El estercolero humano

En un estrecho círculo de amigos íntimos, alcancé el ecuador de mi vida aprendiendo un código de palabras a las que dotábamos de un terrorífico contenido moral: Amistad. Sinceridad. Lealtad y traición. Bajo y elevado. Superficial y profundo. Apariencia y esencia. Vitalidad y decadencia. Espíritu fuerte y espíritu débil. Verdad y falsedad. Luz y oscuridad. […]

El suicida no quiere dejar de vivir, quiere dejar de sufrir

He leído el artículo de El País «El suicidio en menores» y alguna información adicional más. En mi reflexión me he dado cuenta de la importancia del contenido de nuestras reuniones, como siguiendo las pautas que nos proporciona Paco podemos representarnos de manera más adecuada la realidad que nos rodea. Concreto mis palabras. El contenido del artículo es  el suicidio. Pero en este caso no analiza el hecho desde un punto de vista individual (a pesar del dramatismo que supone el suicidio de las dos hermanas gemelas en la ciudad de Oviedo) sino desde un punto de vista social. La autora no busca en su interior sino en su exterior y, por ello,  recurre a diversas fuentes y profesionales que le aporta la información necesaria y que comparte con los lectores. Es decir, debemos buscar fuera, en la prensa escrita, en los medios de comunicación los hechos más relevantes que acontecen en el mundo. Los periodistas nos proporcionan gran parte del trabajo. De ahí la necesidad de relacionarnos adecuadamente con los medios de comunicación. Y, finalmente, sentir en nuestro interior la pena, el dramatismo y la tragedia que supone para los familiares y las víctimas cuando deciden quitarse la vida como una forma de terminar con tanto dolor y sufrimiento. Es verdadera la frase del psicólogo que afirmaba que las personas no se suicidan porque quieren dejar de vivir sino porque quieren dejar de sufrir.

¡Qué terrible tiene que ser ese sufrimiento que los conduce fatalmente a quitarse la vida!

¡Qué forma tan diferente de abordar  el tema del suicidio de este artículo con respecto a como fue tratado en el relato que vimos en nuestra última reunión!

Ramón Galán González

En una región no inventada

Me agotaré para ti cuando me desbordé como torrente sin diques porque la fuerza que hay en mí no espera a que la nombren

y traspasaré la densa bruma sin retorno para resucitarme en mil vidas contigo lejos de aquí 

y removerán los amantes en vano cielo e infierno para encontrarnos porque lo nuestro habrá huido y anidado en otras regiones no inventadas por el dolor o el miedo de los hombres 

y seremos los primeros en violar esas playas únicas y sublimes a las que luego llegarán ellos porque querrán descubrir cómo lo hicimos 

y nos preguntaran y no habrá respuestas porque un lenguaje salvaje e indescifrable será lo que hallen en nuestros labios 

y aunque seremos ininteligibles la luz de nuestros ojos apagará la oscuridad en el alma de las multitudes sufridas que acudan porque nos sobrará todo sin tener nada

y por eso entonces…

Nos agotaremos para ellos cuando nos desbordemos como torrente sin diques porque la fuerza que hay en nosotros no espera a que la nombren…

David Galán Parro

21 de mayo de 2023

Siempre nos vencen

Soy un niño febril en el asiento trasero del coche de mi padre. Rodamos por la autopista. Él y la prisa rigen al volante. El aire bracea en todo el habitáculo trayendo una ligera sensación de riesgo. Veo los otros coches rebasados por la potencia que imprime mi padre a la máquina. Es la más veloz del mundo y mi padre el más decidido de todos. Admiro secretamente su osadía. Atrás van quedando coches torpes y distraídos. Los veo perderse por la luneta trasera y a veces me permito un gesto cruel, una peineta. Anhelo la victoria, la llegada única a una meta que nos aguarda en el horizonte. Me vuelvo hacia delante y miro por el parabrisas. Entonces vuelvo a sentir la inevitable y cíclica decepción: Siempre el intento infructuoso. No somos los primeros y nunca lo seremos. Torpes y distraídos los otros que no alcanzamos siempre nos vencen.

