
a Francisco Umpiérrez Sánchez
Un hidalgo en su casa solariega,
perdida en el desnudo erial manchego,
trocará tierra en libros como juego
del destino sobre su mente ciega.
Ahora, se place en arduas batallas
vivificadas en página impresa;
ahora esboza su sueño, su empresa
de dar muerte a multiformes canallas.
Aún pues, no ha de ser él plenamente,
pues dos caras hacen real al hombre:
una mundana y otra que nos da el nombre
y que es sueño que sueña nuestra mente.
Que nadie se engañe o sea insincero:
en todo hidalgo aguarda el caballero.
David Galán Parro
3 de febrero de 2025