Mañana será el último día de curso con mis alumnos y alumnas de ocho y nueve años.
Dos días antes me viene una alumna y me dice: «David, hice un poema. Me está gustando cómo me quedó» Le pido si me deja verlo y me dice que pronto me lo traerá. Y hoy me lo ha traído. Me lo lee. Termina y me deja perplejo…
Mi alumna, a la que tengo desde hace casi tres años, siempre manifestó un carácter retraído, ensimismado y delicado. Había días que prefería la soledad en el patio y no jugaba con los demás. Me desconcertaba cuando sucedía esto, porque no sabía cómo arrancarla de lo que yo en ese momento consideraba perjudicial para ella (o quizá no sintiera yo desconcierto, sino esa impotencia que nos vuelve hostiles a lo diferente o inexplicable). Mi alumna acusaba la firme determinación de vivir en un espacio que durante días se creaba para sí misma, una determinación que se me antojaba desprecio hacia el prójimo. Pero aquello no podía ser desprecio pues ella no era soberbia en absoluto. Entonces fui poco a poco, sospechando que su talante obedecía a que algo diferente y natural se incubaba en ese elegido retiro y que, como a las demás personas, a mí también me era vedado. Me resigné a esperar por ella y en la espera empecé a representármela como una pequeña criatura de la naturaleza que no viene a nuestro encuentro por iniciativa propia cuando queremos darle alimento en un bosque, sino que emerge de su escondite cuando, acabada la violenta jornada de depredación de los demás animales, la noche, el silencio y la paz le dan sosiego y confianza para tomar lo que le llevamos; y no precisamente cuando nuestra voluntad lo elige, sino cuando ella lo decide. Y es entonces cuando tenemos la dicha de su presencia frente a nosotros…
Hoy tuve esa dicha con mi alumna.
Aquí les comparto toda la fuerza y la luz de su hermosa salida…
Luna y mar
Luna, me haces llorar,
Mar, me haces cantar.
No tenéis luz propia
pero para mí
brillais más que el sol
que recorre por la Tierra.
Luna,
no solo eres el elemento de la noche
sino también
el elemento de mi corazón
Mar,
recorres por alrededor de los volcanes
tiemblas cuando están en erupción
y te quedas muy quieto cuando explotan
pero tú no tienes la culpa
de que exploten
porque tú solo nos proteges
de lo que nos pueda pasar.
Ágora (8 años)
18 de junio de 2025