¿Quién bailará?

 En el ejercicio de esta precisa estrofa 

el espejismo de las tinieblas se agrava; 

brotan desde las más profundas raíces 

hasta la cima del firmamento morado. 

Es el otoño, con su marchita expresión, 

acompañando la prontitud de las tardes; 

tras la ventana la claridad se desviste 

y la rutina desaparece en la almohada. 

Vuelven los charcos, los ríos y el barro, 

vuelven tus alas a mi quimera desierta. 

Noche sincera con melodías de lluvia: 

¿quién bailará cuando el ocaso se duerma? 

Carlos Martín Vega

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