Se enamoró y buscó por medio de ella sanar sus llagas. Ella le correspondió haciendo lo propio en espejo leal. Así, se creyeron mutuamente salvados.
A esto lo bautizaron como plena sinceridad mutua.
Durante años, estuvieron contemplándose, viéndose mutuamente tiernos en esa desnudez herida y vulnerable que les procuraba mutua indulgencia.
A esto lo bautizaron como espera y perdón mutuos.
Muy lejos ya de la pasión primera, otros amores les develaron la derrota mutuamente fraguada y la promesa vergonzante que se hicieron por miedo a la inminente soledad de la carne: la de darse hasta el fin mutua salvación, espera y perdón mutuos.
Por ello, llegados hasta aquí, el último vástago recién bautizado los mira, silencioso y sombrío: el odio mutuo: el odio que en verdad se profesan a sí mismos, juzgándose sin piedad, cobarde y mezquino para con el otro.
David Galán Parro
26 de noviembre de 2024
Muy bueno 👌
Gracias Don David 🤜🤛
Me gustaMe gusta
Muchas gracias ti, Antonio siempre por tu interés ¡Un fuerte saludo!
Me gustaLe gusta a 1 persona
Me encantó 🙂
Me gustaMe gusta
¡Muchas gracias, Alejandra!
Me gustaMe gusta