El odio mutuo

Se enamoró y buscó por medio de ella sanar sus llagas. Ella le correspondió haciendo lo propio en espejo leal. Así, se creyeron mutuamente salvados.

A esto lo bautizaron como plena sinceridad mutua.

Durante años, estuvieron contemplándose, viéndose mutuamente tiernos en esa desnudez herida y vulnerable que les procuraba mutua indulgencia.

A esto lo bautizaron como espera y perdón mutuos.

Muy lejos ya de la pasión primera, otros amores les develaron la derrota mutuamente fraguada y la promesa vergonzante que se hicieron por miedo a la inminente soledad de la carne: la de darse hasta el fin mutua salvación, espera y perdón mutuos.

Por ello, llegados hasta aquí, el último vástago recién bautizado los mira, silencioso y sombrío: el odio mutuo: el odio que en verdad se profesan a sí mismos, juzgándose sin piedad, cobarde y mezquino para con el otro.

David Galán Parro

26 de noviembre de 2024

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