Variaciones literarias sobre un mismo contenido 2

Texto original

«Cuando llegó la noche, unas nubes oscuras cubrieron todo el cielo y el frío viento empezó a soplar con más fuerza»

Guanzhong

Variaciones

«Al llegar la noche unas oscuras nubes cubrieron el cielo y el viento arreció su soplo gélido.»

«Ha llegado la noche y unas oscuras nubes cubren el cielo. El viento que dormitaba se levanta con fuerza. Su aliento frío acuchilla.»

«Nubes oscuras dentro de esta noche oscura, indiferenciadas como luces en el día, gotas en océano, bocanadas en viento; y este viento que se despereza  tocándolo todo con su frío hálito.»

«Ya llega la noche con un velo de nubes oscuras a cubrir el cielo ¿Es razonable decir velo siendo este cielo nocturno tan oscuro, ¿Por qué entonces este empeño de la noche en ultimar su tarea inútil? Ya el frío viento acude solícito a descorrer negro sobre negro ¿Quién podrá decir que vio al fin el cielo develado?»

David Galán Parro

Variaciones literarias sobre un mismo contenido 1

Texto original:

«Tus palabras, maestro, son tan claras que las nubes se han apartado y ahora puedo ver el cielo.»

Guanzhong

Variaciones:

«Tus enérgicas y animadas palabras, sabio maestro, están tan cargadas de luz y significados, son tan abrasadoras, que las ingentes y oscuras nubes se han apartado de mi excitada mente y ahora puedo ver el límpido e inmenso cielo azul.»

Francisco Umpiérrez Sánchez

«Tan claras son tus palabras maestro que las nubes se apartan de mi y me dejan ver el cielo.»

«Maestro, se apartan las nubes de mi cuando llegan tus claras palabras. Ahora puedo ver el cielo»

«Vienen tus palabras a mi encuentro, maestro, llenas de luz y significado y con invisibles manos alejan de mi mente las oscuras nubes que me niegan la diáfana visión del cielo desnudo.»

«Palabras tuyas, maestro, hechas de luz y significado, hacia mí acuden para despejar mi entendimiento de negras nubes y regalarme a los ojos, la inmensidad del cielo azul.»

«Maestro, solo en tu boca habitan las sabias palabras que me liberan de esta prisión oscura en que se ha convertido mi mente y que me llevan al hermoso prado donde un cielo abierto, sin nubes, me espera desnudo.»

«¡Oh maestro! Aquí, el cielo azul deshabitado de nubes, cayendo a plomo sobre mis ojos y traído a ellos por tus sabias palabras, caras a mis oídos y a mi sed de luz y significado.»

David Galán Parro

«Maestro, háblame con tus aladas palabras para que las oscuras nubes que todo lo cubre huyan arrastradas por tu sabiduría y pueda ver el cielo en su máximo esplendor.»


«Tan sabias son tus palabras, maestro, que ante mis ojos, ahora, se alza el cielo en toda su grandeza sin que nube alguna empañe su azul existencia.»


«Vierte sobre mis ojos, ¡Oh juicioso maestro!, la claridad de tus palabras, disipa mis dudas que como nubes caen sobre mi entendimiento y muéstrame la verdad que contemplo en el cielo diáfano que tanto anhelo.»


«¡Vivo sin ver! Sólidas y plomizas nubes clausuran mi mirada. ¡Acude a mí, maestro con tus diáfanas palabras. Limpia y descubre mis ojos que el inmenso cielo me está esperando.»


«Con claras palabras habló el juicioso maestro, y las aborregadas nubes que todo lo cubrían fueron arrastradas por un viento impetuoso hasta los últimos confines, quedando el cielo en sí mismo, presente, desnudo y expuesto a mi extasiada mirada.»

Ramón Galán González

La verja

La tarde en que lo supo estaba sentado en el césped contemplando la cordillera. Esta se veía mas allá de los cerros, ahora reverdecidos por la primavera y salpicados de arboledas que se perdían ladera abajo. La lejanía y la cegadora claridad azulaban la silueta de las montañas de tal manera que parecían levitar despojadas […]

El círculo y la espiral

En la vida hay dos formas de moverse: en círculo y en espiral.

