Abismo

No te vayas de mi lado, amor,

Nunca

Volverán los monstruos 

y no sé si podré conjurarlos

solo, 

suspendido, 

sobre la vida que socavaron, 

sobre al abismo que dejaron.

A veces me despierto sobresaltado

y te llamo como un niño 

que ha regresado a una casa desolada por la guerra

—perdóname, si aún soy eso—.

Como él, temo 

que me sean sordos los tabiques

y que no responda tu cálida voz tras ellos.

La pesadilla me acecha desde la sima

con sus fauces de dios aniquilador de todas las cosas,

con sus monstruos que miran de soslayo.

Y es tan horrible este vértigo,

aquí suspendido sobre el abismo,

que solo saber que no estás,

vuelve la abjuración que es

verte con ojos de trasmundo, 

en un consuelo.

David Galán Parro

16 de abril de 2025

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