El náufrago

¡Náufrago! Soy Calipso, hija de Atlante, el dios que conoce todo lo que acontece en el abismo marino y que sostiene con su espalda el cielo para separarlo de la tierra sobre la que sin su empeño, se precipitaría aplastando a los hombres. Mi padre fue el precursor dadivoso que instruyó a éstos sobre el movimiento de los astros, quizá con la pretensión de que alcanzaran la modestia propia de su insignificancia o la inmodestia propia de quienes aspiran a ser también dioses.  

Vivo en esta isla azotada por las olas en el ombligo del mar. Son boscosos sus parajes y fieras las criaturas que los pueblan. Más me he acostumbrado  a este medio hostil que desearía librarse de mi presencia. La soledad ha sido durante años mi compañía, mi látigo, mi condena. Irremediablemente, durante miles de horas, se ha desatado mi lengua a parlamentarle al viento y en las próximas miles no han de sucumbir jamás mis carnes célibes: siempre te seré joven y apetecible, y si te quedas gozarás también de inmortalidad y juventud eterna.

Todos quisieran tu suerte, náufrago. Todos quisieran arribar a estas playas solitarias tras las muchas penalidades que depara la incierta navegación y descubrir en ellas el amor abnegado. Conocerás mi piel desnuda sobre los lechos arenosos que nos reclaman escondidos en las grutas que horadan esta isla perdida. Conocerás el manantial que soy con solo el albor de tus caricias.

No llores, náufrago, por esa mujer y esa patria que obstinados repiten tus labios. Pronto serán un frío recuerdo y tú, el que hoy eres, también. Yo habré de ser tu mujer, tu patria, tu mundo. No llores, te repito, no llores…

David Galán Parro

6 de mayo de 2024

A falta de hijos

A falta de hijos yo invento historias que, como ellos, abandonan el hogar. Entonces me vuelvo casa desolada empacando silencio en minutos y sabiéndome de nuevo preñado de algo que avanza en la niebla. 

Nosotros, desperdigados e imperfectos, acaso sean eso los hijos.

¿Qué ve el hombre en su lecho de muerte cuando mira el rostro del hijo? El contumaz intento de eternizarse sin la gravosa carga de su conciencia; un conato de rebeldía que confronta a la nada.

Y entonces ¿qué es escribir? Otra esperanza vana, otra ingenuidad terca.

Por eso si me preguntan: «¿Por qué escribes aún, pese al presentimiento de que nunca te leerán?» Yo responderé: «Porque me es imposible, como en un padre, conjurar el sentimiento de entrega sin contrapartida, aunque éste sea el sutil sucedáneo de un destino de carne estéril.

4 de mayo de 2024

David Galán Parro 

El insulto reaccionario

Paseo junto a un amigo y nos tropezamos con un conocido de él. Con su talante natural mi amigo inicia conversación. Apenas hace un breve comentario que trasluce su posición de hombre de izquierdas y su interlocutor, de derechas, lanza de forma desaforada un insulto hacia el actual presidente del gobierno. A la vista está que será difícil un mínimo intercambio de ideas. Mi amigo dice sin entrar en debate: «No vamos en el mismo barco» y el otro le responde: «Afortunadamente». Nos alejamos y un resabio queda en nuestro ánimo. Pasar cerca en barcos contrarios para nada implica empezar a cañonazos. 

El exabrupto es reflejo del clima de confrontación política que vivimos en el país, donde principalmente el discurso de derechas se ha extremado hasta el punto de no dar argumentos. Este discurso ya avanza y comienza a ser aceptado en la calle, esta obscenamente en boca de muchos, y se afianza sin remisión. Es la voz del pensamiento reaccionario que copa todos los ámbitos de la vida y los destempla. Es la voz quizás de un inminente fascismo. Mi amigo me dice: «Soy excesivamente conciliador, pero eso se acabó» Siento entonces que es el momento de hablar, de no callar, de no transigir con la más mínima irracionalidad, aunque tengamos que sacar nuestros más débiles argumentos. 

En una guerra con metralletas, hasta un puñal también es necesario.

3 de mayo de 2024

David Galán Parro