
Es un error sentirse menos frente a los grandes artistas y pensadores. Hay una concepción, entre algunos hombres que se creen garantes de saber, que desprecia equivocadamente el aporte que muchos pueden hacer desde su conocimiento de las cosas. El que crea no debe sentirse reo en absoluto de estas apreciaciones nocivas y castrantes para su libre vuelo creador. Esta idea liberadora es importante tenerla clara en el instante en que la necesidad creadora aflora. Y hay que tenerla en el corazón y en el pensamiento. Es una idea que le provee a uno de una gran ligereza y de un aire renovado para descubrir y descubrirse en cualquiera de esos momentos creativos.
Cada artista ocupa un lugar en el Arte, esa tarea colectiva que es de todos y de nadie. Nadie debe despreciar el sentido del aporte de los demás. Es una pérdida de tiempo entrar en estas lizas. Cómo dijera Orson Wells en una entrevista: están los que se sienten llamados a dedicarse en cuerpo y alma a su arte, (quizás los más valiosos, dice) y que consideran su arte por encima de todas las formas de lealtad con las que una persona puede sentirse unida a la vida. y están los que no sienten intensamente esa llamada. Pero la lealtad a la profesión no es la única lealtad, ni en tiempo ni energía, a la que una persona se debe en vida. Eso es decisión íntima y exclusiva de cada cual ¿Quiénes somos nosotros para juzgar esto que excede los límites de nuestro mundo moral particular? De modo que el artista no le debe una lealtad ni excelencia al Arte. Primero se la debe a sí mismo. De esta manera se zanja en el interior del artista la contradicción. Crea, si es tu deseo, pero hazlo lo mejor que puedas con el nivel que te permita tu conocimiento. Esta es tu primera lealtad artística, a la que te debes como creador. La segunda, la lealtad al Arte, ya decidirás en qué grado la asumes. Pero que nadie te dicte el cómo y el cuándo de esta decisión sólo tuya.
Bajo esta reflexión apelo a un valor, en mi opinión a veces perdido entre artistas, que es la humildad. Un artista con mirada soberbia entre sus compañeros siempre caminará incompleto, ocupe la posición que ocupe en esa construcción social que es el Arte.
A colación traigo una anécdota de juventud contada de forma vivida por el cantautor Facundo Cabral en la que se cifra un hermoso ejemplo de esta humildad recíproca. Permítanme que yo la recree.
Cabral frecuentaba con su pandilla de amigos un bar próximo a la casa de Jorge Luis Borges. Bulliciosos y osados, con sus camisas floreadas y fumando, departían sobre el poder de la canción, como género musical capaz de cambiar la sociedad. Abominaban de cierto idealismo de izquierda sin descubrir en ellos tal defecto; también, de instituciones benéficas que malograban la verdadera revolución social. A veces Borges pasaba por delante de la cristalera y ellos lo miraban con admiración. Por entonces iba con sus diferentes lazarillos: había ido perdiendo desde 1955 la vista. Ninguno de los muchachos se atrevía a salir y encararlo al menos para saludarlo. Se limitaban a decir: ¡Mirá, otra vez Borges!
Un día, el poeta entró en el bar. Le acompañaba un amigo y ambos se acodaron a la barra. Cabral bromeó entre los colegas: «Ahí me pego a ellos y les jodo una buena idea para el futuro de la Historia de la Literatura» Los muchachos rieron y luego hicieron venir aparte al camarero: «Son invitados nuestros» le susurraron. Al rato, al verse invitada, la pareja de amigos se allegó respetuosamente a la mesa de los jóvenes que en ese momento estaban en un hilo, entre la vergüenza y la dicha. Borges dijo:
— Caballeros, han sido ustedes muy gentiles, ¿A qué se dedican?
El más inconsciente soltó:
—Somos colegas suyos, Maestro.
Borges sonrió y dijo piadoso:
—¡Qué interesante! ¿Y qué escriben?
Todos sintieron sincera su pregunta.
—Canciones protesta, Maestro —dijo otro
—¡Cuánto los envidio! Porque cuando estoy enojado a mí no se me ocurre nada.
Este bellísimo cruce de humildes miradas no daba cabida a un ápice de desprecio. Cada cual sabía por dónde y para qué caminaba.
28 de septiembre de 2024
David Galán Parro