Soneto VIII: Rendición frente al mar

Adentrarme en el mar, solo y desnudo,

desafiando vulnerable su vasta

región; abandonarme a ella como hasta

la hora fatal, que a todos niega y pudo.

Lleva el mar un cierto destino aciago,

un azar triste, un encuentro, un consuelo;

noches de luna pródiga y desvelo:

tal llevo así en el pecho a este hombre vago.

El mar nos recuerda quizás por eso

que cualquier amor es un espejismo

que nada escapa al abandono mismo

de lo que no retuvo un primer beso.

Me he rendido a contemplar su oleaje.

Él sabe que es insensato este viaje.

David Galán Parro

20 de enero de 2025

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