Mi opinión sobre David Foster Wallace (1)

Tal vez yo no sea una persona comprometida socialmente. Mucho me queda para serlo. Mucha observación y reflexión sobre la vida y el mundo. Pero lo que no haré nunca es escribir con la visión de David Foster Wallace.

Estoy leyendo la novela «Algo supuestamente divertido que nunca volveré hacer» y no la acabaré. No me interesa, aunque me he prometido sin embargo algún día abordar los relatos de su autor. No me cierro a ello, quizás con la esperanza de que me resarza de esta frívola novela. Y muchos son los rasgos, que en mi opinión, la hacen insoportablemente tal; rasgos determinados por la visión del mundo y de la vida que tiene Foster Wallace; visión que me parece superficial, pesimista y reaccionaria.

En primer lugar, para Foster Wallace el mundo objetivo sensible y el subjetivo y la relación de ambos nos lo presenta negativamente. El mundo objetivo sensible lo vuelve frío, feo, oscuro, excesivo, protuberante, histriónico, enfermo. El mundo subjetivo lo vuelve vacuo, materialista, hedonista, opresor, carcelario, autocomplaciente, decadente. El mundo objetivo sensible lo presenta como fachada procaz y reflejo de un mundo subjetivo vacío. El autor parece sentirse por encima de esta aberrante verdad por el mero hecho de hacernos saber que es consciente de la misma. Parece sentirse salvado moralmente por constatarla. Se extraña del mundo y lo juzga desde fuera. Pero se equivoca: nadie está más dentro de él que quien lo contempla conscientemente y juzga sus limitaciones como verdaderas aberraciones morales sin ofrecer nada a cambio.

En segundo lugar, no hay profundización en sus personajes. Su novela parece destinada a ser una catalogación genérica de grupos humanos tratados como rebaño usando burdas etiquetas en donde no hay distinción. Así nos concreta los personajes colectivos. Si algún personaje individual aflora de entre esa masa social petrificada, no hará nada por presentárnoslo con una mínima explicación psicológica de fondo que no sea su propia concepción negativa de la condición humana. Todo es despersonalizado en beneficio de su visión superficial.

Foster Wallace confunde su representación del mundo con el mundo mismo y no se da cuenta de que al final él mismo contribuye a la barbarie con lo que escribe ¿Hace humor Foster Wallace? Yo diría que no. Simplemente oscurece y vulgariza el mundo y nos quiere hacer creer con ello, que se encuentra más cerca de la verdad, cuando lo que hace es humor sin un fin liberador. Por eso su posición es, bajo mi punto de vista, no liberadora: el humor para devastar más aún la vida devastada. Humor para encerrarnos. Humor ocurrente que no ofrece alternativa, que no alivia. Y por eso quizás él mismo, como escritor, se ha deshumanizado y malogrado.

Ahora hablaré de mí. Como creador de relatos cómicos, he perseguido con el humor un objetivo liberador. También aliviar el dolor que producen ciertas contradicciones del mundo consciente universal a veces insalvables. Tengo necesidad —por ciertas experiencias personales que no vienen al caso— de observar en el mundo las limitaciones humanas y reflejarlas en personajes incorregibles e imperdonables a los que finalmente el tratamiento humorístico redime. Con el humor los exculpo de sí mismos por lo que son, sienten, creen y hacen. Y por supuesto lo hago siendo fiel a mis valores de cada momento. He encontrado en el humor, esperanza y comprensión; un relativismo moral que necesito y me libera.

Pero en David Foster Wallace, el humor pierde su finalidad liberadora. Entonces ¿para qué escribe este autor desde lo humorístico? ¿para qué nos encarcela con su humor oscuro? ¿para qué nos hace partícipes de su negativa visión del mundo que de nada sirve? ¿Cómo pretende superar esa devastación que percibe? Si su escritura ha perdido su objetivo liberador ¿a cuenta de qué escribe? ¿Para hacernos reír mientras contemplamos un mundo sin alternativa, sin solución?

Encuentro suficientes estas razones para que Foster Wallace me parezca un escritor con una visión superficial, pesimista y reaccionaria del mundo.

David Galán Parro

24 de noviembre de 2024

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