Dice Hegel refiriéndose a los antiguos griegos: «Es cierto que tomaron los rudimentos esenciales de su religión, de su cultura, de su convivencia social, en mayor o menor medida, de Asia, de Siria, y de Egipto; pero supieron anular de tal modo lo que de extraño había en estos orígenes, lo transformaron, elaboraron e invirtieron, haciendo de ello, algo distinto a lo que era, de tal modo, que lo que nosotros, al igual que ellos mismos, apreciamos, reconocemos y amamos en eso es, esencialmente, lo suyo propio»
¿Han leído bien? Pues, escuchen lo que me digo…
«Entrégale al otro y no esperes de él hacia ti. Hazlo, y contempla con dicha cómo vuela libre lejos de ti, con lo que le das, hacia regiones y horizontes que le son más afines y amados. No temas: si así haces siempre estará a tu lado: cerca y lejos son cosas iguales para los que viven entregados y a la vez, liberados.
Entrégale al otro y no esperes de él hacia ti, te repito. Sé una influencia más en él y acepta que estás muy parcialmente en él. Tu espera no debe ser otra sino la de querer ver en él que lo extraño recibido de ti, sea la materia y el impulso de su libre viaje. No te importe hacia dónde vaya. No te importe ser anulado en su interior cuando transforme, elabore e invierta tu aporte originario. Aprecia, reconoce y ama lo que con lo recibido de ti, ha hecho para sí; lo que ha hecho suyo propio. A fin de cuentas, tú amas la libertad que existe en ti y necesariamente por eso, la que existe en cada uno.
Haz lo que te digo, primero, ahí donde están los que te conciernen, aquellos que habitan en tu mundo más inmediato, no en otra parte antes.
Hazlo, si quieres algún día alcanzar un pedazo real de amor hacia la Humanidad…»
David Galán Parro
11 de agosto de 2025