Sin asideros ni etiquetas

Quiero caer, quiero caer…

Probar el misterio de tantear la vida,

como el niño que aún a gatas,

chupetea por doquier y balbucea,

sin que nadie lo sustraiga de su necesario dolor.

No quiero asideros, no quiero…

Cuando los tuve entonces

no supe que debía rechazarlos

¿A qué me aferraba y de qué me soltaba?

¿Valió la pena no admitir otra cosa 

que no fueran esos asideros prestados 

con soterrada deuda?

(Pocos dan por nada,

Pocos alcanzan esa proeza.

Y yo además recelo de la abnegación 

que se pretende absoluta.)

No quiero sobre mí etiquetas, no quiero…

Son como fuertes clavos a una cruz 

y de tanto que las sufrí

enmudeció mi dolor

y de estar crucificado

se corrompieron estas no usadas alas

de mi primer nacimiento;

de manera que durante un triste tiempo,

por no caer y por no volar,

por asidero y por etiqueta,

me cegaron la clara y amplia mirada

y me negaron el placer 

del inesperado y genuino

estallido de mi corazón.

David Galán Parro

6 de marzo de 2025

Deja un comentario