
He de confesarlo: temo perderte;
temo que me descubras frío y oscuro
que me devuelvas al páramo duro
de la soledad, lo incierto y lo inerte.
Al principio yo era duda indolente
y viste en esa indolencia, desprecio;
tuve miedo, no amarte era ser necio
¿Quién sino tú vendría mágicamente?
Ahora, el tiempo dicta una sentencia
de que sea yo quién no te halle mía,
que el heraldo de mi muerte, tu ausencia,
anuncie atroz el terror cada día.
Por eso, haz mi dicha con tu amor cierto
y dejaré atrás el camino muerto.
David Galán Parro
12 de octubre de 2024