Si nos movemos dando vueltas en torno a un círculo, continuamente pasaremos por los mismos puntos. Siempre permaneceremos a la misma distancia del centro. ¿Nos moveremos? Por supuesto que sí. Pero lo cierto es que no nos alejaremos del centro. Si consideramos la verticalidad de sus infinitos diámetros, nunca nos elevaremos ni profundizaremos con respecto al punto de partida. Siempre, y de forma continua, abarcaremos la misma superficie. Un movimiento cíclico sin expansión. Una simple quietud dinámica. 

Por el contrario, al movernos dando vueltas en espiral, nunca pasaremos por los mismos puntos. Todos ellos serán diferentes. Nunca permaneceremos a la misma distancia del punto central. Nos moveremos, hacia arriba, hacia abajo y en todas direcciones, alejándonos, de forma continua, del centro. Ahora, con respecto a la verticalidad nos elevamos y profundizamos, ensanchándose a cada instante la superficie. Un movimiento cíclico en continua expansión. Un complejo proceso dinámico..

Si quiero conocer un objeto del mundo exterior, o un aspecto de mi mundo interior, y me muevo en círculos, pasando siempre por los mismos puntos, al finalizar la segunda vuelta pensaré que no hay nada nuevo bajo el sol, que todos los puntos, lados y aspectos de la cuestión están ya analizados. Perderé la capacidad de ampliar el concepto y siempre permaneceré en la misma particularidad. Mi conocimiento se tornará superficial y limitado. Mi pensar se empobrecerá, perderá sensibilidad y se mostrará incapaz de elevarse y profundizar. Pronto el objeto del conocimiento perderá interés pensando que está superado y viviré en la ignorante creencia del que piensa que sabe.

Si me muevo en espiral, giraré en torno al mismo objeto pero cada vuelta  representara un nuevo conocimiento que englobara y superara al anterior y, al mismo tiempo, se abrirán nuevas y desconocidas perspectivas que despertarán mi interés. De este modo, mi conocimiento se irá elevando y profundizando. El objeto de estudio se ampliará y su contenido se me mostrará más extenso. Sentiré la impresión y el deseo de que puedo ir más lejos en la aventura del conocer y viviré en la duda impulsora del que piensa que no lo sabe todo.

Si nos envolvemos en nosotros mismos, en nuestra autoconciencia, ciegos reduciremos el mundo a nuestro mundo interior. Nos convertiremos en un ser sin desarrollo. Nos empobreceremos. Nos repetiremos moviéndonos en círculos. 

Por ello, dirijamos nuestras miradas al mundo exterior. Dejemos que ese mundo rico, vivo, cambiante, diverso, dinámico, penetre dentro de nosotros y nos convierta en seres en continuo cambio. La expansión del mundo exterior nos obligará a movernos en espiral.

Ramón Galán González

Miembro del CEKAM (Centro de Estudios Karl Marx)

16 de junio de 2023

Creando una historia 1

Principios rectores

Lo principal en el relato será la acción y el pensamiento de los agentes (personajes).

Apenas se hará referencia a los lugares, por lo cual la descripción de los mismos será casi inexistente.

Poca presencia del adjetivo y más del sustantivo y del verbo.

Agentes o personajes

Una mujer de 68 años llamada Inés. Lleva toda la vida en dependencia de su marido y siente que necesita ser más independiente.

Su marido de 70, llamado Antonio. Tiene mentalidad conservadora, pero no es totalmente rígido, debido a su bondad natural.

Su hija Marisol de 30. De ideas feministas, moderna, aunque un poco rígida dada su tendencia a intelectualizarlo casi todo.

Historia

Inés quiere obtener el carnet de conducir y se lo comunica a Antonio. En su anuncio expone la motivación a obtenerlo: tener más libertad y ser menos dependiente de él. Este tras escucharla le desaconseja que lo haga debido a que los reflejos a su edad no responden con la celeridad propia de una persona joven y que además ella es una mujer que se pone fácilmente nerviosa frente a un imprevisto. Entonces Marisol, en defensa de la madre, le recrimina al padre su machismo. Pese a la advertencia de Antonio, Inés lo va a intentar.

