Sobre el narrador en primera persona

Cuando he narrado en primera persona me he encontrado con un problema insoslayable. 

Narrar en tercera persona implica la ausencia de un personaje-narrador, mientras que narrar en primera persona implica la presencia de un personaje-narrador. En la tercera persona el narrador es una forma vacía de conciencia; en la primera, contiene una conciencia. Esta es una diferencia decisiva. Luego nos encontramos ante un problema: Si todo personaje debe establecer una relación de verosimilitud con el modelo o modelos de los que proviene fuera del ámbito de la ficción, esto es, debe tener unas características psicológicas verosímiles y unos comportamientos que obedezcan a la ley de causa-efecto de la realidad objetiva ¿no estará su modo de expresarse determinado por esa conciencia modelo de la realidad objetiva de la que proviene?

Comienzo a leer el relato En tierras bajas de Herta Müller y me encanta la sencillez y a la vez dureza de su prosa pero advierto que quien cuenta la historia es una niña. Inmediatamente me asalta la contradicción y avanzo con inusitada sospecha por las páginas del libro. No me cuadra el modo de expresarse del personaje atendiendo a la edad que se le prefigura ¿Está obligada la autora a hacer verosímil la manera de expresarse de su personaje en primera persona?

Algunos amigos intelectuales resolverían mi duda diciendo que el arte no debe copiar la realidad objetiva exactamente. Para copiar la realidad objetiva ya está la realidad objetiva misma ante nosotros. Eso dirían. Pero ¿No impone la realidad objetiva su ley de causa-efecto natural a la historia literaria? Y si esto es así ¿No se aplicará esta ley a todo hecho objetivo o subjetivo representado en la historia? Es verdad que siempre podemos, como creadores de historias, lanzar una piedra al vacío y hacer que quede suspendida o volando libre; o hacer que un personaje se alegre sobremanera por la muerte de su ser querido. Pero ¿No nos reclama nuestra razón una explicación a esta falta de relación entre hechos, una explicación extraliteraria, la presencia de una ley de causa-efecto natural? A veces, la resolución de una historia no es más que una explicación que ajusta la lógica de la ficción a la lógica natural de la realidad objetiva.

Pero entonces ¿por qué la escritora rehuye la resolución de esta contradicción en el modo de expresarse de la protagonista narradora del relato? ¿Qué argumento podrá esgrimir que explique este rehuir?

Yo, de momento, elijo acercar el modo de expresarse del narrador protagonista lo más posible al modo de expresarse del modelo o modelos sin menoscabo de mi estética literaria.

A fin de cuentas toda decisión (en este caso narrar en primera persona) conlleva inevitables renuncias.

David Galán Parro

2 de junio de 2024   

Deja un comentario