
¡Quien pudiera volver a ese delicioso reino
que nos salva del peso del ayer y del mañana!
Sus contornos invisibles son inexpugnables murallas
para la incertidumbre y el miedo siempre vigilantes.
A ustedes os veo, cándidos emisarios
que hoy me traéis noticias de aquel reino,
para nosotros, pretérito,
obrando movidos por la perentoria necesidad
de copiar nuestras luchas y querencias
sin ser arrastrados al definitivo abismo
del reino que copiais y en el que os esperamos.
En el patio del colegio estáis:
el viento os acuna;
los árboles se postran felices
para daros sombra;
las flores risueñas os miran hermanadas.
¡Larga vida al reino que proclamais incontestable
en la inmensidad jubilosa de vuestra media hora!
¡Ah, emisarios ligeros que no paráis quietos!
¿Por qué será que en la contemplación serena de ustedes
encontramos siempre una lenta despedida de nosotros mismos?
David Galán Parro
27 de febrero de 2026