Los otros dos

Es extraño: nosotros a la luz del día y ellos reencontrándose al caer la noche.

Son ellos, los otros dos, los que se descubren desnudos a través de palabras escritas que la distancia impone. 

Son ellos, te digo, los que se deslizan furtivos y, traspuestas las tediosas horas, sobrevuelan el plácido sueño de las masas que levantan con anónima tenacidad esta maravilla llamada mundo. A éste le roban una parcela para amarse.

A ellos dos, mi amor, les envidiaremos algún día esa felicidad que comparten en secreto.

Son los amantes que nos dejó la noche para que desesperemos de nuestra singladura miserable de máscaras, trajes y relojes.

Esta noche retozaron más ávidos, más compenetrados, más alejados de este mundo físico. Sus mensajes de amor quedaron cifrados. Nadie, ni ahora ni nunca, podrá desentrañar el enigma de ese lenguaje íntimo. Los trovadores enmudecerían fascinados de saberlo. Los más dotados arqueólogos venideros llorarán de impotencia sobre la osamenta de su pasión inescrutable.

Pero espera…

Ya la sombra infinita se expande en el firmamento. Ya regresan los ejércitos laboriosos a su descanso tras la dura jornada. 

Ya ellos, los otros dos, ansiando de nuevo volver a esta nuestra joven carne para hacer de las suyas…

26 de diciembre de 2022

David Galán Parro  

Vendaval

Entras como vendaval para arrancarlo todo. Lo anterior a ti eran pequeñas brisas en las que yo hacía concesiones para simular o anticipar algo parecido a tu venida. Pero ¿cómo iba yo a saber de tu fuerza que todo lo devasta?

¿Qué me salvará ahora? 

No me salvan las voces muertas que habitan los libros, aunque en ellas se encuentre la sabiduría necesaria para sobrellevarte.

No me salvan las sonrisas satisfechas de los comensales, las botellas descorchadas escanciando su vino, las canciones en las mesas donde me pierdo para olvidarte un instante. 

No me salvan las auroras que dan nacimiento al mar de cada día. 

Estas en mi pecho, sobre cada respiración, doliendo,  haciéndome saber que no son de otro estos pulmones que  ansiando el aire muerden despiadados mi corazón. Te llevo inevitablemente conmigo.

Y yo me pregunto: ¿cómo me salvaré después cuando, tras el vendaval que eres, todo sea volver sin ti a mi vida de trajes grises y apremiantes relojes vendidos a la rutina?

19 de diciembre

David Galán Parro

La realidad no está ahí para ser pensada ni para ser narrada

El trabajo de hoy tiene como objetivo criticar el comportamiento intelectual. Algunos intelectuales creen que la realidad está ahí para ser pensada y ser narrada, pero lo cierto es que la realidad está ahí para ser vivida y ser transformada. Y la realidad que vives y transforma ha sido previamente creada y es fruto de transformaciones sucesivas previas. Pero en esa realidad también está el pensamiento cristalizado. ¿Qué es el pensamiento cristalizado? El pensamiento que ha planificado los objetivos a cubrir y ha guiado la actividad de los agentes prácticos. El comportamiento intelectual que yo critico es el comportamiento de algunas personas que piensan la realidad sin vivirla, que piensan la realidad con escasa experiencia sensible sobre la misma.

Lo que yo les pido a estos intelectuales es que aumenten su experiencia sensible y les pongan el índice cero a las conceptualizaciones. Los conceptos se elaboran con percepciones y representaciones. Pero si tu experiencia sensible es pobre, entonces tus percepciones y representaciones serán escasas. De ahí que los conceptos que pongas en movimiento, por una parte, tengan pocos materiales de los que nutrirse, y, por otra parte, carezcan de blancos a los que apuntar. Hay otro aspecto a tener en cuenta, los conceptos suponen también la negación de la sensibilidad, la reducción de la multiplicidad a la unidad, y la superación de las apariencias para quedarse solo con las esencias. Así que repito: deja de conceptualizar durante un tiempo y enriquece tu experiencia sensible. Otra ventaja: si enriqueces tu experiencia sensible, dominarás el pensamiento directo; mientras que, si tienes una pobre experiencia sensible y una tendencia dominante hacia la elaboración conceptual, tu pensamiento será inevitablemente tortuoso en muchos casos, y en muchos otros, formal, esto es, vacío.

