Mujer fuerte

Está en el patio sola. Apenas tiene ocho años. Hoy es uno de esos días en que ha decidido no tratar con el resto de niños. Yo vigilo el júbilo desarretado de ellos. Hay algo en mi cometido que me deja un resabio gris, que me aleja de mí mismo, que me envilece, que me vulgariza. Me imagino apostado en la torre de control de un presidio. No me salva el amago de comentario animoso que cruzo con el compañero de turno. Estoy atrapado, aquí, bajo un sol ardiente de finales de mayo, en un patio de escuela donde estoy viendo como se cuece lentamente el entusiasmo pujante que nos relegará y tomará el poder…

Vuelvo a mirarla y trato de explicarme su elegido retiro. Me parece un íntimo desprecio, pero sé que no lo es. Es el sustrato que necesita oírse a sí mismo alejado de interferencias para encontrarse. Tan pequeña aún y tan poderosamente decidida. Envidio sutilmente ese estadio interior que como a ella me fue dado al principio para apurarlo y fortalecerme. Yo lo desaproveché y crecí aterrorizado por la inminencia de cualquier toma de decisión.

La llamo y se me acerca envuelta en su halo flemático. Se coloca delante de mí. Voy a huir un instante. Quiero que ella lo presencie: «Hundo una varilla con aro en jabón líquido, soplo y va naciendo una pompa de jabón. Crece y crece entre tú y yo mientras soplo. Entonces la pompa se hace tan grande que quedas dentro de ella atrapada, pero no te importa. Luego la pompa empieza a elevarse contigo dentro. El viento la empuja haciéndola volar cada vez más alto. Desde ella, ves alejarse el patio, el colegio, las casas de tu barrio, las playas próximas donde alguna vez te bañaste. Ves la isla en que naciste reducida por la lejanía y luego solo mar y mar y mar. Sigues subiendo y el cielo es cada vez más sombrío. Llegas a la última capa de la atmósfera y entras en el oscuro espacio sideral rumbo a la Luna. La pompa de jabón y tú dentro ya están cerca de su superficie gris. Ahora casi la tocan. Es el momento: pincha la burbuja y salta. Te sentirás flotar sin peso mientras caminas por el suelo lunar. La fuerza de la gravedad es tan débil que seguro que podrás avanzar dando volteretas o haciendo el pino sin mucho esfuerzo. Por allí, encontrarás a unos astronautas chinos. Serán los primeros seres humanos en ocupar la luna. No desconfíes de ellos. Son gente muy trabajadora y van a lo suyo. No molestan a nadie. En eso se parecen a ti. Podrás hacer todo lo que te propongas en la Luna. Puedes pedirles a ellos semillas para plantar aquellas verduras y frutas que quieras comer. Como te gustan los gatos, puedes estudiar y especializarte en curar a los gatos chinos o montar una escuela para educarlos y hacerlos mas inteligentes —también los animales tienen derecho a adquirir más inteligencia—. Así te dedicarás a lo que te gusta, allí, tranquila. Tu familia puede ir a visitarte de vez en cuando. Para entonces los viajes espaciales a la luna serán mas baratos. Disfrutarán de las espectaculares vistas de la Tierra cuando vayan a verte. Pero ojo, no dejes que tus padres te lleven comida hecha ni ropa lavada. No los mal acostumbres. Te has independizado en la Luna y eso significa que tienes que sobrevivir por ti misma lejos de casa haciéndotelo todo. Sólo así llegará alguien y se enamorará de ti y querrá estar siempre contigo. Puede que sea un ser humano, un extraterrestre o un robot, nunca se sabe, la vida da muchas vueltas…»

Nos miramos con alegre complicidad. Sonríe y yo me pregunto vanidosamente: ¿Qué seré en su recuerdo cuando sea la mujer fuerte que le he anticipado con mi historia?

David Galán Parro

19 de junio de 2025 

El poema inesperado

Mañana será el último día de curso con mis alumnos y alumnas de ocho y nueve años.

