Reencuentro

a Carlos Martín Vega

Fuiste mi pupilo con ocho años

 y hoy alcanzas los veinticuatro.

Eres dos puntos:

uno, vívido recuerdo; otro, compacta presencia.

En medio, nada. 

Así dictó la vida que fueras para mí 

y así te reconozco.

No tengo otras referencias

en este inusitado reencuentro.

Como profesor confieso

que poco te di:

me limité a repetir caminos.

Nada de lo que te ofrecía era mío

porque ni tan siquiera 

tuve la audacia de tenerme.

Ahora es tarde.

A través de ti siento

el vértigo de un tiempo

que se precipita despiadado;

y también una cierta rendición de cuentas:

tu presencia interroga a mis años.

¿Qué has hecho hasta hoy?

¿Qué has perseguido con denuedo?

¿Qué me traes de vuelta?

¿Cuál es tu verdad?

Dame una al menos, me gritas.

Y solo soy

una tediosa indolencia

un balbuceo vanidoso,

trazos perdidos,

teselas dispersas.

Antaño me reía

de tu pueril ilusión

a rebasarme en altura;

de tu sueño febril en la Noche de Reyes;

de las alegrías que te procuraba

tu boca mellada a plazos.

Hoy,

de aquella risa primaveral, 

esta sombra de otoño;

de aquella leve despreocupación,

este grave y tardío desafío:

el de ser hasta el fin,

tu amigo.

David Galán Parro

5 de junio de 2024

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