16 de diciembre de 2022

Francisco Umpiérrez Sánchez

¿Qué hago ahora yo con esto?

¿Qué hago ahora yo con esto?

Con esta atroz lucidez que de repente devela lo insípido de una vida organizada y previsible. 

Con estos relojes de muerta espera que solo atienden a la sonrisa tuya que el mañana promete.

Con estas palabras (¿para qué las quiero?) que van inevitables y necesarias al papel como la lluvia a la tierra y solo obedecen a una lógica universal aún por desentrañar.

Con estos libros que colman mis estanterías, si en ellos no escucho tu voz.

Con este arrullo de olas que ya no da la paz.

¿Qué hago ahora yo con esto

¡Dime! Porque tú lo has traído sin pedir permiso.

14 de diciembre de 2022

David Galán Parro

Agradecimiento a Francisco Umpiérrez

“Lo que cada generación crea en el campo de la ciencia y de la producción espiritual es una herencia acumulada por los esfuerzos de todo un mundo anterior… Este heredar consiste a la vez en recibir la herencia y trabajarla… Pero, al mismo tiempo, este patrimonio recibido de las generaciones anteriores queda reducido al nivel de una materia prima que el espíritu se encarga de metamorfosear. Lo recibido se transforma de este modo y la materia, al elaborarse, se enriquece a la vez que se transforma.”

“Lecciones sobre la historia de la filosofía”. G.W.F. Hegel.

Francisco Umpiérrez, yo he recibido de ti una herencia teórica, me he alimentado de ella. Me has ayudado a digerir a los grandes pensadores: Karl Marx, Edmund Husserl, Gottlob Frege, Hegel, etc. He recibido el producto del esfuerzo de tu trabajo con alegría y gratitud y he tratado de hacerlo mío. Pero no he atesorado tu herencia teórica en la forma de quietud sino que he procurado prolongar su vida por medio de la acción, trabajando, con mis aciertos y mis errores, esta materia prima recibida y con la finalidad de elaborar una alternativa metodológica relativa a la enseñanza y aprendizaje de las matemáticas.

La gratitud que de forma pública manifiesto a tu persona no se fundamenta en el elogio fácil y halagador sino en el reconocimiento objetivo de tu trabajo. Por todo ello: Francisco Umpiérrez, ¡Gracias!

Ramón Galán González

Una pincelada sobre La cabina (1972)

El estreno de La cabina tuvo lugar en diciembre de 1972 y posiblemente habría sido inconcebible algunos años antes.

El objeto destaca por el color rojo. Y el color por el que se conocía a los simpatizantes republicanos también era el rojo. José Luis López Vázquez entra en la cabina sin ningún tipo de cuestionamiento. Una vez lo hace, ya no hay vuelta atrás. En ese momento, el protagonista es, inevitablemente, un marginado de la sociedad (o al menos, para el sistema de aquella época). De ahí que la cabina actúe como una especie de recipiente incomunicado y claustrofóbico, y como un objeto de burla para los vecinos que pasan y se detienen. Vecinos que, por el contrario, cambiarán tajantemente de actitud con el regreso de los operarios a escena.

Los señores que recogen la cabina van vestidos con colores militares; son los mismos que la depositaron y la dejaron abierta al principio. Por su comportamiento, más que operarios telefónicos, los individuos actúan como máquinas, como si hubiesen recibido órdenes irrevocables de establecer una táctica. Cuando aparecen, lo hacen con una pita, un sonido atronador. Las risas de los vecinos cesan de golpe; parecen ser los únicos que de verdad merecen el respeto y la sumisión del pueblo. Todos se apartan enseguida, porque para ellos los operarios representan un poder superior. Un poder que supera los conocimientos del técnico que trata de abrir la puerta, y que está por encima de los bomberos y de los propios agentes policiales: el de la clase militar.