Dos días antes me viene una alumna y me dice: «David, hice un poema. Me está gustando cómo me quedó» Le pido si me deja verlo y me dice que pronto me lo traerá. Y hoy me lo ha traído. Me lo lee. Termina y me deja perplejo…

Mi alumna, a la que tengo desde hace casi tres años, siempre manifestó un carácter retraído, ensimismado y delicado. Había días que prefería la soledad en el patio y no jugaba con los demás. Me desconcertaba cuando sucedía esto, porque no sabía cómo arrancarla de lo que yo en ese momento consideraba perjudicial para ella (o quizá no sintiera yo desconcierto, sino esa impotencia que nos vuelve hostiles a lo diferente o inexplicable). Mi alumna acusaba la firme determinación de vivir en un espacio que durante días se creaba para sí misma, una determinación que se me antojaba desprecio hacia el prójimo. Pero aquello no podía ser desprecio pues ella no era soberbia en absoluto. Entonces fui poco a poco, sospechando que su talante obedecía a que algo diferente y natural se incubaba en ese elegido retiro y que, como a las demás personas, a mí también me era vedado. Me resigné a esperar por ella y en la espera empecé a representármela como una pequeña criatura de la naturaleza que no viene a nuestro encuentro por iniciativa propia cuando queremos darle alimento en un bosque, sino que emerge de su escondite cuando, acabada la violenta jornada de depredación de los demás animales, la noche, el silencio y la paz le dan sosiego y confianza para tomar lo que le llevamos; y no precisamente cuando nuestra voluntad lo elige, sino cuando ella lo decide. Y es entonces cuando tenemos la dicha de su presencia frente a nosotros…

Hoy tuve esa dicha con mi alumna.

Aquí les comparto toda la fuerza y la luz de su hermosa salida…

Luna y mar

Luna, me haces llorar,

Mar, me haces cantar.

No tenéis luz propia

pero para mí

brillais más que el sol

que recorre por la Tierra.

Luna, 

no solo eres el elemento de la noche

sino también

el elemento de mi corazón

Mar,

recorres por alrededor de los volcanes

tiemblas cuando están en erupción

y te quedas muy quieto cuando explotan

pero tú no tienes la culpa

de que exploten

porque tú solo nos proteges 

de lo que nos pueda pasar.

Ágora (8 años)

18 de junio de 2025

Tales, el sabio milesio

Sentado en la grada de piedra y confundido entre el público, ya no mira a los luchadores del pancracio. Tiene noventa años en este momento, o quizás setenta y ocho, no sabemos bien. Una vida célibe buscada le deparó encontrarse allí solo. El sopor le ha alcanzado bajo el sofocante aire húmedo de la canícula. La lengua se le ha engomado. Tiene sed. Un minucioso desfallecimiento lo invade. Los exaltados no reparan en él. Sus voces van opacándose. Empieza como a soñar, como a irse…

Ve primero el púrpura de las cañaillas sacrificadas para la túnica de su noble linaje. Luego se ve regresando del mercado de la mano de la joven nodriza. Ve la fachada de la casa familiar en la ladera del promontorio recortando los celajes de un ocaso rojizo. Ve las proas, los remos esforzados, las jarcias y el velamen presurosos de uno de los puertos de Mileto, al que escapó una mañana con sus jóvenes compañeros de escuela.  Oye las palabras de Creso convocando a todos los jonios contra Ciro. Ve de nuevo su pesadilla recurrente de espadas persas en el horizonte, al otro lado del río Halis. Recuerda los pormenores del día que llegó a él y se hizo infranqueable para las tropas jónicas; ve el álveo que hubieron de excavar en media luna por detrás del campamento y luego el aluvión atropellándose en el nuevo cauce y luego las monturas y las lanzas vadeando el otro caudal, ya aliviado, para alcanzar la ribera enemiga. Ve esto y vuelve a sentir aquel  júbilo de entonces al saberse domeñador de la naturaleza. Ve los campos fecundos de cadáveres aún palpitantes, el hierro sin denuedo ni audacia, el silencio aún atronador de la espesura del bosque, la derrota y la huída de la tropa. Oye sus propias palabras —quizás las balbucea ahora— para convencer a las autoridades de la capitulación y salvar al menos a Mileto del exterminio. Se ve de nuevo solo en el retiro de su casa del promontorio, lejos del boato oficioso, cavilando sobre la sustancia que en toda cosa se halla. Palpa la piedra magnética y la siente con alma. Contempla la lluvia sobre sus huertas y ve cómo medran. Asiste de nuevo, al parto del hijo de un amigo y la placenta liberada le va también corroborando sus conjeturas. Ve de nuevo el papiro egipcio que le regaló su amigo de Náucratis y en el que se declara que Nu es masa líquida universal, madre de todo germen. Imagina el mar en el que flota la mítica balsa de tierra sobre la que se erige vertiginosamente la ciudad babilonia de Eridu. Ve la costa del dorado Egipto y la arena inmensa que le prodiga a la pirámide, su soledad y maravilla; luego ve la sombra de ésta al mediodía, y también su propia sombra humana y entreve en la terna, pirámide-hombre-sombra, la ley geométrica con que mensuró para la posteridad lo inconmensurable. Ve las aguas del Nilo a contracorriente forzadas por los vientos etesios anegando los palmerales y los cultivos en las riberas. Siente otra vez el éxtasis con el que contempló el negro firmamento y por el que cayó distraído al fondo de la zanja y escucha desde allí la risa de su esclava tracia, y siente de nuevo la íntima felicidad que le reveló que sólo aquella torpeza no es más que el asombro que nos eleva por encima del entendimiento que se nutre de cosas mundanas. Ve de nuevo el número adecuado de días que computa la rotación terrestre que ya nunca descubrirá. Ve también los cuatro tiempos llenos de vida y de muerte que parcelan los días del año y repite sus nombres como si volviera a denominarlos—quizá, también ahora los masculla en lenta letanía—. Ve de nuevo en la luna, la luz del sol y recuerda que éste no excede en mas de siete veces a aquella. Sostiene de nuevo en sus manos la fría cerámica del trípode rescatado del fondo del mar y después de oír ante sí, las palabras de gratitud del gobernador milesio que en persona  se lo ha llevado a casa, pronuncia de nuevo humildemente: «Gracias pero no es para mí. Bías de Príamo lo merece antes.»

