Antes eras, pero por medio de otro. Eras él viviendo en ti. El dos en el uno. Él y tú en el tú. Encadenado a la mano que te daba de comer, te negabas a ti. El tú se quedo huérfano de ti. Eras y no eras. Frente al espejo, tú. En el espejo, él. Eras su imagen proyectada en ti. Eras pura e ideal semejanza.
Pero hoy, tú eres. Palabra fundida que se clava y ahonda, que recorre y se extiende en mi conciencia. Ahora te reconozco en mí. Ahora me reconozco en ti. Comparto mi tiempo en instantes de ti, izándote en mi presente, conviviendo en mi identidad y haciéndome tú. Yo, por medio de mí, en ti. Tú, por medio de ti, en mí.
Tú, ya por siempre. Cabalgando sobre el viento de poniente que te lleva a la libertad deseada. Así, tú, hoy. Abriendo caminos libres hacia un futuro que nos empeñamos en hacerlo posible. Así, tú, hoy. Presencia vibrante que me impulsa a crecer sin desiertos ni vacíos, sin sentirme huérfano de besos y palabras.
Así, tú, hoy. Te has ofrecido en una visión diáfana, más acertada que hasta hoy. Hoy te conozco en mí y me fundo en ti. Hoy voy desde el mí al todo tú, por siempre y en todas partes de ti. Hoy tú eres, naciendo una vez más. Hoy te has moldeado a ti mismo y has conquistado tu nombre, que yo hago mío.
Arinaga. 8 de septiembre de 2022
Ramón Galán González
