Hacia lo genuino

No temas por lo que pase.

No temas por tu destino.

Una recompensa aguarda

si vas hacia lo genuino.

Vendrán consejos solícitos

a salvarte de ti mismo,

pero sólo servirán

para asomarte al abismo.

A vivir se aprende errando,

y no por acierto ajeno,

que nadie te dé esa dicha

que al cabo se hace veneno.

Andando por senda propia,

duele saberse desnudo;

caen los golpes de la vida

sin celada y sin escudo.

Te habla así quien así anduvo

de soledad lleno el pecho

cabalgando por campañas

y ya muriendo en el lecho.

yo, que abandoné los libros,

yo, que viví mi promesa,

yo, Quijano ahora digo:

fui la espada y la fiereza.

David Galán Parro

15 de junio de 2026

Entre rostros me pierdo

Miro el río de diversas caras,

presintiendo tras ellas las historias

que por únicas, discretas y sobrias

rehusan imitar otras preclaras.

Él lleva aguas en las que hallo el reflejo

para este nuevo rostro ahora mío,

pues sin duda es el verdadero río

que ha de ser de todos común espejo.

Ya mi historia quiere ser la de todos,

ya también se recoge recelosa;

no le importa si es reputada cosa

y sólo admite los humildes modos.

Me pierdo entre rostros de una corriente

que me hace mundano, que me vuelve gente.

David Galán Parro

10 de junio de 2026

¡Que me salven los libros del desierto!

¡Que me salven los libros del desierto!

¡Que me colmen estas horas ociosas!

¡Que me traigan las imposibles cosas!

¡Que me hagan de la rutina, liberto!

Esos libros que esbozarán la idea

de ese otro que vendrá a buscarme en sueños;

ese otro, hijo de mis nobles empeños,

que me dará la gloria en la pelea.

No hay plática en estos insulsos días

más allá de la del cura y el barbero,

que no alargue mis viejas apatías

y que no despierte en mí el desespero.

Ya brillan las armas de mi prohombre. 

Ya me rondan su figura y su nombre.

David Galán Parro

7 de junio de 2026

Cerca de nada

Cerca de nada entregado a vivir:

ninguna atadura, ningún desvelo;

ser cielo, viento, mar, gaviota y vuelo;

ser eso y un dejarse ir… un dejarse ir…

Diréis que el tiempo no va en favor mío

o que a deshora va en mí un niño loco.

¡Da igual! pues fue mi vida más bien poco:

más bien, una sed, un ardor, un baldío.

Antaño, ofrecí mi voluntad a otros

sin seguir una propia estrella cierta;

vivía caminando en vida muerta

y un muerto era a la vera de vosotros.

Pero ya encontré esa estrella extraviada

que dicta: «has de vivir cerca de nada»

David Galán Parro

6 de junio de 2026

El Tibicena

Exposición de motivos y contextualización del uso del mito para la creación del poema: El siguiente poema estuvo motivado por una petición que me hicieron en vísperas de la Celebración del Día de Canarias. Partí para su elaboración de una leyenda aborigen canaria que cuenta que el sol (Magec) fue secuestrado por el Diablo de las tinieblas (Guayota) y encerrado en el interior del volcán Teide (Echeyde) situado en la isla canaria de Tenerife (Chinet). En ese intervalo de tiempo en que estuvo preso el sol en el interior del Teide, salieron de éste los perros del Diablo (Tibicenas) que fueron ocupando y adueñándose de las zonas umbrosas de la geografía de las islas, cuevas y barrancos, principalmente. Estos seres míticos inspiraban terror a los aborígenes de las distintas islas, por lo que es fácil detectar en cada una de ellas, alguna variante desarrollada del mito. Yo procuré ajustarme, dentro de mi escaso conocimiento en esta materia, a la leyenda.

Madre, ya pronto vuelve a por mí el perro

de la noche. Aquel perro que Guayota

liberó de Echeyde que brama y brota.

