Soneto VII

Nada irrumpe dentro de mí y estremece

esta piedra dolorosa que es mi alma;

nada la quiebra, la ablanda o la calma

en su gris pensar que todo envilece.

Una fe me echó al difícil camino

de ejercitar el descreimiento en todo

sin saber que eso me acercaba al lodo

de un corazón frío y un ciego destino.

Ahora me espera una ingrata muerte;

una que apura esta íntima agonía

de símbolos que arrebaté a mi suerte

para encontrar la dicha en cada día.

Estudié y no viví (esta es mi certeza):

no probé la gloria, ni la bajeza.

David Galán Parro

30 de septiembre de 2024

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