En la prueba práctica de conducción Inés está haciendo el recorrido, cuando al pasar un curva se sale del circuito y choca contra una señal quedando el profesor y ella malheridos.

Antonio y Marisol acuden al hospital al enterarse. Inés llora al ver a su marido y a su hija. Se siente culpable de lo sucedido, del daño que se ha hecho a sí misma y al profesor, y de la situación de dependencia física en la que se encontrará durante un periodo de tiempo que implicará sacrificios a su familia. Antonio intenta tranquilizarla para que se alivie pese a que él no compartía su decisión.

El accidente deja en Inés sensaciones de ansiedad que le imposibilitarán montar de nuevo en un coche o en un autobús; y este trauma lo verá Marisol como un retroceso en la liberación de su madre, y por consiguiente sentirá decepción.

Conflictos

Antes del accidente:

La necesidad de libertad e independencia de la mujer frente al conservadurismo del hombre. Agentes que encarnan esta contradicción: Inés y Antonio. Contradicción externa.

Las ideas feministas y modernas frente al conservadurismo del hombre. Agentes que encarnan esta contradicción: Marisol y Antonio. Contradicción externa.

Después del accidente:

La necesidad de libertad e independencia de la mujer frente al trauma del accidente. Agente que encarna esta contradicción: Inés. Contradicción interna.

Las esperanzas de que se realicen las ideas feministas y modernas frente a la  decepción tras no verlas realizadas. Agente que encarna esta contradicción: Marisol. Contradicción interna.

Escenas

Los momentos más intensos pueden narrarse de forma más detallada explicitando su contenido interno y convirtiéndolos así en escenas.

  1. El momento de la discusión familiar en torno a la decisión ya tomada por Inés.
  2. El momento del accidente.
  3. El momento del encuentro en el hospital. 

Conceptos, ideas originales e historia: Francisco Umpiérrez Sánchez

Redacción del artículo: David Galán Parro

El inquilino

El alba dibujó el resquicio distraído de la ventana y fue devolviendo a la alcoba su habitual penumbra diurna. Las viejas formas útiles del mobiliario  en torno al catre emergían cocinadas por la claridad indiscreta. Entrevió las severas lineas de las estanterías, del escritorio ocioso, de los libros amalgamados en los anaqueles; y como manchas abigarradas, la ropa desperdigada en montículos por doquier. Algunos de esos leales objetos le sobrevivirían a la noche profunda, sin retorno, que le reclamaba. El dolor no cejaba. Pronto la morfina le traería una vez más la paz efímera con la que el existir recobraría sentido. Recordó aquello que su madre le dijera alguna vez de niño: «Las despedidas definitivas eligen su momento cuando menos creemos». Postrado en el camastro, sin esperanza ni temor, una de ellas ya había elegido para desgarrarle del ejercicio de las letras y en la desgarradura habían quedado petrificados los libros donde miríadas de voces resonaban a través de los siglos y con las que construía para sí mismo un presente llevadero. «La escritura, esa desaforada pasión con que me hice idealista y con que desprecié a los allegados, a los de carne y hueso que se entregaban sin contrapartidas… Y en cambio ¡qué llenos de vida se me antojan mis criaturas! ¡Cómo las he amado sin medida en cada historia que inventé!», pensó «¿Acaso no es esto también una soterrada y lenta despedida en vida, pero una despedida invocada por la rutina intelectual y desapegada de uno mismo con los demás?» La claridad se desangraba ya al pie de la cama y trepaba desde allí hacia el cabezal al encuentro de su rostro estragado.

Unos pasos se insinuaron tras la puerta. Su hermana o su hija le acercarían esperanzadas y con cautela el frugal desayuno…

Entró en la alcoba. Unas cajas tapadas se alineaban bajo la ventana de la cual se habían quitado las contraventanas, el ajado marco aferrado al vano y las astrosas cortinas: ahora la diáfana luz de la mañana retozaba entre las níveas paredes dándole la bienvenida. No habían desamueblado. Se había decidido rescatar y sanear el escritorio y las estanterías: el palo santo era una reliquia prohibitiva. En cambio el catre fue sustituido por una cama doble: todavía ella era presa de las pesadillas propias de la edad y él acudiría a su vera solícito. 