David Galán Parro

18 de mayo de 2023

Los atributos de la Luna

La Luna tiene varias formas. Veo el hecho y pienso: «Varias formas. Ser multiforme, la Luna.»

La Luna tiene luz propia. Veo el hecho y vuelvo a pensar: «Luz propia. Ser luminoso, la Luna.»

La Luna tiene compañía en las pequeñas estrellas. Veo el hecho y también pienso: «Compañía en las estrellas. Ser acompañado, la Luna.»

Eso es lo que ve, piensa y atribuye el niño que habita aún dentro de mi a su vieja amiga de viaje: multiforme, luminosa y acompañada.

Bello mundo de los objetos sensibles, de las apariencias, de la práctica perceptiva que nos engaña y que nos da otro rico mundo de representaciones internas ¡A él no quiero renunciar!

Luna aparentemente multiforme gracias a la sombra que le da la Tierra.

Luna aparentemente luminosa gracias a la luz que le presta el Sol.

Luna aparentemente acompañada gracias a la luz viajera de las estrellas que se allega a través del espacio para no dejarla en soledad.

Y por eso, quitando el velo de las apariencias, quedas tristemente desnuda, Luna, por el gris concepto que persigue tu esencia y los atributos de tu esencia: Luna uniforme, oscura y solitaria.

¡Amor mío, quiéreme entonces como la Luna que habita en el niño que todavía habita en mi!

David Galán Parro

21 de marzo

¡Cómo duele la lluvia cuando no llegas!

¡Cómo duele la lluvia cuando no llegas!

Duele su sonido sobre las cosas 

y el olor que nos allega de ellas; 

duele su beso helado

su milenaria condición 

de elemento salvaje y cósmico;

Trae la lluvia cíclicamente 

esta inevitable sensación de abandono;

esta muerte prematura de mi esperanza, 

acompañándome y repitiéndose, 

a través de mi vieja carne revivida…

vieja y revivida como la lluvia.

David Galán Parro

7 de diciembre de 2015

Tengo impresiones débiles

Debo ajustar mi visión de mi mismo a cómo realmente soy, siempre que me percate de ello. Aceptar lo que soy y ponerle nombre a todo según su contenido de verdad.

Tras la última clase de Filosofía, su director, Francisco Umpiérrez, me pide en un mensaje: «De las cosas que leemos o vivimos podemos decir si nos ha llegado al fondo de nuestro ser o nuestra alma, o si, por el contrario, todo ha quedado en la superficie» y luego me pide que exprese con total sinceridad, sin caer en la complacencia con él, cuántas cosas o aspectos de esa reunión me han llegado al fondo del alma, bien porque me hayan impresionado o bien porque me han tocado la sensibilidad.

Francisco habla de fondo y superficie del alma. Quiero ajustarme a lo que me pide pero compruebo que en mí la relación entre superficie y fondo tiene una característica de la que nunca antes me había percatado: Todo lo que llega a la superficie, todo lo que se imprime en ella, se produce de forma débil. Todo lo que llega no me impresiona, no me convulsiona, apenas me mueve a actuar en uno u otro sentido, no se queda de forma inmediata como contenido en el que pensar de manera recurrente. Me llega a la superficie y lo aparto con prontitud. Pero que yo lo aparte no quiere decir que no quede en mi. En la superficie están y ahí flotan como viejos navíos endebles a la espera de zozobrar. Y en efecto lo hacen: se sumen lentamente, sin urgencia, dejando un rastro enriquecedor en mi, para finalmente ir sedimentando ese fondo turbio que yo pensaba era esquivo a la impronta de mis débiles impresiones.

He aprendido algo de mi naturaleza psicosocial que me libera (no debo desesperar): Soy un hombre de impresiones débiles y sin embargo, estas impresiones que tocan primero la superficie van al fondo con el paso del tiempo y terminan formando parte de un vago interior espiritual.

David Galán Parro

30 de abril de 2023