Soneto VIII: Confesión

He de confesarlo: temo perderte;

temo que me descubras frío y oscuro

que me devuelvas al páramo duro

de la soledad, lo incierto y lo inerte.

Al principio yo era duda indolente

y viste en esa indolencia, desprecio;

tuve miedo, no amarte era ser necio

¿Quién sino tú vendría mágicamente?

Ahora, el tiempo dicta una sentencia

de que sea yo quién no te halle mía,

que el heraldo de mi muerte, tu ausencia,

anuncie atroz el terror cada día.

Por eso, haz mi dicha con tu amor cierto

y dejaré atrás el camino muerto.

David Galán Parro

12 de octubre de 2024

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