Tú, hombre o mujer, donde quiera que te encuentres, arrojado a las sombras del infortunio…
Háblame, dame luz con tu sangre derramada, con tus pulmones, corazón y estómago exhaustos, con tu boca desdentada, con tu mano pedigüeña tendida al borde del abismo, con tu piel quemada que atravesó desiertos y alambradas, desde el espejo convexo de la botella que te deforma y te traga, desde tu cojera y paso lento, desde tu cuerpo lacerado y aplastado por la vida, desde los hijos que mataste y no te perdonaron, desde los rincones de una cárcel en la que se amontona la torturada carne humana que ha vomitado este casa domesticada por enloquecidas leyes, desde las simas del infierno que repudia lo más puro de tu naturaleza primigenia,…
Háblame, no quiero pensar, no hay teorías sobre esto, y pocos son los libros abnegados, me engañaron, sólo puras cosas vacías, sólo nubes que la más leve brisa cambiante dispersa y destroza, y que me hicieron creer que con ellas adivinaba formas definitivas para una falsa tranquilidad. ¡Oh esta horrible quietud que anticipa la noche interminable! ¡Oh quietud, regreso de las cosas extintas que no quiero que regresen!
Háblame, con tu voz sabia de experiencia que nunca caminó por renglones vanos de libros muertos.
Háblame, sólo eso me podrá salvar de este dolor insoportable que transpira a través de mis carnes; y llévame hacia el tuyo, al vórtice de tu pesadilla, quiero despreciar y arrancar el mío, vieja pústula, costra reseca de heridas fútiles.
Por favor, háblame, tú, amigo, amiga, hermano, hermana, te necesito, no me abandones aquí en este desierto ensordecedor, porque sólo tú puedes sacarme de esta oscura comodidad, de esta rancia vida llena de previsiones, de planes hechos para regocijo y satisfacción de otros,
Háblame, porque sin tu mano no podré llegar a la puerta celeste de la gloria que me espera…
18 de marzo de 2023
David Galán Parro
Muy bueno David. Siempre hay una mano que te ayude a salir de la oscuridad.
Muy trabajado el texto, me gusta.
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David:
He leído tu último trabajo, “Háblame, tú”, y he sentido una doble satisfacción. Una, por medio de la expresión literaria: directa, con fuerza, incluso provocadora. La otra, por el contenido, llevándome por medio de la palabra al mundo de la vida, pero de la vida como experiencia sensible. Expresión literaria y contenido. Dos aspectos unidos en un mismo fin. Huir del cielo, de las ideas trascendentales, sublimes y elevadas. Tan trascendentales, tan sublimes, tan elevadas son las ideas que ni siquiera rozan lo humano. Vivir en ese mundo ideal creyendo que ahí se encuentra la vida. Una vida intelectual que piensa la realidad sin vivirla, sin que el dolor y la alegría te sacudan, te conmuevan y te dejen huella.
Efectivamente, huyamos de las palabras vacías, altisonantes. Huyamos de las formas definitivas, de las falsas tranquilidades, de la quietud, de la perfección. Hablemos de la carne humana, de la sangre, del corazón, de los pulmones, del estómago de tanta gente cuya vida es una diaria lucha. Enfrentémonos, como soldados alegres y valientes contra todos aquellos que tratan de encarcelarnos con sus enloquecidas leyes morales sacadas de libros muertos.
¡Usted sabe, compañero, que puede contar conmigo!
Un abrazo.
Ramón Galán.
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