Eva

1 Todas las mañanas de verano le despertaba igual… Las leves pisadas  zangoloteaban primero sobre la llanura desnuda de su barriga y su pecho; después le hormigueaban el cuello, ascendían del gollete al mentón lampiño y, allí encaramadas, se quedaban quietas, expectantes. Él jugaba al durmiente con los ojitos apretados. Entonces reanudaban la marcha, sorteando […]