
Adentrarme en el mar, solo y desnudo,
desafiando vulnerable su vasta
región; abandonarme a ella como hasta
la hora fatal, que a todos niega y pudo.
Lleva el mar un cierto destino aciago,
un azar triste, un encuentro, un consuelo;
noches de luna pródiga y desvelo:
tal llevo así en el pecho a este hombre vago.
El mar nos recuerda quizás por eso
que cualquier amor es un espejismo
que nada escapa al abandono mismo
de lo que no retuvo un primer beso.
Me he rendido a contemplar su oleaje.
Él sabe que es insensato este viaje.
David Galán Parro
20 de enero de 2025