Leo a Ernest Hemingway y lo encuentro —utilizando adjetivos que lo definan estilísticamente— duro, seco, lacónico, sencillo, desnudo, realista,… Son adjetivos con los que me quiero acercar a las impresiones que me ofrece, pero esto no basta. He oído decir de su manera de narrar que muestra sin explicar. No es desacertado enunciarlo así, pero creo, que esta apreciación es parcial, pobre, simple.
Un autor es, a mi juicio, fundamentalmente lo que nos cuenta acerca del mundo subjetivo que late bajo una historia y no tanto el cómo lo cuenta. Entre mis particulares limitaciones como escritor están la falta de contenido subjetivo universal que transmitir y la dificultad de representar de forma concreta esta subjetividad por medio de los personajes y sus acciones, por medio de la historia que cuento. Esto me lleva muchas veces a ser formalmente preciosista. Y sí, disfruto y aprendo mientras escribo, pero no dejo de reconocer que soy formal. Otras veces, por tener algo más de ese contenido subjetivo, puedo ir más directo al tema y sub-temas, al argumento y a la historia.
Me sirvo de dos apreciaciones que enuncia Francisco Umpierrez Sánchez en su artículo ¿Cuándo haces narraciones debes mirar a tu mundo exterior o a tu mundo interior?, para establecer dos virtudes claras en lo que leo de Hemingway. La primera es «(…) nosotros queremos personajes que nos hagan sentir, padecer, sufrir. Queremos vivir tensiones y desasosiegos. Queremos acciones, pero acciones cargadas de subjetividad»; la segunda, «El nexo entre la vida exterior y la vida interior son las acciones y no los pensamientos. Si el narrador se centra, ya sea en su experiencia propia o en la ajena, en las acciones, su lenguaje literario nunca se presentará como una abstracción del lenguaje corriente y la realidad se impondrá en las representaciones del lector.»
Hemingway nos da principalmente las acciones como nexos entre la vida exterior e interior de sus personajes. Y así los personajes de los cuentos que he leído, hombres vinculados siempre a una actividad práctica —la caza, la pesca, la guerra, la tala, la navegación, la asistencia médica a un parto,…— actúan siempre. Sus acciones están cargadas de subjetividad —amor, odio, resentimiento, incertidumbre, traición, valentía, cobardía, esperanza, ilusión, culpabilidad,…—; y esta subjetividad Hemingway nos la deja entrever a través de una representación estilísticamente dura y sencilla del mundo objetivo y de las acciones de los personajes. Hemingway parece decirnos: vean lo que hacen y lo que dicen y deduzcan lo que sienten y piensan.
Por último decir que Hemingway se centra en la experiencia propia. La caza, la pesca, el alcoholismo, las relaciones de pareja, la muerte, tuvo que conocerlos de primera mano. Hay detalles en sus narraciones que sólo un hombre que ha vivido de cerca y de manera práctica en esos mundos puede darnos. Con esto consigue que «su lenguaje literario no se presente como una abstracción del lenguaje corriente» y que «la realidad que ha vivido se nos imponga claramente en nuestras representaciones internas.»
Y Hemingway, en estos cuentos, tiene un contenido subjetivo universal que transmitir y lo hace a su modo duro y sencillo.
David Galán Parro
15 de agosto de 2025