Soy el recolector de señales…
Estamos dentro de una churrería mi novia y yo. Un mendigo toma una de las mesa exteriores. El camarero al rato va hacia él y le sirve una taza de chocolate y unos churros. El hombre empieza a comer con ansia a la vez que agradece al camarero. Este se vuelve y le dice: «No soy yo quien invita» El mendigo con un churro aún en la boca pregunta por el benefactor. «Era una señora. Acaba de irse» contesta el camarero.
Salimos de la churrería y enfilamos por una calle concurrida. Nos adelantan por la izquierda dos mujeres. Se vuelven y nos señalan al suelo. Hay un billete plegado sobre el adoquín. Lo cojo y ellas siguen su camino. Las mujeres son musulmanas.
Entramos en un supermercado. En la fila de cobro, un hombre enteramente tatuado me señala a una chica impedida de un brazo que cojea detrás de mí. Me insta con un leve gesto de cabeza y doy paso a la chica. Cuando el hombre y yo trasponemos la puerta de salida, nos agradecemos mutuamente el gesto.
Todo esto sucede a mi alrededor en menos de una hora.
Hoy por la mañana, las multitudes inundarán la calle para que paren las bombas israelís sobre Gaza.
Escasos días antes, por la misma causa, una huelga detuvo Italia; y unas protestas de jóvenes por una educación y una sanidad pública de calidad frente al gasto por el mundial de fútbol, inundaron Marruecos.
¡Cuántos actos sencillos y complejos, individuales y colectivos, nos regalan las personas sin contrapartidas!
¡Cuántas señales de la belleza que en nosotros se encierra!
No pido mucho: que la vida no me ciegue nunca a ellas.
David Galán Parro
4 de octubre de 2025