
Sepultos en algún lugar del mundo,
hoy son polvo y sombras de eternos nombres.
El destino deparó a aquellos hombres
un cierto arquetipo meditabundo.
Lo inmediato natural es primero
donde buscan el quid de toda cosa:
Tales se aviene a la sustancia acuosa
Anaxímenes, al aire viajero.
Después, un algo sensible e ideal,
un signo que cifra lo repetido,
Pitágoras lo da por escondido
rigiendo lo diverso material.
Luego llega el pleno desprendimiento
de lo que se ofrece a nuestros sentidos:
Parménides y Zenón son queridos
por dar sólo al pensar el movimiento.
Pero otro sabio niega esto en un río
y dice: «Siempre al cambio está sujeto
todo, pues nada permanece quieto.
Tal es el caudal al que me confío»
Los átomos simples, quedos, compactos,
Demócrito ahora los conjetura,
no los ve, ni palpa, pero asegura
que se encuentran en todo objeto, intactos.
Es cierre final de la trayectoria,
el pensar motor que se hace así mismo,
Anaxágoras da este dinamismo
para esplendor de nuestra humana historia.
David Galán Parro
30 de junio de 2025