
Nada irrumpe dentro de mí y estremece
esta piedra dolorosa que es mi alma;
nada la quiebra, la ablanda o la calma
en su gris pensar que todo envilece.
Una fe me echó al difícil camino
de ejercitar el descreimiento en todo
sin saber que eso me acercaba al lodo
de un corazón frío y un ciego destino.
Ahora me espera una ingrata muerte;
una que apura esta íntima agonía
de símbolos que arrebaté a mi suerte
para encontrar la dicha en cada día.
Estudié y no viví (esta es mi certeza):
no probé la gloria, ni la bajeza.
David Galán Parro
30 de septiembre de 2024