Todo esto acude en su último sueño, mientras la muchedumbre ovaciona arrebatada a los luchadores. Sigue aún solo en la grada, olvidado y difuso. Y lo estará durante miles años, pese a la gloria oficialmente alcanzada junto a los otros Siete Sabios. Nadie lo sabe allí: el precursor, el arquetipo de hombre que busca lo absoluto, lo que todo lo abarca, lo que todo lo explica se apaga. Al final, un último golpe de aire abrasador lo convulsiona como a una hoja de árbol, y así, consumido por la falta de lo que siempre buscó en todas las cosas y que a él ahora no lo socorre, muere.

Y lo hace repitiendo la cómica anécdota de la zanja que lo retratará ensimismado y profundo para la historia; solo que esta vez repitiéndola trágicamente.

David Galán Parro

17 de junio de 2025

La oculta injusticia legal

Estoy cansado de noticias que en los grandes medios de comunicación de España, medios privados principalmente, ponen en primer plano en el debate público lo que no es importante: la corrupción política. Estoy cansado de comprobar una y otra vez que el sano debate ideológico ha sido sustituido por una mera trifulca de «y tú más» en el terreno de las apariencias. Yo no soy de andarme meramente en las apariencias y me cansa que me conciten a debatir ahí dónde lo esencial está desaparecido. A todos esos que me proponen debates superficiales les invito a entrar en otro muy distinto que debería estar presente todos los días y a todas horas en esos medios de comunicación —repito, privados principalmente—; debate sobre las cuestiones esenciales de la economía que afectan a la grandes mayorías sociales.

Parto de las siguientes consideraciones: El enriquecimiento personal desmesurado es una injusticia. Esta injusticia está presente en lo legal y en lo ilegal. En lo legal esta injusticia no es señalada. En lo ilegal, en cambio, es señalada y además, condenada. Pero en la legalidad la cuantía de ese enriquecimiento es muchísimo más grande que en la ilegalidad, tanto como una montaña a una piedra. De manera que el enriquecimiento desmesurado legal es sustancial al sistema, mientras que el ilegal es accidental a él. No acepto un debate sobre lo accidental cuando lo sustancial en este caso, es decisivo para tener una visión objetiva de la realidad.

Supongamos un ciudadano español que en 2024 se compra para uso personal dos yates de lujo: uno, valorado en 300 millones de euros y otro, valorado en 182 millones; 482 millones en total. Supongamos que ese ciudadano ha ingresado en el mismo año, 2.846 millones de euros. Y supongamos que su patrimonio personal asciende a 115.000 millones de euros. Todo esto sucede dentro de la legalidad.

Tenemos pues que considerar tres cantidades: 1) 482 millones de euros; 2) 2.846 millones de euros y 3) 115.000 millones de euros. Empecemos a hacer cuentas con ellas y descubramos las consecuencias de esta injusticia que la ley ampara. 

