Tú, amigo, mi entrañable amigo, traspuesta en ti la media centuria ¿Cómo decirte que el amor tiene razones tan hermosas que sólo las palabras mudas no ensucian? ¿Cómo decirte que te quiero desde esta barrera levantada por los caminos disparejos que hasta que aquí nos han traído? ¿Cómo podrás entender que cada pensamiento tuyo, cada sentimiento, lo hago mío, lo traigo, no como esqueje transplantado sino como simiente, a mi jardín particular y allí la riego y abono y dejo que florezca y eché formas multicolores que acaso te parezcan extrañas y no comprendas?
Tu inmenso corazón caliente semeja la violenta boca de un volcán: Escupe sus abrasadores materiales, lacera, destruye a su paso, pero para moldear y recomponer generosamente la orografía, para crear nuevos territorios, nuevas sendas por las que poder caminar si ese (me dices humildemente) es mi deseo.
Gracias, mi entrañable amigo, por ponerme delante con tu devastadora fuerza los infinitos caminos que se abren hacia las costas del azul inconmensurable, hacia el mar que falsos dioses morales me arrebataron.
Yo, siempre seré para ti el leal marinero que viajará con tu nombre grabado en el pecho aunque me convierta a tus ojos en un inapreciable punto abstracto en el horizonte.
David Galán Parro
1 de abril de 2023
Me gusta tu texto David y me alegra que escribas cada vez más.
Un saludo. Nos vemos mañana en clase. Bn
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