El momento insospechado

El tiempo solo pasa para cumplir el momento en el que habitan las formas elementales de palabra, beso y caricia. Hacia él viajo y en él estas formas se amalgaman para definir la otra, inefable, íntima, secreta y anhelada, que las contiene.

En ese punto de tiempo fulminante me esperas corpórea; en ese ínfimo punto perdido que la vastedad de los ciclos eternos de planetas y estrellas aplasta.

En el lapso de tiempo que a él me lleva, todo me agrede: la luz del cielo insulta mis ojos que te buscan haciendo inequívoca tu ausencia; los sonidos mundanos demoran el remanso de tu voz; el aire preñado de cuchillos profana mis pulmones; una suerte de fiebre trepida por mi pecho ansiando tus manos; y mis músculos se crispan extenuados reproduciendo una y otra vez sus rancias enseñanzas adquiridas…

Es la molienda de mi cuerpo vívido traspasado por ti, suspendido en el atroz intervalo que te precede y anuncia.

¿No andará pidiendo mi cuerpo con ese estado rebasar la última frontera irreversible para encontrarse con tu pura forma infinita?

¿No será ese el momento perfecto e insospechado hacia el que viajo?

29 de enero de 2023

David Galán Parro

El veneno del escorpión

Regresé con el odio aferrado al corazón para consumar mi venganza.

Por los siglos de los siglos gracias, Crueldad Humana, por instruirme…

Aquí las cuerdas que aprisionarán tus muñecas cuando implores en vano clemencia. 

Aquí la estaca que horadará tu bajo vientre lleno de heces. 

Aquí el ácido que te salpicará el rostro perfecto hasta lo irreconocible.

Aquí el cuchillo que abrirá las bocas que vomiten tu sangre última.

Aquí la gasolina que prenderá hasta hacer de ti una aullante llama retorcida. 

Aquí, el costal de esparto que colmaré con tu carne calcinada y algunas piedras; aquí, las ciénagas por las que arrastraré su pétrea pesantez; aquí, el abismo de puente y aguas oscuras que lo engullirá hacia el lecho ciego del río.

Hasta aquí también, estas fraudulentas palabras que ansias venenosas en mi para que ellas me aten y me empalen y me desfiguren y me rajen y me quemen y  me abismen y me pierdan para siempre.

Y sin embargo, es falsa la vieja creencia: el escorpión nunca se inmola con lo que crees para él y es para ti, veneno.

22 de enero de 2023

David Galán Parro

De repente ahí, tú

De repente ahí, tú, como milagro de Dios, ocurrencia improvisada, capricho del destino. Tú, que nadie esperaba. Acaso sin progenitores, concebida. Una chispa de ciega esperanza que la naturaleza prodiga sin dar razones. Eso parece cuando apareces y así transfigurada en mujer intrépida y noble enraízas tu sueño al mío, lo atas a mis pies y me aprontas la marcha  sin miedos hacia las puertas de mi liberación.

Aún llevo la mirada incrédula de quien se siente tocado por una suerte inmerecida. Espero que mis incertidumbres no sean las trampas que den al traste con todo y que me devuelvan a ese remedo de vida en el que se representaba la magnificencia de un mundo moral de elegidos para la gloria.  Falsa gloria de la que reniego cuando a través de tus ojos veo el fondo humilde y sin pretensiones que me regalas en cada segundo que apuras conmigo.

A tu lado camino mientras me susurras al oído: «No tengas miedo, tonto, la verdadera gloria esta delante de ti: ser el que quieras ser en todo momento.»

David Galán Parro

11 de enero de 2023

Y si mañana no fuera cierto

Y si mañana me despertara y no fuera cierto y no tuviera tu sonrisa ni tus manos para llenarme de calma y no me bastaran palabras amigas de consuelo y no me salvaran los sabios libros que atesoro y no me quedara sino solo un imparable deseo de ti, un vano goteo de caras hueras, una quebrada voz caótica.

¿A dónde iría yo entonces?

