En la sala vacía,
se rodea de espejos.
En ellos, aparece
multiplicado.
En su alma, el regocijo
inconfeso y mezquino
de creerse salvado
del solo polvo.
Guardarán los espejos
durante años su imagen
procurando leales
hacerle eterno.
Aunque sean sus formas
y tamaños diversos,
no dejan de ser eso:
espejos de otro.
En la sala vacía,
por falta de otras cosas
ciegas, él solo mira
tristes espejos.
David Galán Parro
20 de octubre de 2025