al común mortal ¿será así la mía? ¿como esta vida proscrita, despoblada de relaciones espontáneas? esta vida que ella me impone por no sé que miedos inconfesados pero ¿y si descubre Anita que ando con él? no puede enterarse, no lo soportaría, apenas un año ha pasado y todavía pregunta ¿cuándo volverá papá, mamá? y cómo explicarle ahora que no puede ser, que ya eso se acabó, que hay cosas que no se pueden perdonar porque el corazón por más que se empeñe no las perdona, y ella me insistirá con su inocencia, y sé que anda aún llorando nuestra ruptura, y mirará a Alberto, y le hará la misma pregunta que a mi, y le romperá el corazón a ese bendito hombre que ninguna culpa tuvo al fin y al cabo ¿y yo la tengo? sin ilusión una puede hacer cosas que en frío no haría, ¿y ahora? a curar esta tristeza que llevamos las dos como procesión por dentro, y que nos entierra hasta no se sabe cuándo y ¿hasta cuándo estaremos enterrados ella y yo en esta tumba de razones vedadas? ¿qué suerte de relación es ésta que no me deja deambular por las calles prendido a su leve cintura? ¿no es acaso pusilanimidad esta consignación de mi sed de amor? otros ya hubieran desertado de tanta incertidumbre, de tanta falta de plazos y planes, de tanto futuro preñado de nada, y sin embargo, aquí estoy tal vez consumiendo un tiempo que no me será devuelto, un tiempo en el que quizá me esté autoengañando, queriendo creer que la palabra noviazgo, dicha así ligeramente en nuestras conversaciones, implica un tácito consenso respecto de su significado, queriendo creer que mi sacrificio demuestra un amor puro, desinteresado ¿a qué aspiro con esta falsa entrega de mi mismo? ¿qué gano? los años que me restan, pocas posibilidades me brindan para levantar un nimio hogar familiar ¿quién me asegura que me abrirá las puertas del suyo ya consolidado con su hija? y andará con otro, la muy puta, que no tiene vergüenza, ni le dolerá el corazón con lo que hizo, y venga a decir que todo fue un desliz que no sabía lo que hacía, y César callado todo ese tiempo, y yo sospechando que algo pasaba entre ellos porque él me apartaba la mirada, y eso nunca me lo hubiera hecho ni de pibe cuando mamá nos regañaba a los dos porque nos peleábamos, y él tenía que pedir perdón como mamá decía que lo hiciera cuando nos encaraba, y mamá ¡pídele perdón! y César me mantenía el cabrón la mirada, y me retaba y se emperraba en no decir la palabra, y no la decía y le pegaban e iba al cuarto, y al final no la decía, y ahora el muy cabrón no me da la mirada cucaracha asquerosa y cobarde, y la cobardía tiene su alto precio que en mi caso es verme despojado de todas las posibilidades de alcanzar una vida terrenal plena ¿en qué momento mi indolencia me privó de ser padre? ¿para qué mi dedicación artística e intelectual absoluta, si a la hora de la verdad, estoy más hambriento de las cosas que aquí se quedan, que no nos llevamos, que no trascienden, que de aquellas que me prometían el parnaso secular? ¿de qué he huido todos estos años parapetado en esa vieja sabiduría de libros muertos? Y ahora llega ella, y me enjaula con sus hábitos huraños, que rehuyen el más elemental disfrute compartido, de manera que si antes era yo conscientemente el carcelero de mi mismo, ahora lo es inconscientemente ella ¿o tal vez lo siga siendo yo y no quiera reconocerlo? porque ¿es ella el elemento decisor? ¿o no hablará en mi más la necesidad de estar acompañado a toda costa, que una libre decisión propia? ¿No será que el miedo a la soltería regresa de nuevo con otro bello rostro único a mi vida? ¿o quizá ese miedo nunca me abandonó? y me abandonó sí, como merecí y no puedo reprocharle nada, ya sólo queda no estirar más y más la situación porque Ana está de por medio y dejar pasar más tiempo hasta que Ana deje de preguntar por él y él me dé un poco de cordialidad que alivie a Ana y que vaya dejando atrás ese rencor que no hay quien se lo arranque, y que cuando desaparezca, que aparezca una mujer que le ame como no pude hacerlo yo, y yo pueda ya al fin pasar página de verdad, y hacer una vida más normal más aceptada por todos ellos y sin que tenga que esconderme, que estoy harta de esconderme, para que ellos no le vayan con el chisme que lo complique todo, que no tengo culpa ¡que no! que las cosas del amor nadie las ve de antemano me decía abuela Chari, al contarle que me gustaba César en el instituto, y César pasando de mí entonces, y era verdad lo que esa bendita mujer decía, que ahora lo sé aunque me duela ver delante ya esas cosas cuando Ana pregunta por su padre, mientras yo estoy deseando como loca que llegue el día de poder contemplar al fin y sin miedo, los árboles del bulevar paseando al lado de Mario… y ¿cuál era su timbre? ah sí, éste, debe ser ella, sí, al fin, se acabó escribir…

8 de diciembre de 2023

David Galán Parro