¿Qué mares y tierras remotas habría de recorrer para inventar la nueva vida?

¿Qué amistades aliviarían mis desaforadas horas de angustia?

¿Qué tareas buscarían mi mano y mi mente con las que rehuir el vacío?

¿Qué sombra me cobijaría de ese sol atroz que sería tu ausencia?

¿Qué sueños profundos me refugiarían de tu recuerdo?

¿Qué lluvia invocaría para apagar mi sed?

Y si mañana me despertara y tras tu pérdida no hubiera mañana sino solo asideros inciertos; guijarros desprendidos que me precipitan al abismo de ese vasto universo indiferenciado que implosiona de pura nada…

¿A dónde iría yo entonces?

David Galán Parro

11 de enero de 2023

El miedo compartido

Espera, no institucionalices tus miedos. Déjalos dentro de ti, como argamasa informe y sucia y busca arrancarlos con el poderoso martillo del conocimiento antes de que se enquisten y hagan más impenetrable el muro en el que emparedas tus ansias más primigenias de comprender.

Espera, no institucionalices tus miedos. No quieras que el verdugo accione la palanca. No hagas más lacerantes las concertinas. No invoques la piel estigmatizada y los ghettos, preámbulos ellos de los campos de exterminio. No escores el barco haciendo piña a estribor con tus iguales: a babor hay alguien que en su fuero interno es cómo tú y no podemos zozobrar.

El cuchillo más afilado del odio es el que no se sabe cuchillo del odio.

Sé que es difícil y más en los tiempos que corren.

Yo solo te digo: no seas el hijo favorito del miedo institucionalizado y por ello, el acólito  recalcitrante del odio institucionalizado.

Pero si los miedos se enquistan y el muro del odio se alza sin remisión dentro de ti, espera, date tu tiempo y sigue escuchando las voces de los muertos y de los vivos. No olvides que, estés donde estés, eres el hijo pródigo de una Humanidad que te necesita.

5 de enero de 2023

David Galán Parro

Los jueces, la luz y el niño

La penumbra y el aire frío de esta celda son su reclamo.

Llegaron silenciosos, flotando. Ahora se colocan en torno al catre en el que intento dormir. Los faldones de sus togas manchadas de muerte levemente desceñidas ondean. Sus ojos llenos de recriminación fulguran como carbón ardiente. Envuelve sus demacrados cuerpos una piel acartonada que espanta la luz. Estoy aterrorizado. Sobre mi rostro acercan los suyos. Siento el hálito venenoso de su perfecto odio quemando mis mejillas. Sus palabras laceran mi corazón: «No la mereces a ella. No has hecho lo prescrito para merecerla. No tienes iniciativa. No tienes valor. No fuiste ni serás entregado. Eres egoísta. No podrás amar al prójimo porque no hiciste para amarte a ti mismo. Estas condenado a no alcanzar la vida plena. No quisiste estar con nosotros y por ello nunca podrás ser sin nosotros.»

Son los fantasmas de los jueces que antaño dictaminaron mi prisión perpetua y que la ansiaban para regocijo del cumplimiento absoluto de su despiadada moralidad.

Así hablan y la leve luz que malvive en la celda va huyendo poco a poco sin esperanza alguna. Es la noche infinitamente insomne: saberme muerto en vida.

Siento el horror al caos que se avecina. Sin los jueces soy una abigarrada masa de pretensiones incumplidas; una raquítica voluntad arrojada al futuro como trozo de corcho al mar, cometa sin hilo al cielo, piedra ciega montaña abajo.

Escucho las paredes arrastrándose hacia mí, cercándome. El aire se comprime y se espesa en el ámbito que mengua. Ya no estoy en una celda. Ahora mi cuerpo ocupa una caja mortuoria. Afuera, las voces lapidarias de los espíritus perversos que preconizaron mi hundimiento resuenan triunfantes. No puedo respirar y mis ojos sedientos de luz se revuelven inútiles en la tiniebla del atroz habitáculo. Desesperado golpeo y araño la lisa dureza negra sobre mí. Siento la humedad sangrante en mis dedos frenéticos heridos por las astillas desprendidas. Me entierran vivo y vivo me quieren en el infierno. Mis fuerzas se extinguen. Ya una plácida renuncia me embarga. Ya mi oscuro cuerpo se diluye en la sombra infinita; ya me sumerjo en el sueño sin retorno.