Durante el recorrido hacia lo desconocido, la película adquiere un tinte distinto. José Luis López Vázquez se cruza con otra víctima, pero en ningún instante vemos a ningún conductor observar las cabinas con extrañeza. Algunos se burlan desde su coche, pero su actitud no resulta lógica (que no incoherente) cuando se trata de un hombre atrapado. Otros contemplan el panorama como diciendo “Mira, por ahí va otro mal afortunado…”. Todos ignoran la cabina, o lo que es lo mismo, a nadie le llama la atención. Porque el hecho de atrapar a alguien que simpatice con el color rojo se convierte en un acto integrado en la sociedad, en el sistema. Incluso la veneración hacia los difuntos (hacia Dios Todopoderoso) tiene más interés que los que sufren las consecuencias de defender el rojo. Los únicos encarcelados por la incertidumbre son aquellos encarcelados por la propia cabina. Ellos desconocen su destino, mientras que la sociedad tiene muy claro cuál es el precio a pagar por ayudar al “otro”.

Por otro lado, Antonio Mercero también presenta uno de los estamentos más marginados de la sociedad. Los payasos, el núcleo más desgraciado del pueblo, al otro lado de la “frontera”, observan atentos al protagonista como si se tratara de un espectáculo de circo. Existe cierta compasión en sus ojos. Parece que ellos son los afortunados cuando los comparamos con el hombre de la cabina roja.

Con la presentación de la fábrica, llega el momento de la revelación. Todos los atrapados por las cabinas, todos los que se han visto relacionados con el color rojo, serán engullidos por un destino común. Y esto ocurrirá más allá de la urbe, en la discreción absoluta, casi en el exilio, como el reflejo de un sistema que, idealizado por muchos, estaba lleno de oscuridad de puertas para dentro. Un sistema incesante que retomará el inicio de este relato con la misma frialdad con la que empezó.

Carlos Martín Vega

8 de diciembre de 2022

El pensar reflexivo o ideativo

Toda persona que escribe o realiza una tarea práctica lo anima el pensamiento, pero no piensa cómo escribe lo que escribe y cómo hace las cosas que hace. De ahí que sea bueno que de vez en cuando se pare y reflexione sobre el cómo piensa y cómo lo hace. Donde hay mucho pensamiento reflexivo hay pocas palabras. ¿Por qué? Porque reflexionar es darle muchas vueltas a la misma cosa o a la misma idea.

Lo que cuento ahora lo vi en un capítulo de una serie titulada Espiral. Una mujer de unos cuarenta años, embriagada y hablando y riéndose sola, atraviesa un puente no muy largo, se sube al muro que flanquea el puente y se dispone a suicidarse abriendo los brazos. Debajo se ven pasar los trenes, silenciosos -porque el director le anuló el sonido-, pero todopoderosos, inconscientes de la tragedia que se avecinaba. Luego pasa un camión y nos quita la visión de la mujer suicida. Y una vez que pasa el camión ya no vemos a la mujer.  

Esta escena puede ser escrita de distintas maneras y puede incluso ser modificada. Y lo bueno sería hacerlo. De ese modo reflexionaríamos sobre el cómo contar un mismo suceso. Pero el pensamiento que anime la narración debe tener raíces sensibles. El hecho narrado no solo debe ser pensado, sino también sentido. ¿Y la forma estética? Debe ser lo último o no debe estar en primer plano. La estética debemos buscarla primero en el contenido y luego en la forma lingüística. Lo que debemos evitar es que la forma lingüística oculte o dificulte la percepción del contenido o domine sobre el contenido.

Una reflexión más. Cuando veíamos a la mujer embriagada caminar sola por el puente, ya imaginábamos que se quería suicidar. Su intención era manifiesta. Pero nos apercibimos de su intención porque además conocíamos los hechos anteriores que le habían producido su estado de enajenación. Su hija de no más de dos años había sido asesinada por su niñera. Sus suegros la habían denunciado por negligencia. Y el juez decretó su culpabilidad, aunque sin pena de cárcel. El mundo se le había venido en cuestión de semanas encima y acabó con su salud mental. 

Y cuando ya no la vimos más sobre el muro, una vez que el camión había pasado, nos la imaginamos tirada boca abajo sobre los raíles del tren, inerte, y una gran mancha de sangre rodeando su cara. En el cine se produce lo que se produce en el lenguaje, una parte la pone las palabras y las imágenes, y la otra, la imaginación del lector y del espectador. Pero todo debe estar avivado por el sentir, sin el cual el espíritu carece de latidos, de alegrías, de horrores.

16 de noviembre de 2022

Francisco Umpiérrez Sánchez