Mi opinión sobre David Foster Wallace (2)

Sigo leyendo la novela de David Foster Wallace “Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer” y aunque en el Taller de Literatura al que asisto nos han pedido la lectura completa de tal novela, no llegaré ni a la mitad de la misma, quizás dada mi tendencia a tomar notas que me ralentizan el proceso de lectura.

Quizás —he dicho— dada mi tendencia… porque del lado del autor hay algo de base que me impide avanzar con fluidez. Algo que quiero llamar falta de contenido esencial.

El contenido esencial de una obra que expresa una historia —pienso en literatura y en el cine—, debe ser a mi juicio, el mundo subjetivo universal, esto es, el mundo interior a la conciencia del hombre trascendiendo casi cualquier época y lugar.

No hay historia con finalidad artística que no deba ser contada apuntando sólo al mundo subjetivo universal. No hacerlo es caer en el documentalismo, en el ensayo, en la monografía.

Ese mundo interior a la conciencia no puede estar formado por otra cosa que no sean los sentimientos, las creencias, los pensamientos y los valores en estado de conflicto dentro de los agentes activos de la historia contada, los llamados personajes. En la medida en que la obra no expresa la parte que trata de ese mundo, esto es, el tema, y no lo expresa con claridad suficiente a través de sus particulares medios artísticos, la obra se empobrece y se vacía. Y la propia elección del tema también es decisivo para el alcance de la obra: por ejemplo, no es lo mismo tratar el tema de los celos en pareja que la muerte de un ser querido o el acercamiento de la muerte propia.

Establecidas para mí estas premisas, no puedo sino señalar en la obra de D. F. Wallace la poca presencia del mundo interior a la conciencia y sus conflictos y la falta de claridad en la expresión de éste mundo por medio de la representación literaria.

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Para ejemplificar esto que digo quiero centrarme en el estudio del capítulo 7, concretamente sobre lo que ahora llamaré inadecuadamente Tema.

En este capítulo el protagonista acaba de embarcar en un crucero que durará siete días y a mi parecer, debemos distinguir un discurso principal y un discurso secundario en el discurso total del capítulo.

El discurso principal aborda el Tema —repito, si así lo podemos llamar— de “la marejada” y lo desarrolla mediante dos líneas de subtemas: línea 1) La marejada y el mal tiempo / La marejada y el mareo / el mareo y los hipocondriacos / el mareo en general / el mareo en el narrador / El mareo y los parches para el mareo que usan los pasajeros del crucero / El mareo y el aspecto físico del mareado determinado por los síntomas del mareo / El mareo como tema de conversación entre pasajeros; y línea 2) La marejada y el movimiento del barco / los movimientos del barco: “dar cabezadas” y “bambolearse” y sus respectivos efectos negativos / el movimiento del barco y su efecto positivo: el descanso.

Esto es el esqueleto temático del discurso principal del capítulo, girando en torno a un objeto del mundo exterior «la marejada» y no a un objeto del mundo interior consciente del ser humano. No hay sentimientos, creencias, pensamientos, valores, confrontados, puestos en lucha. No hay movimiento de fondo. No está el contenido esencial propio de la Literatura. Todo lo que cuenta aparece tocado por el gélido despliegue formal del narrador con sus sorpresivas ocurrencias desde una originalidad que consiste en el destellar aislado de una excentricidad personal particular puesta al servicio del humor inteligente que no trasciende ni alivia de nada al que busca en la literatura algo de verdad sobre la condición humana.

El discurso secundario del capítulo 7 se despliega en una extensa nota (la nota número 32) en la que el narrador describe la relación que mantiene con otros pasajeros del crucero con los que compartirá mesa durante los siete días. Ni siquiera en este despliegue discursivo, carente prácticamente de historia —y por eso, sin ella, de narración— encontramos un Tema.

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Para acabar confesaré algo personal que sentí con lo leído: Foster Wallace me agota, me vacía, me exaspera y me duele a la manera de la persona que queremos sin saber por qué; o que sabiéndolo la queremos porque intuimos en ella a alguien que se acerca a nuestra emoción por otras vías; a alguien que sin poder evitar ser quien es, se cuela para regalarnos también muy buenos momentos.

25 de noviembre de 2024

David Galán Parro

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