Supongamos que estas cantidades no son propiedad de nuestro ciudadano particular, sino del Estado y que el Estado enfrenta el actual problema de la vivienda y que una de las medidas que toma para solucionar el problema es la construcción de vivienda social para alquilarla a precios de mercado asequibles para la mayoría de ciudadanos de clase media trabajadora ¿Cuántas casas podrá construir el Estado con cantidades de dinero como las que posee para sí nuestro ciudadano particular? 

Para iniciar el cálculo tomemos por ejemplo como referencia el costo de construcción de la vivienda en Madrid de 2024 situado en un rango entre 1.000 euros y 2.700 euros por metro cuadrado, según la calidad de materiales, ubicación o tipo de vivienda. Situémonos aproximadamente en la mitad de este rango: 1.900 euros. Supongamos que las viviendas a construir son de 100 metros cuadrados cada una, suficientes para albergar a tres miembros familiares. En estas condiciones el costo de construcción por casa asciende a 190.000 euros cada una.

Consideremos ahora el precio medio de alquiler en Madrid en el mismo año: 20,62 euros el metro cuadrado al mes. Según esto ¿Cuánto cuesta el alquiler de cada una de estas casas en condiciones de libre mercado? 2.062 euros al mes.

Si el Estado invirtiera la cantidad con la que nuestro ciudadano particular adquirió los yates de lujo, 482 millones de euros, en la construcción de vivienda social para arrendar entonces nos saldría que construye un total aproximado 2.537 viviendas. Esto implica que 2.537 familias de tres miembros cada una, 7.611 personas en total, se beneficiarían de este tipo de viviendas.

Si el Estado invirtiera la cantidad que ingreso nuestro ciudadano particular al final de 2024, 2.846 millones de euros, en lo que nos ocupa entonces nos saldría que construye un total aproximado 14.979 viviendas. Esto implica que 14.979 familias de tres miembros cada una, 44.937 personas en total, se beneficiarían de este tipo de viviendas.

Si el Estado invirtiera la cantidad que representa el patrimonio personal de nuestro ciudadano particular, 115.000 millones de euros, en lo que nos ocupa entonces nos saldría que construiría un total aproximado 605.263 viviendas. Esto implica que 605.263 familias de tres miembros cada una, 1.815.789 personas en total, se beneficiarían de este tipo de viviendas.

¿Y en qué sentido se beneficiarían estas familias? Hagamos el cálculo partiendo del último supuesto.

Si según la Encuesta del INE (Instituto Nacional de Estadística), la renta neta media por hogar en Madrid en 2024 es de 44.889 euros y esta cantidad se fracciona en 12 meses, resulta entonces que una familia ingresa 3.740 euros mensuales. Si para dicha familia el precio del alquiler, precio de mercado, es de 2.062 euros mensuales, entonces la familia dispone para el resto de los gastos del mes de 1.678 euros. En cambio si el Estado establece el precio de sus viviendas sociales en alquiler en 600 euros mensuales, entonces la familia dispondrá para el resto de gastos del mes de 3.140 euros: una diferencia de renta disponible de 1.462 euros entre el segundo caso respecto del primero.

Si la diferencia en renta disponible 1.462 euros la multiplicamos por el número de familias de nuestro tercer cálculo, 605.263 familias, nos da una cantidad de renta disponible no destinado a la vivienda de 884.894.506 euros y destinada a la compra de otros bienes de consumo y al ahorro por parte de las familias consideradas ¡Cerca de 900 mil millones de euros fluyendo en la economía de Madrid para beneficio social de las clases trabajadoras!

¿Qué impide entonces que estas familias madrileñas no accedan a esta beneficiosa realidad? El hecho legal por el cual un ciudadano particular puede acumular un patrimonio personal de 115.000 millones de euros.

No importa en absoluto para el asunto que hasta aquí nos ha ocupado, que este ciudadano se llame Periquito de los Palotes o Amancio Ortega, principal accionista de Inditex.

Lo que importa es la existencia de este tipo de hechos de enriquecimiento personal desmesurado y cómo los medios de comunicación de propiedad privada nunca se ocuparan de ellos; ni de señalarlos, ni de condenarlos.

Y lo que importa también es que en este hecho la apariencia oculta su esencia cuando a nuestro ciudadano particular se le señala y se le aplaude como modelo de hombre «hecho a sí mismo» que procura «trabajo» y que se prodiga en gestos filántropos hacia la sociedad.

