
¡No te vayas de mí, amor!
¡Sé una puerta abierta siempre,
un horizonte preñado
de una infinita suma de cosas
que me desgarren el pecho
y me desangren!
El hombre nuevo que espero ser
será hijo de esa sangre
que sólo tú conoces.
Nací con el espanto al rumbo incierto
pero también al camino
ya delante, tendido, rendido, petrificado
¿Cómo se aúnan ambos terrores contrarios?
¿Cómo sobrevivir a la cuerda
que tensan y me ahoga?
¡No te vayas de mí, amor!
Y si algún día así haces
que sea al menos
porque quisiste dar paso
a la fuerza que aún preciso
para aliviar la cuerda.
David Galán Parro
15 de noviembre de 2024