Pero de repente de una hendidura de la tapa arañada brota un hilo, una veta de luz que la anuncia…

Es ella, absoluta en su entrega incipiente, ajena a su fuerza sanadora, la que se asoma para abrirse camino en la oscuridad del ataúd en el que yace mi cuerpo estragado; ella, que viene a salvarme y a derrotar con su ingrávida naturaleza a los fantasmas de aquellos jueces que inoculándome su sabiduría de libros muertos y su terrorismo moral emponzoñaron mi corazón para hacerme a imagen y semejanza; ella, que ante mis ojos dolientes, desperezados por la luz diáfana, trae las siluetas aún confusas de las elementales formas del mundo que ellos me negaron prisionero.

Salgo de mi ataúd y voy de su mano convertido en un niño.

2 de enero de 2023

David Galán Parro

La espera del dios

Me dices «enajenado»: La imagen que tengo de mi mismo no se corresponde con lo que soy. No me conozco. Tú me conoces. Tú tienes de mi, la imagen objetiva. Eso dices… ¿Cuál se corresponde con lo que soy según tú? La que te has hecho con tus expectativas sobre mi ¿Quién te da el derecho a tratarme según tu imagen? ¿Por qué eres tú el juez, el que decide en esta relación cuál es la imagen que prima? ¿Quién te concedió el derecho? Te lo digo yo: Tú mismo.

Hablas de amor. Como tu amor ninguno. Es el más elevado, el no complaciente conmigo. O lo que es lo mismo «te quiero a mi medida, según mis principios. Espero que tú te amoldes a ellos. Date prisa que me canso y me «duele» esperar y vas a perderme y, en consecuencia, a perderte» ¿Quién te pidió esa espera? ¿Quién te hace merecedor de ella? ¿Quién te concedió el derecho? Te lo digo yo: Tú mismo.

Vuelves a hablar de amor y dices: «Mi amor no fue ciego. Yo te conocí perfectamente. Conozco tu raquítico tamaño del cuál escaparás si te unes a mi. Yo te ayudaré.» La ceguera puede darse o porque no conoces al ser amado o porque no lo quieres ver, apantallando su imagen con tus propias expectativas ¿Sabes lo que se sufre cuando las expectativas que pones sobre alguien se interponen en el autoconocimiento de alguien? ¿Sabes lo que se pierde por el camino? Obviamente no lo sabes porque nunca estuviste en este lado de la ecuación tóxica. Entonces ¿Por qué hiciste de tu amor por mi algo destructivamente ciego? ¿Quién te concedió el derecho? Te lo digo yo: Tú mismo.

No derrames lágrimas por mi. No lo hagas nunca. No tienes derecho. No te creas herido o traicionado. Hazles creer a los demás si quieres. Pero no me hagas partícipe de la distorsión interesada que te haces de tu propia vida para sobrevivir.

No juegues a ser dios: No calientes un líquido contenido a presión. No mezcles aceite y agua. No ganes mar con tierra. No aproximes a la pólvora, el fuego. No intimides a un gato en un cuarto cerrado. No revientes el sueño de la osa acercándote a sus crías. Te repito: no juegues a ser dios porque la naturaleza se cobra sus muertes y yo estoy hecho de esa naturaleza refractaria que no acepta tus cartas. 

No te odio, créeme. Solo que no quiero volver a ser rehén jamás de expectativas ajenas y menos de las que están hechas por una sabiduría a la altura de libros muertos.

29 de diciembre de 2022

David Galán Parro

Mi voz… irá contigo

Mi voz…irá contigo


Su voz ira conmigo…la voz del amigo, las palabras de quien parece hermano, la voz del sentimiento, del corazón…la voz de la amistad.

