Poeta, te habla quien mal te lee,
quien a veces te encuentra indescifrable,
quien a veces pierde tu mano.
Poeta, dame la dicha de sentir el mundo
como en ti penetra, reposa y se tamiza.
Poeta, te hablo yo,
ciego a las visiones que te asaltan,
y por ello, náufrago;
No me hables de ocasos,
si nunca quemaron tus ojos.
No me hables de amor,
si su aliento te fue extraño.
No me hables de Dios,
si nunca lo precisaste.
No me hables de muerte,
si no te merodea.
No hables por viejas huellas ajenas. No te creeré.
Poeta, te habla quien ahora te necesita cierto a ti mismo,
fiel a tu sustancia viajera, incorruptible,
aunque por ello, todo lo des y todo lo pierdas:
tu renuncia es una isla
y tu desesperación, el señuelo que a tus costas nos llama.
¡Sé solo y poderoso como una madre
para que millones de manos huérfanas
te sean tendidas a través de los siglos!
De lo contrario, poeta, no resonarás
en cada momento efímero e inefable
en que, aún agarrados a la tierra,
te sentimos dentro.
David Galán Parro
22 de agosto de 2024