David Galán Parro

17 de junio de 2025

Colaboración Filosófica 1

Quiero presentar un comentario del profesor Ramón Galán González a colación del artículo El movimiento de lo universal a lo particular: del concepto a la percepción, escrito por el filósofo Francisco Umpiérrez Sánchez. Dicho artículo y el posterior comentario me parecen de valor filosófico:

«No quiero dejar pasar la ocasión para felicitar a D. Francisco Umpiérrez por el artículo que acaba de publicar. Con un lenguaje y expresión sencilla y clara y con una exposición ordenada y pedagógica impecable, despliega y pone al alcance de la comprensión de cualquier lector, conceptos filosóficos muy complejos y abstractos.
La filosofía, y el conocimiento en general, nos deben aportar luz y claridad para interpretar el mundo y transformarlo. Pero cuán a menudo cae en nuestras manos textos de filosofía llenos de oscuridad, complejidad y ambigüedad, como si el autor en vez de mostrarnos el objeto sobre el que trata el texto, tratase de mostrarse a sí mismo, como diciendo”… no me entiendes porque soy muy profundo…”.
Por el contrario, y sirva como ejemplo, escribe Francisco Umpiérrez:
“…la segunda etapa es la que nos lleva de los conceptos particulares a la existencia y el ser, esto es, a la percepción…. Sabemos que el submarino y el petrolero existen porque los estamos viendo, pero toda la complejidad de su ser nos resulta imposible abarcarlo…”
¡De qué manera tan clara y tan sencilla, Francisco Umpiérrez nos pone al alcance de todos, la relación y diferencia entre los conceptos tan complejos y abstractos como son los conceptos de existencia y ser!
Por último, quiero señalar una virtud más. He estudiado en varias ocasiones el texto de Mao Tse-tung “Sobre la práctica”. Dicha obra estudia, igualmente, la relación existente entre la etapa sensorial del conocimiento y la etapa del conocimiento racional o teórico. Es un magnífico texto y he aprendido mucho de él. Podríamos catalogarlo de texto sintético. Por el contrario, Francisco Umpiérrez nos habla igualmente de la percepción sensible y del terreno de la teoría pero no lo hace de forma sintética sino analítica. Esa es la otra virtud que quiero señalar. Expone y hace referencia a casos particulares estableciendo matices y diferencias entre las distintas fases de un movimiento cognitivo.»

Los conceptos fundamentales que veo en este comentario son: 1) mostrar el objeto o mostrarse a sí mismo; 2) ser y existencia; 3) conocimiento sensorial y conocimiento racional o teórico.

El desasosiego

Otra vez, el desasosiego:

esa inesperada insistencia 

con que mi respiración

mide el instante

y en él se ahoga.

No sé de dónde ahora viene;

desde qué lejana herida

me reclama y se justifica.

Sólo sé que es un viejo visitante

que nunca confiesa

su ominoso pasado,

su región de nacimiento.

Estas palabras, ahora urgentes,

para matarlo una vez más,

para sobrevivir a él,

hasta su próxima resurrección.

Estas palabras 

que lo empoderan sobre mí

porque sabe que ellas serán 

siempre y necesariamente 

mis fieles sicarias.

David Galán Parro

10 de junio de 2025

Engañosa ideología

«Prohibido rendirse» dice el vocero

«de tu voluntad, tú y todo depende.

En pobre y dura condición se aprende

a ser hombre cabal, humilde y entero.»

Pero yo digo: ¿quién esto suscribe?

¿El que la condición pone y no sufre?

¿No será su condición el azufre

que con el tiempo nos queme y derribe?

¿No será que al hombre sin pan ni abrigo,

el que esto dice, en soledad lo quiere?

«Mejor así» pensará «sin amigo,

para que lleve con culpa ilusoria

el destino común que a todos hiere»

Ya reprobará su engaño, la Historia.

David Galán Parro

31 de mayo de 2025

El hombre espejo

Soy ahora tristemente el hombre espejo.

Una entrega desmedida es mi azogue;

soy para quien mi dignidad ahogue,

la cosa útil para su fiel reflejo.

Aún duplico en el dócil cristal,

de otros, los intereses y los sueños;

de mi voluntad mermada, son dueños,

y por ello, de mi suerte fatal.

Me horroriza hacer propio lo que asoma,

dejar de ser espejo y ser yo mismo;

di permiso al ingenuo y no era broma

tentarlo sin acercarme al abismo.

Quizá un inicio sea esto que escribo,

una confesión para seguir vivo.