 
Entre líneas, este sentimiento,  la amistad,  está en nuestro lenguaje cotidiano, en nuestro corazón…desde la niñez.


Ha cambiado de caras, ha cambiado de intensidad, pero nos ha acompañado siempre.

 
Nunca he sentido mayor pesar por nadie sino el día que una persona me dijo sin ningún sentimiento de dolor «que no tenía amigos«.

 
No comprendo como se pueda vivir sin ellos. 


Damos, recibimos, nos acompañan, son sinceros, respetan, son elegidos, con la libertad y el bienestar que da la elección de un sentimiento cercano, humano, y vital.

 
La amistad ha cambiado de exigencias…siendo niños, nos pedía risas, juegos, complicidad y se las dábamos,  sin exigir nada más.


Con la madurez, no exigimos, aceptamos al otro, precisamente porque en esa aceptación, está la magia de la amistad. En ese “estoy ahí” radica la belleza de este sentimiento.

 
A través de los años, los amigos han ido y venido, nos han enriquecido, y acompañado y siempre nos queda  la esperanza de que se haya llevado un poquito nuestro,  en sus vidas.

 
A veces, al pasar del tiempo, alguien te repite textualmente una frase que un día le dijiste, y ni siquiera recuerdas haberla dicho, pero la reconoces por el tintineo que deja en tus oídos.


Ese simple:  » tu voz irá conmigo» ha  hecho que mis palabras, o las suyas hayan quedado en la memoria, para acompañarnos y hacernos sentir unidos, cercanos, con cada uno de nuestros amigos, cuando evocamos su imagen, su voz, sus palabras.

 
Nunca he concebido la vida sin amistad… sin que nos acompañen en trechos del camino, en silencio, a gritos, con risas, con dolor, con presencia o sin ella. 


El aprendizaje de amar a cada amigo es duro y simple a la vez, porque cada uno es diferente, cada uno da y pide de una forma distinta, pero cada uno también, nos da gramos de felicidad de una forma diferente.

 
Sin egoísmo, sin exigencias, sin razones ocultas, ellos están ahí.

 
Es un sentimiento dulce, tenue, vivo, la amistad. 

Su voz….ha ido siempre conmigo como mi mayor tesoro.

Rosa Romero

24 de diciembre de 2022

Sé firme en tu odio

Si me odias, sé firme en tu odio. Que la firmeza sea la huella inequívoca de tu amor de antaño. Aunque hayas amado de manera desacertada por no saber amar. Eso no importa ahora. Somos ciegos en el amor y por ello, también en el odio. Que el error de tu odio no menoscabe su firmeza; y que ésta, en todos los aspectos de la vida, sea para mi un valor al que aspirar. Ya sabré yo con quién, dónde y cuándo aplicarla.

Si me odias, sé firme en tu odio. Que la firmeza, sea también la huella inequívoca de tus convicciones más profundas y, para ti, justas y verdaderas. Yo te quise amigo por esta otra firmeza: la de ser fiel a unos principios de vida. El que sean erróneos no importa ahora, como tampoco el atribuirte garante juez a la hora de prodigarlos sobre los demás. El hombre que busca la justicia puede muy bien caer en la injusticia y pese a todo, ser amado, y por ello exculpado. Alonso Quijano también fue amado y exculpado a lomos de Rocinante.

Si me odias, se firme en tu odio. No bajes la guardia. No retrocedas. Úsalo para inventar un chivo expiatorio con el que tapar tu realidad dolorosa  y miserable que ya tal vez no tengas tiempo de afrontar. Eso es un alivio.

Pero si así no fuera y así un día tu odio cayera, y en ese día no alcanzaran tus fuerzas porque la vergüenza y la culpa te abruman, no te obligues a venir a mi, porque yo, aunque tú no lo sepas, estaré cerca de ti, para celebrar contigo la caída de tu odio y abrazarte con todo el dolor del mundo.

18 de diciembre de 2022

David Galán Parro