Vuelve con su aliento de frío hierro.

Madre, cántame y haz de tu voz serena,

un cálido nudo en mi breve pecho.

No me dejes, madre, sola en el lecho

cuando en el sueño venga el Tibicena.

No temeré su aullido por la angostura

del barranco, ni en la cueva, sus ojos,

si tu firme arrullo el odio conjura,

haciendo del Tibicena despojos.

Vayamos así, madre, mano a mano,

sin que aprese el perro el tiempo lejano.

David Galán Parro

27 de mayo de 2026

Al otro lado de la luz

Frente a mí, el suelo con torpe dulzura

van tanteando sus bastones llanos.

Una amorosa trenza son sus manos

y ellos, una simétrica figura.

Es lenta la conversación —ya de años—

que sostienen sin darse las miradas,

pues el destino las quiso privadas

de colores, de formas y tamaños.

¿Cómo ha sido entonces su mutuo viaje?

¿Qué rostros, mares, tierras y ponientes

rehuyeron pleno reflejo en sus mentes

y aún así fueron feliz paisaje?

¿Qué hay al otro lado de la luz ciega?

¿Qué dicha conocen y se nos niega?

David Galán Parro

22 de mayo de 2026

La Edad de Oro

Volveremos a ser la raza de oro,

hombres dioses, sin límite y sin dueño,

que celebrarán en la muerte, el sueño

y en el vivir pleno, un mundo indoloro.

Volveremos pero ya sin permiso,

con manos y cerebro empoderados,

los instrumentos más perfeccionados,

lanzándonos a un futuro preciso.

Seremos la áurea raza primera

que tú, humilde Hesíodo, distinguías

joven, pródiga y libre de cuidado.

Llegaremos al fin a tu quimera,

grabada en Los Trabajos y Los Días,

cuando hagamos resurgir lo olvidado.

David Galán Parro

21 de mayo de 2026

Hijos de la Esperanza

El fuego nos descubrió Prometeo

robándolo a Zeus con sagaz justicia;

y una hermosa mujer y su malicia

nos trajo luego, ingenuo, Epimeteo.

Es tiempo de revisar cuenta ahora,

de reparar tal castigo divino:

no es la infamia nuestro eterno destino,

ni sufrir por la jarra de Pandora.

Fuimos para ustedes, un servil juego;

una fecha incierta para el alivio;

los hijos de la atrapada Esperanza;

un caminar torpe a palo de ciego.

No diremos: «¡Hora de la venganza!»

¡No! Pero ya sí, la de no ser tibio.

David Galán Parro

16 de mayo de 2026

Corazones duros

No habrá sombra que dé refugio a ustedes.

No habrá clemencia ni oportunidades.

Serán barridos por nuestras verdades

como el lecho del mar, por crueles redes.

No volverá a vuestras cuatro paredes

el mundo tan preso de iniquidades;

no volverán las esclavas edades,

que nos decían: «vivirás si cedes»

Ya el mundo se alzó, se alzó en rebeldía,

ahíto de delirios decadentes,

de codicia vil, de perpetua orgía.

Y aquí al fin tendidos los libres puentes

resuena en nosotros, hombres futuros:

«¿A qué aún nuestros corazones duros?»

David Galán Parro

12 de mayo de 2026

Cuando yo no esté…

Cuando yo no esté, busca la alegría

en las proas no atracadas en puerto,

en los caminos que aún no hayan muerto,

en los instantes inmensos del día.

Cuando yo no esté, ya siempre confía

en la mirada azul del hombre cierto,

en la palabra en mitad del desierto,

en la urgencia hacia el otro que porfía.

Y así, amor, haz sin mí de esto tu estrella, 

tu hondo horizonte apenas confesado,

tu íntimo viaje quizá incomprendido;

y no mires atrás buscando la huella,

pues poco hay en las arenas del pasado

y nada habrá en las aguas del olvido.

David Galán Parro

10 de mayo de 2026