David Galán Parro

22 de mayo de 2025

En la cruz

Nada se mueve en torno al Calvario. Sólo quietud y suplicio en estado puro. El hombre que todos conocemos quiebra en cruz la suave silueta del cerro. Los pormenores de dicha imagen es de todos, es universal. Podrían evitarse por consideración o falsa reverencia. Yo no lo haré.

Como todo hombre de esta época, de cualquier época, lo imagino en el silencio del paisaje áspero y desolado; lo imagino trasponiendo cada hora, minuto y segundo, intolerables, de la fresca mañana que algo lo alivia, del mediodía y la tarde ardientes, de la fría noche que lo cala. Imagino, también, en esa atroz intemperie, su piel expuesta, su carne abierta, sus huesos astillados, sus vísceras dolorosamente suspendidas en secreto. Horas como eternidad, minutos como centurias, segundos como años. El tiempo hecho dolor y espera y de ellos, el anhelo de la muerte que hace de él un muerto en vida.

Los pies lacerados, rendidos, no descansarán más sobre firme, no caminarán ya nunca. Sus últimos pasos le sirvieron para consumar su propia muerte, para elevarse al cerro acarreando con el peso no humano que ahora lo fija al aire a ras de suelo y lo inmoviliza. En los dedos de sus pies todavía se halla el último contacto con la tierra de la que de a poco, se desprende. Quizás ese leve roce de polvo es la anticipación, el símbolo de su inminente vuelo ingrávido.

Cristo hombre, allí, que buscó confundirse entre sus iguales para sentirlos y padecerlos a todos dentro de él, no se distingue ahora de los otros. No puede rebasar su cruz en altura a las dos cercanas. No puede presidirlas. De las tres es la última, postulará un poeta argentino. Pero nada nos corrobora la futura opinión, pues dos condenados lo flanquean. A su izquierda, la burla, a su derecha, el arrepentimiento, dicen incluso que oye de ellos. Sea como fuere, su destino, o la voluntad de los infieles que le han torturado, ignora que se afirma en su incorruptible humildad de treinta tres años.

Apenas mueve el viento la barba hirsuta que ensombrece el pecho bañado en sangre interminable. Cada aliento es una espada en el esternón. Apenas siente las espinas que coronan y rasgan sus sienes. Ya no le laten los clavos. Si nos fuera posible estar junto a él y mirarle, nos desdibujaría su rostro, absortos por la mirada de quién de alguna forma está ya en un lugar extraño, ignoto, abnegado. Pero no la veremos nunca. O no en él…

Lejos de las imágenes que lo remedan y lo mitifican, habremos de reencontrarla en los cuerpos vivos de las multitudes que luchan infatigables para hacer del Hombre, y no de Dios, el centro absoluto del mundo.

15 de mayo de 2025

David Galán Parro

Cada vez menos esclavo

Cada vez menos esclavo 

de la antigua voz de mi interior

porque nunca encontré en ella 

las respuestas necesarias,

a mi dignidad,

a mi libertad.

El consejo místico de alguno,

querrá sanarme aislándome en una montaña,

desconectado de la lucha diaria del mundo

para encontrarme conmigo mismo.

Lo digo alto y claro:

Yo no acepto soluciones fáciles.

y soy poderosamente incierto.

Antaño, una moralidad de caverna

que otros a los que me entregué me dieron

gobernaba mis actos y me aprisionaba.

No sabía yo entonces que dicha moralidad

no era más que la proyección idealizada

de gentes que rehuyeron la vida

que la despreciaron en su diversidad y movimiento constante.

Yo me encontraré al fin

en las calles populosas,

en los viajes en los que me sienta extraño

en la enfermedad y en su visión renovada,

en la producción del hombre globalizado,

en los libros de libres voces,

en las nuevas tecnologías vinculantes al mundo,

y quizás en un hijo.

Me hablaré al fin

no con mi antigua voz interior 

llena de soberbia y moral prestada,

voz anquilosada y putrefacta,

ni con una voz propia llena de gris soledad

y de razones que no alcanzan a comprender

el movimiento de la vida diversa

sino con la voz del hombre todo,

con la voz de los miles 

que los miles sin saberlo me concedieron,

con la voz libre y liberadora 

que no es patrimonio de nadie

pero que a todos nos pertenece.

David Galán Parro

14 de mayo de 2025

Nota: El poema está basado en el trabajo Mundo interior y mundo exterior del filósofo Francisco Umpiérrez Sánchez.