De pronto una reminiscencia lo nubló al ver intacta la distribución del mobiliario. Era la desagradable escena de la noche en que se precipitaron las últimas palpitaciones del viejo. Lo recordaba enclaustrado a llave echada en aquella habitación entonces lóbrega; luego de forzada la cerradura, los infructuosos esfuerzos de sus miembros desvaídos tratando de zafarse de los tirones perentorios del enfermero, de la tía de Marta y de Marta misma. Fueron agotadores esos días postreros en los que el rechazo del viejo hacia su hija y el consiguiente llanto impotente de esta eran su tormento. Ver a Marta separada de su padre por el asco que el viejo se tenía hacia sí era demoledor. El alcohol en vida había triturado su escaso amor propio haciendo que el infeliz se impusiera un absurdo castigo egoísta que desoía las súplicas de los más allegados y que lo ajusticiaba por la vorágine disoluta y destructora que arrambló con todo y todos. En vano se perdió en la lectura de aquellos mamotretos anacrónicos donde decía encontrar la sabiduría humana legada y con ella el alivio a la insoportable ansiedad y vacío que le inspiraba el paso cotidiano del tiempo. Tampoco sus criaturas imaginadas pudieron sustraerle a la debacle final. 

Entonces una tímida voz a sus espaldas preguntó:

—¿Es esta la habitación, papá?

—Sí, Ana.

—¿Y quién dormía aquí?

—Un anciano al que tu tía le alquilaba la habitación por poco dinero. Ve y abre esas cajas.

La niña arrugó su carita en un gesto de extrañeza dirigido al padre y luego haciendo reposar su tablet sobre la madera bruñida del escritorio se preparó con curiosidad a iniciar el destape. Entonces su rostro se iluminó a la vista de los insospechados interiores. Adentro irradiaban sus risueñas muñecas, sus libros favoritos, los leves utensilios de su cocinita de plástico; todos esperando estrenar sus posiciones en la nueva habitación…

Y así, sin ambos saberlo, se iban lentamente cumpliendo aquellas premonitorias palabras que un día oyera de su madre el niño soñador que creció  terrible y atormentado.

David Galán Parro

29 de mayo de 2023

Soneto III

En mi código hay una sola manera

de confundirme contigo y perderme

de cubrir tu ansia de goce que duerme

dentro de ti como incipiente hoguera.

Hacia ella voy con mi pasión entera

y me vuelvo sumiso, objeto inerme,

y me rindo en la batalla que merme

mi voluntad presente y pasajera.

Y entonces: ¡Espera, planea y apaña

la caza mía sobre el cuerpo tuyo,

trampa atroz que tejiste como araña

que yo sin mí con tu deleite fluyo

siendo presa, cazador y maraña!

¡Oh amor! ¡Ya me doy, me pierdo y diluyo!

David Galán Parro

7 de junio de 2023

Soneto II

Es hambre universal de ser amado

lo que me elige, me acecha y golpea;

es el hambre que siempre en mí desea

al esclavo amante nunca saciado.

Contra él no hay ningún hombre en el pasado

ninguno a la intemperie o en cueva o aldea,

ninguno en regio palacio que sea

alma esquiva de su poder alado.

Y al no ser más que ningún precedente

así yo habré de amarte, sin promesa

huera, ni artificio, ni don de gente

¡Qué convoquen los románticos esa

pretenciosa aspiración insolente

de la que reniego y nunca fui presa!

David Galán Parro

6 de junio de 2023

Soneto I

Soy ahora aquel que antaño fue y sería

si otros a mí no me hubieran regido

ahora que atrás va el dolor vencido 

viéndome libre hasta el último día

En manos amigas prisión sufría

sin descubrirme en ellas sometido

y así caminé cegado y perdido,

sin saber qué senda cierta quería.

Allá lejos cual fantasma pasado

mísero y atroz es el tiempo que queda

y con él, el rencor más enconado

de amigos hueros de oscura vereda.

Ya me salvé de mi inevitable hado;

ya ordeno al destino qué me conceda.

David Galán Parro

4 de junio de 2023