
Tales fue uno de los primeros hombres que intentó descubrir cuál era la causa de por qué existía todo en el mundo.
No se sabe si nació en la ciudad jónica de Mileto o si fue allí con sus padres cuando era niño. Mileto en aquella época era una ciudad que tenía tres puertos y estaba llena de mercados y comercios en los que se vendía y se compraba todo tipo de cosas traídas de países lejanos. Tales se crío allí, viendo y aprendiendo.
Cuando Tales se hizo adulto, el rey de Lidia, Creso, lo contrató como estadista para la guerra contra Ciro, un rey persa. Los soldados dirigidos por Creso fueron desde la costa hacia el interior del territorio y tenían que cruzar el río Halis si querían atacar al ejército dirigido por Ciro. Pero el río Halis tenía mucha agua y no podía cruzarse. Entonces Tales consiguió desviarlo haciendo otro cauce que pasaba por detrás del campamento militar y que ayudaba a que el agua fluyera por el cauce principal con menos caudal y fuerza. De este modo, los soldados de Creso pudieron atravesarlo.
A pesar de que Creso y los suyos consiguieron esto, Ciro y los persas los derrotaron al otro lado del río. Entonces Tales huyó a Mileto y habló con las autoridades de la ciudad para que Mileto no luchara contra los persas. De este modo Tales evitó que Mileto fuera destruida por el enemigo.
Cansado ya de tantos problemas, Tales se retiró a la tranquilidad de su casa y reanudó sus estudios. A partir de ahí, empezó a investigar cuál podía ser la cosa del mundo que explicaba porqué existía todo. Primero se fijó que el agua hacía que todo tuviera vida. La daba a las plantas, a los animales y a los seres humanos. Luego se fijó que en los partos los bebés salían del vientre materno mojados y que las semillas de las plantas tenían una naturaleza húmeda. Luego se enteró que los egipcios y los babilonios creían que la tierra flotaba sobre el mar igual que una balsa. Todo esto le llevó a pensar que el agua era la causa de todas las cosas y aunque hoy sabemos que esto no es realmente así, en aquella época pensar esto era un gran adelanto para la humanidad.
Otra cosa que estudiaba Tales era astronomía, la ciencia de las estrellas y los planetas. Afirmó que la luna era siete veces más pequeña que el sol y que su luz no era realmente suya sino que era el reflejo de la luz del sol. Luego dividió el año en trescientos sesenta y cinco días y cuatro estaciones y predijo los eclipses de sol. Uno de los que predijo sucedió en mitad de una batalla y los ejércitos que peleaban hicieron las paces en cuanto vieron que el día se convertía en noche en cuestión de pocos minutos.
Como era muy despistado las personas que lo conocían, aunque lo apreciaban por su sabiduría, se reían de él: una noche salió a pasear por el campo acompañado de una anciana esclava suya. Tales caminaba mirando al cielo oscuro fascinado por las estrellas que tanto le gustaban y por ir así, no vio un hoyo que tenía delante. Al caer en él, oyó que su esclava le decía riendo: «Tanto interés por las cosas del cielo hace que no te enteres de las que tienes delante en la tierra ¿cómo vas a aprender y enseñar de las de arriba si no ves las de abajo?» Esta anécdota fue la que le dio su fama de sabio despistado, desde aquella época hasta nuestros días.
Tales murió con noventa y ocho años. Estaba en la grada de un estadio viendo un espectáculo de lucha griega un día de verano cuando una ola de aire caliente de repente lo asfixió. Como el estadio estaba lleno de gente atenta a la competición y alborotada, nadie se dio cuenta de lo que le pasaba y no pudieron auxiliarlo a tiempo.
David Galán Parro
24 de junio de 2025